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Autodefensas: Qué hay detrás?

Un arma de doble filo

¿Son las autodefensas una solución nacida de las bases para trazarle una línea al crimen organizado? ¿Quién controla estos grupos paramilitares? ¿Quién se encargará de que mantengan su propósito inicial? ¿Son las autodefensas un arma de doble filo?
Cuentan sus fundadores que ellos comenzaron reuniéndose en los centros comunitarios preocupados por la delincuencia y cansados de que el estado no les diera la seguridad. Unos aportaron sus viejas escopetas, otros sacaron las pistolas y los revólveres que tenían escondidos en baúles y la mayoría desenfundaron sus machetes oxidados.
Así comenzó hace 18 años, en el estado de Guerrero, una fuerza paramilitar que asumió la responsabilidad policial de sus pueblos. Sus líderes se volvieron jueces que castigaban delitos y resolvían desde conflictos familiares hasta peleas conyugales. En aquel tiempo comenzaron a llamarse Coordinadora Regional de la Autoridad Comunitaria –Crac- y por años convivieron con la autoridad legalmente constituida.
Lo que muchos no pronosticaron es que esa fuerza paramilitar, muchos años después, ante la presión de los poderosos grupos de narcotraficantes, se transformaría en lo que hoy se conoce en México como autodefensas.
En el campo, como en las poblaciones, agricultores, ganaderos, comerciantes y mineros denunciaron que estaban siendo agobiados con extorciones, secuestros y cobro de impuestos ilegales.
Sin embargo, ninguno de sus líderes quiere mencionar que en esos mismos territorios hay grandes extensiones de marihuana y amapola, con la que se produce la heroína, y que esos estados son usados para el trasiego de drogas.
En febrero de 2013, esos entusiastas policías comunitarios anunciaron la creación de los grupos de autodefensa y, desde entonces, se han multiplicado. Ahora parecen pequeños ejércitos que en vez de estar a la defensiva, viven a la ofensiva, acorralando a grupos de narcotraficantes como La Familia Michoacana y el cartel de Sinaloa, pero especialmente a Los Caballeros Templarios.
Entre ellos ha habido combates sangrientos que han dejado decenas de muertos. Incluso, hasta el año pasado, las autodefensas se enfrentaron contra fuerzas federales.
El 27 de enero pasado las autodefensas fueron legalizadas por el gobierno federal mexicano y firmaron un acuerdo para registrar a sus integrantes como guardias rurales e inscribir sus armas. Así quedaron establecidos como guardias rurales. Una figura de defensa civil contemplada en la ley mexicana…
Desde entonces han restablecido la paz en 23 de los 113 municipios del estado de Michoacán… Con su más reciente decisión, el gobierno prácticamente las avaló, permitiendo lo que muchos consideran una peligrosa coexistencia con las fuerzas federales y el ejército. El gobierno, incluso ha dejado entrever que estaría dispuesto a entrar en un proceso de regularización de las autodefensas.
El propio presidente Enrique Peña Nieto ha dicho que el estado estaría dispuesto a darles una oportunidad a quienes de forma legítima se han organizado para defenderse del crimen organizado.
Actualmente se calcula que las autodefensas de Michoacán y Guerrero tienen cerca de 20,000 hombres y el fenómeno ya se ha extendido por 11 estados, y más recientemente, en las periferias del Distrito Federal.
Muchos de los nuevos integrantes de las autodefensas eran viejos combatientes de los Caballeros Templarios y otros frentes criminales del narcotráfico que huyeron por miedo o se cansaron de sus actividades ilegales.
Algunos se preguntan de dónde proviene su armamento. Pocos saben a ciencia cierta si detrás de estos escuadrones armados se esconden carteles de la droga rivales que pudieran estar suministrando armas a las autodefensas.
Aunque ahora las autodefensas reciben el beneplácito indirecto del gobierno, los escépticos temen que estos comandos armados se salgan de control y se conviertan en peligrosas bandas criminales, igual a lo que sucedió en Colombia donde los grupos paramilitares se unieron a los carteles de la droga, con lo cual se recrudeció la violencia y proliferaron ejércitos privados con fines criminales.
La pregunta que muchos se hacen es ¿Por qué el estado tiene que recurrir a grupos paramilitares para combatir al crimen organizado?

