<!--:es-->Adiós a Galliano
Christian Dior ha despedido al diseñador británico a causa de un video que lo muestra como racista y antisemista
El niega los cargos<!--:-->

Adiós a Galliano Christian Dior ha despedido al diseñador británico a causa de un video que lo muestra como racista y antisemista El niega los cargos

La casa de moda Christian Dior ha despedido de forma fulminante al diseñador británico John Galliano por hacer declaraciones racistas y antisemitas recogidas por un vídeoaficionado. El modisto ha sido el máximo exponente y la excéntrica estrella de la firma de alta costura mundial desde 1996.
La mencionada grabación fue hecha por unos clientes del bar La Perle del barrio parisino de Les Marais, en diciembre de 2010.
En el vídeo, difundido por la página web del periódico británico The Sun y realizado por unos clientes del bar La Perle en el barrio parisino de Les Marais, a finales del pasado año, se puede ver a Galliano, ebrio, con su peculiar perilla y tocado con un sombrero, dirigiéndose en inglés a dos chicas y a un chico de una la contigua a quienes comenta: «Adoro a Hitler (…) Personas como ustedes estarían muertas. Sus madres y sus padres estarían todos jodidamente gaseados».
Pero es que la noche del pasado 24 de febrero, el modisto nacido en Gibraltar en 1960, al parecer también volvió a proferir insultos antisemitas e intentó agredir a otra pareja de clientes en el mismo local y también presuntamente ebrio.
Dior lo despidió
Según fuentes judiciales, Galliano y varios testigos han negado las acusaciones durante el careo que realizó con su denunciante en presencia de la policía.
Sea como fuere Dior lo ha despedido, alegando como causa «el comportamiento particularmente odioso» de Galliano, responsable de los desfiles de moda femenina de esta firma de alta costura francesa.
El presidente de Dior Costura, Sydney Toledano, manifestó en un comunicado que condenaba «rotundamente» las palabras del diseñador, «en completa contradicción con los valores esenciales que esta empresa siempre ha defendido».
En esta ocasión, la empresa del grupo LVMH que controla el multimillonario Bernard Arnault ha intentado evitar que se le acuse de poca capacidad de reacción, como cuando su perfumista Jean-Paul Guerlain hizo en televisión unas declaraciones racistas el pasado octubre.
La caída de Galiano
Diferentes testimonios de amigos del estilista de 50 años, recogidos por diarios como Le Monde o Libération, recogen que Galliano no es en absoluto filonazi, racista o xenófobo. De hecho, su madre es española, su padre es británico, y el modisto vive desde hace casi dos décadas en la capital de Francia.
En Libération, amigos del diseñador advierten que «desde hace unas tres semanas, John Galliano se había hundido en una espiral mórbida y altamente alcoholizada». Parece que últimamente el creativo de Dior no pisaba los talleres de costura.
Una vez que ha visto el citado vídeo, no ha sido igual la reacción de Natalie Portman, ganadora del Oscar a la Mejor actriz por la película Cisne negro, quien ha asegurado estar «profundamente conmocionada y asqueada por los comentarios de John Galliano». «A la luz de este vídeo y como una persona que se siente orgullosa de ser judía, no voy a estar asociada con el señor Galliano de ninguna manera», según la declaración escrita de la actriz, que reprodujo The New York Times.
«Espero que, por lo menos, esos terribles comentarios nos hagan reflexionar y luchar contra esos prejuicios aún existentes, que son lo contrario de todo lo que es hermoso», continuaba Portman, nacida en Israel y con un contrato de publicidad para la fragancia Miss Dior Cherie.
El trabajo del diseñador
Hasta ahora, Galliano acostumbraba a provocar sólo en las pasarelas, vestido de astronauta, de Napoleón o de dandy a la hora de saludar al final de sus desfiles, o para presentar colecciones inspiradas en la ropa de los vagabundos. Sus desfiles se asentaban en una barroca e histriónica puesta en escena.
Especial morbo tiene la muestra preparada por Dior para el día 4 de marzo en el Museo Rodin, dentro de la Semana de la Moda de París. El desfile, con o sin el nombre del diseñador en la firma, no ha sido cancelado.
Galliano nació en Gibraltar hace 50 años, hijo de un reportero reconvertido en fontanero y una madre apasionada por el mundo de la moda. Cuando tenía seis años, la familia se trasladó a Londres. En la capital inglesa, cambió el nombre de Juan Carlos por el de John.
Se graduó con matrícula de honor en 1984 en la escuela de diseño Saint Martin’s y fue elegido Diseñador Británico del Año en 1987, 1994, 1995 y 1997. En 1995, se hizo cargo de la casa Givenchy. Un año después pasaba a ocuparse de Dior, sin perder su audacia y llegando a producir doce colecciones al año.

