AMLO y Trump: la extraña sintonía entre los gobernantes más irresponsables en la lucha contra el coronavirus

AMLO y Trump: la extraña sintonía entre los gobernantes más irresponsables en la lucha contra el coronavirus

AMLO

La revista progresista estadounidense Mother Jones publicó hace un par de semanas un intrigante titular en el que señalaba que el gobernante más irresponsable en la lucha contra el coronavirus no era Donald Trump. La afirmación no sorprendía solo porque el magnate neoyorquino es blanco frecuente de la publicación, una de las más venerables de la izquierda estadounidense, sino porque a quien apuntaba como irresponsable es uno de los adalides de la nueva izquierda latinoamericana, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador..
Cierto que el dignatario mexicano se ha ganado a pulso la distinción relativizando la gravedad de la pandemia con su extraña apelación a los amuletos y las estampitas religiosas como protecciones contra un virus altamente contagioso y actualmente incurable, por no decir con su relajado llamado a salir de casa y disfrutar de la vida desde un apacible restaurante de Oaxaca, su alusión a la “crisis transitoria” y su polémico comentario de que la pandemia le vino a México “como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación”.
“Vamos a salir adelante. Esto no va a tardar, y vamos a salir fortalecidos”, dice optimista el presidente, invocando esa conexión personal y peculiar con el pueblo de que presume. Es la misma actitud que desde el comienzo de la crisis adoptó su vecino del norte, el presidente Donald Trump, que recuerda a la del niño que se lo está pasando bomba jugando y se le recuerda que tiene que hacer la tarea de la escuela. La hace a regañadientes, rápido y mal, con la cabeza puesta en volver a los juguetes.
Para ambos, el coronavirus ha sido una odiosa interrupción que no puede ensombrecer su obra y por tanto, como si fuera un paréntesis, hay que restarle importancia para dedicarse a lo realmente fundamental. Por eso, lo primero fue minimizar el alcance del problema, castigar por alarmistas a quienes advertían del peligro y luego poner la mira en pasar página lo antes posible, que es lo que desearía hacer la Casa Blanca. ¿Quién lo puede culpar si un par de recientes encuestas señalan que la mayoría aprueba su gestión de la crisis?
Las similitudes en la respuesta de Trump y AMLO al desafío de la pandemia del COVID-19 subraya de nuevo esa extraña relación entre los dos mandatarios supuestamente tan opuestos. Puede que otros líderes internacionales se rían a su espalda en las cumbres internacionales o que su idilio con el Rocketman norcoreano vaya camino del divorcio, pero afortunadamente para el mandatario estadounidense siempre puede contar con un rostro amigo en la frontera sur.
Una afable relación que hace a más de uno rascarse la cabeza tanto en Washington como en Ciudad de México. “Un hombre que me cae bien y al que respeto”, dijo en una ocasión Trump de su vecino del sur.

La armonía que nadie esperaba

No es para menos tanto afecto. Representantes de México, Estados Unidos y Canadá firmaron a finales de año la revisión del TLC/Nafta en la capital azteca, a donde se desplazó el poderoso yerno presidencial Jared Kushner para finalizar los últimos retoques. Incluso la mayoría demócrata en el Congreso le dio visto bueno al tratado renegociado bajos las siglas USMCA (Acuerdo de Estados Unidos, México y Canadá). Un tanto que junto a la cooperación mexicana en la contención de los emigrantes en la frontera, suma puntos a la Casa Blanca de cara a la reelección. México ha pasado de ser un foco de tensiones a un socio cooperador y aquiescente.
¿Cómo pueden tener tan buena sintonía un hijo de modestos comerciantes mexicanos heredero de la vieja izquierda latinoamericana que viaja en clase turista con un magnate de bienes raíces neoyorquino nacido en cuna dorada imagen del capitalismo más descarnado que llena de mármol su casa?
Eso llevan preguntándose muchos o evitándose preguntar otros (en la izquierda mexicana) desde que AMLO asumió el cargo hace más de un año, cuando se auguraba que saltarían chispas entre personalidades en las antípodas ideológicas. Otro Bush vs. Chávez, vamos. Pero, al menos de momento, más que azufre esta relación desprende colonia.

No confrontación

Una explicación que ha dado, por ejemplo, el periodista e historiador mexicano Enrique Krauze es que AMLO padece de delirios de grandeza y arrogancia a la hora de afrontar la relación con el vecino del norte, que gira en torno al principio declarado de la no confrontación. Es decir, evitar broncas, como la que su predecesor Enrique Peña Nieto se enzarzó con Trump por sus insultos a los mexicanos y su denigrante promesa de que el país vecino pagaría por su muro.
De un panorama que prometía borrascas continuas se ha pasado a una rara calma chicha. La actual presidencia mexicana ha mantenido el silencio y apostado por la cooperación, particularmente en materia de inmigración.

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