Pueblos “liberados”

El entusiasmo es contagioso. Un convoy con hombres presumiendo sus armas de alto calibre llegan a un pueblo anunciando la “liberación” del régimen de terror dictado por el cartel de Los Caballeros Templarios.
El ánimo de la población determina la temperatura del recibimiento. En algunos casos, los residentes salen efusivamente a recibir a los hombres de las autodefensas otorgándoles el estatus de héroes, en otros, evidenciando el miedo, apenas se vislumbran algunos rostros tímidos a través de unas pocas ventanas entreabiertas.
Por años, los habitantes de Tecaltepec en Michoacán sufrieron las extorsiones y los abusos de los Templarios. El doctor José Manuel Mireles dice que fue la violación de sus mujeres la gota que derramó la copa. Él cuenta que en la calle los narcotraficantes les decían a sus pistoleros, “Tráeme a esa mujer”. Sin importar que fuera casada o una madre con hijos.
El médico cirujano dejó el bisturí y el estetoscopio y empuñó un fusil. Durante dos años, él y sus vecinos tuvieron reuniones secretas para definir una estrategia “para ver cómo nos quitábamos a esta gente de encima. Pero nunca tuvimos el valor para hacer nada, hasta ese día…”
El 24 de febrero de 2013 declararon su independencia. Los Templarios respondieron con ataques armados, que gracias a la tenacidad de los habitantes, se hicieron cada vez más esporádicos.

El ejemplo de valentía de Tecaltepec empezó a reproducirse en otros pueblos que sufrían el mismo flagelo. El doctor Mireles se convirtió en vocero y coordinador de las autodefensas en esa región.
El 4 de enero de 2014, mientras Mireles y otros líderes sobrevolaban territorio enemigo, la avioneta que los transportaba sufrió una falla mecánica y obligó al piloto a hacer un aterrizaje de emergencia. Una persona murió y otras cuatro resultaron heridas, entre ellos el doctor Mireles, quien sufrió heridas en la cabeza, se dislocó la mandíbula, además de fracturas en siete costillas y dos vértebras.
Luego de casi dos meses de ausencia, el doctor Mireles reapareció con 48 tornillos y placas en el lado derecho de la cara para la celebración del primer aniversario de la “liberación” de su pueblo.
Él reconoce que no está exento de sentir miedo. “Le tengo miedo a los cazadores solitarios. A esos sí. Un cazador solitario es aquel se te arrima en una moto y te mata.”
A pesar de la aprensión, el movimiento continúa. Una caravana de unos 300 vehículos se prepara para tomarse la población de Ario de Rosales, próxima parada de la caravana libertaria.
Uno de los uniformados describe lo que lleva consigo: “Este es un cuerno de chivo… Traigo mis cargadores para abastecerme de tiros. Traigo mi radio de comunicación para cualquier situación crítica. Esta es una pistola 38 súper.”
De acuerdo a Margarita Solano de Southern Pulse, una compañía de inteligencia en la ciudad de México, las autodefensas están en Michoacán para quedarse… “Es un ejército que todos los días se multiplica y, lejos de irse disminuyendo por el contrario, se van proliferando y se van organizando en otros lados.”

El 22 de febrero, las autodefensas entraron a liberar a Ario de Rosales y a declararlo territorio libre de los Templarios… Algunos pobladores se atrevieron a salir de sus casas para recibirlos. La toma sucedió sin necesidad de disparar un sólo tiro.
A su llegada, se encontraron con la presencia de la policía y el ejército. Inclusive tenían apoyo aéreo del gobierno federal.
Ahora más de 20 municipios de los 113 de Michoacán han sido “liberados” por los grupos de autodefensas.
En medio de la euforia por la llegada de la caravana, José Diaz, uno de los habitantes de Ario de Rosales dice que con la llegada de las autodefensas se nota una gran diferencia en su pueblo. “Yo sí me siento un poco más seguro y me siento más tranquilo.” Hay otros que prefieren ser más cautos y esperan que las autoridades les devuelvan la seguridad que perdieron a manos del crimen organizado.