John Galliano denies the charges

In three separate incidents—one in October, one in December, and one on Thursday night—patrons of a Parisian bar have accused John Galliano of similarly worded anti-Semitic rants, and in one case, of an anti-Asian rant, all of which were apparently unprovoked. Galliano denies the charges, but a videotape made of the second incident was circulated online yesterday. In it, Galliano tells a woman at the next table: “I love Hitler. People like you would be dead. Your mothers, your forefathers, would all be fucking gassed.”
After the video surfaced, Christian Dior fired Galliano, its creative director. In response, Giorgio Armani said he feels “sorry” for Galliano—and, in particular, sorry that he was “filmed without his permission”—and Franca Sozzani, the editor-in-chief of Italian Vogue, raised questions about the making and context of the video:
Perhaps behind this event are just some parvenus of journalistic scandal who, in our opinion, were waiting to have three minutes of video to sell to someone for a good deal more than 30 pieces of silver.
The implication that Galliano was, somehow, like Jesus, sold out at the Last Supper by Judas, may not have been a conscious anti-Semitic reference; it may have been an impolitic cliché. In any case, the controversial sentence was revised to end after “someone.” Still, the noun “parvenu” has often been used as a code word for the ambitious European Jews of the last century who challenged the old ruling classes and left their imprint in politics, business, the arts, and journalism.
The management of Christian Dior acted swiftly to dismiss Galliano after the video came to light, and Natalie Portman, who is the spokeswoman for a Dior perfume and who describes herself as “proudly Jewish,” repudiated the designer. (She may or may not have repudiated him on Oscar night by wearing a dress by Rodarte to the awards ceremony.) It is a moment for men and women of influence in the fashion world, at all levels—not only Jews and Asians—to stand with Portman.
Casual anti-Semitism and xenophobia have a long history in France, where Galliano lives and made his remarks. Between the two wars, these sentiments flourished in the salons of women who patronized the haute couture. Coco Chanel lived at the Paris Ritz with an S. S. officer during the Occupation, and worked for the Gestapo. After a period of self-imposed exile in Switzerland with her Nazi lover—a rehab stint, as it were—Chanel made a spectacular comeback and her wartime activities were forgiven.
Fashion is big business, but it is also an art, so Galliano’s story raises the old question of how one should regard the work of artists who have espoused vile or murderous views. In that sense, Galliano is in supremely talented company: not just Chanel but also Wagner, Céline, Ezra Pound, Leni Riefenstahl. In a free society, their work deserves to be judged on its merits, not on its politics (which is not to say one can leave their politics unchallenged).
That said, Galliano lives in the bubble of the high fashion world, a club restricted, almost without exception, to the comely, and the magazines that feature his work have been cleansed—if not ethnically, then aesthetically—of bodies that are not superhuman. Galliano, an anointed high priest of chic, has been accused of calling a bar patron—who, for the record, is not Jewish—a “dirty Jew face,” and, in the video, called a woman “ugly” and deplored her clothes and grooming. Their physical appearance, in other words, inspired his desire for their extermination. We should perhaps stop to consider to what degree, wittingly or not, the fashion world has the same fascination as the Nazis with eugenics.

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