Con el dedo en el gatillo

Hombres y mujeres de todas las edades y de todas las profesiones hacen parte de las autodefensas de Michoacán. Estos son cinco ejemplos de ellos.

El cura de las autodefensas

El “Padre Goyo” no tiene pelos en la lengua. El párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Apatzingán, Michoacán con la misma boca que predica el evangelio, critica al gobierno y enfrenta a los carteles de la droga.
El sacerdote católico Gregorio López ha dejado de lado su papel de mediador en una zona de conflicto para convertirse en defensor de las autodefensas.
Sus controvertidas opiniones han despertado el apoyo y admiración de muchos de sus fieles, el regaño de su obispo y un plan para asesinarlo.

El cura se ha hecho de muchos enemigos a quienes desde el púlpito ha acusado de ser integrantes de Los Caballeros Templarios y como respuesta lo han recibido con acusaciones que no han podido probar y con atentados que no han podido perpetrar.
“Oye en la reunión de hoy no salgas. En la plaza van a dar un granadazo.” Información de inteligencia, dice el Padre Goyo.
A la diócesis de Apatzingán le preocupa que la labor del Padre Goyo despierte estas reacciones del crimen organizado. “Nos ha puesto en riesgo a todos,” comenta el Padre Javier Cortés, vocero de la diócesis de Apatzingán.
El Arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda, reprendió públicamente al padre López y le pidió actuar de “manera más sensata” al tiempo que le aconsejó “fraternalmente para no ser protagonista. Necesitamos ayudarle a que se serene”.
Recientemente, estuvo por visitar California para buscar apoyo a las autodefensas entre los paisanos de este lado de la frontera. Sin embargo, la diócesis de Apatzingán “le prohibió” el viaje.
“Por pura disciplina no voy”, dijo el Padre Goyo. Comenta que lo que más lamenta es no tener la oportunidad de hacerle saber a los hermanos michoacanos en California cuál es la verdadera situación que se vive en el estado y específicamente en el municipio de Apatzingán.
Aunque, de momento, la frustrada visita a California podría ser la menos grave de sus preocupaciones. Recientemente decidió irse a Europa por algunos meses. Quiere tomar distancia, pero antes de irse había un evento importante.
El domingo 2 de marzo el pueblo Apatzingán había sido convocado a la plaza central a eso de las 5:00 p.m. para escuchar los avances en el complicado proceso por el restablecimiento de la paz en esa comunidad.
Horas antes, el Padre Goyo había recibido a los dirigentes de las autodefensas, a unos políticos y a un funcionario de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
“Por pura disciplina no voy”, dijo el Padre Goyo. Comenta que lo que más lamenta es no tener la oportunidad de hacerle saber a los hermanos michoacanos en California cuál es la verdadera situación que se vive en el estado y específicamente en el municipio de Apatzingán.
Aunque, de momento, la frustrada visita a California podría ser la menos grave de sus preocupaciones. Recientemente decidió irse a Europa por algunos meses. Quiere tomar distancia, pero antes de irse había un evento importante.
El domingo 2 de marzo el pueblo Apatzingán había sido convocado a la plaza central a eso de las 5:00 p.m. para escuchar los avances en el complicado proceso por el restablecimiento de la paz en esa comunidad.
Horas antes, el Padre Goyo había recibido a los dirigentes de las autodefensas, a unos políticos y a un funcionario de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Los costos

Sun Tzu, el gran maestro del arte de la guerra, aseguró que “quien quiera pelear debe primero calcular sus costos”. Un ejército (regular o irregular), es muy caro, y de la capacidad de financiarlo depende en gran medida el logro de sus metas, en especial si se enfrasca en una guerra prolongada.
Las autodefensas de Michoacán, en México, dicen tener 20,000 guardias civiles. Una cifra nada despreciable, que exige cuantiosos recursos para su manutención. El origen de esos recursos es fundamental para entender la naturaleza de su lucha.
Según fuentes cercanas a las autodefensas, mantener a uno de sus milicianos puede costar 26 dólares por día (15 en salario y 11 en alimentación). A eso hay que agregar el costo de las armas (pistolas y fusiles), los medios de transporte (camionetas blindadas, por lo general) y los equipos de comunicación

Si todos sus miembros fueran “profesionales” de la guerra, el pago por salarios y alimentación le costaría a las autodefensas de Michoacán una suma superior a los 15 millones de dólares al mes. Es, de lejos, el costo mayor cuando se trata de mantener un ejército de la naturaleza del michoacano.
Una camioneta blindada, según la fuente, puede costar hasta 75,000 dólares. Suponiendo que tuvieran 100 y que se deprecien en un período de cuatro años (que es lo que dice el mercado), el costo mensual sería de unos 160,000 dólares, a los que se sumarían 120,000 por concepto de gasolina (hasta 40 dólares diarios por auto en labores de vigilancia).
Si todos los milicianos están armados (lo que muchos dudan) y tienen 15,000 fusiles (con un costo promedio de 1,300 dólares según la fuente) y 5,000 revólveres (800 dólares por unidad), y si estos se depreciaran en un lapso de dos años de uso continuado, el costo mensual sería de 950,000 dólares, sin contar las municiones.

Grosso modo, mantener un ejército irregular como el de las autodefensas de Michoacán, podría llegar a costar hasta 17 millones de dólares al mes, y sería muy difícil de financiar con donaciones de los pobladores, que son en su mayoría cultivadores de tomates, limones y aguacates. ¿De dónde proceden entonces los recursos?
Una posible explicación podría venir de otra de las premisas del mismo Sun Tzu: “es mejor capturar un ejército completo que destruirlo”. Según los dirigentes de las autodefensas, gran parte de los pertrechos que tiene en este momento el movimiento se los han quitado a sus enemigos, Los Caballeros Templarios.
Es el caso de las camionetas blindadas. Todas las que tienen ahora han sido confiscadas. Pero todas necesitan combustible y mantenimiento. Para no hablar de la flota de casi 4,000 vehículos de personas de la zona que tienen a sus disposición.
En cuanto a los combatientes, según ellos, la gran mayoría prestan un servicio voluntario. Uno de sus jefes le dijo a Univision que hay solo 1,500 miembros de las autodefensas a los que tienen que pagarles salarios y alimentarlos diariamente.
Hay, sin embargo, especialistas que albergan serias dudas. Es el caso de Luis Jorge Garay, un economista especializado en delincuencia organizada que ha estudiado a fondo el fenómeno de las autodefensas en Colombia y ha venido haciendo un cercano seguimiento al tema de Michoacán.
Si bien algunas de las armas pueden haber sido confiscadas al enemigo, la inversión inicial para comenzar la lucha tuvo que haber sido muy alta, y en una guerra prolongada como la que enfrentan hoy en día las autodefensas, el trabajo voluntario tiene sus límites.
Según Garay, “lo de las autodefensas en un inicio puede ser trabajo voluntario, pero cuando se instalan de manera permanente en un territorio no solo hay que mantenerlos, sino darles un salario, un reconocimiento”. Eso, según él, va incrementando los costos.
Cuando los costos aumentan, es posible que las mismas autodefensas busquen, según él, “financiarse a través de unos mecanismos como la extorsión o, llamémosla así, la contribución forzada”. En esas condiciones, tienden a convertirse en un problema para el gobierno y para la población civil.
Hay quienes van más allá y sugieren otras formas de financiamiento. Según el investigador Steven Dudley, de la organización independiente Insight Crime, “algunos sí pueden estar recibiendo ayuda de los mismos pobladores y otros pueden estar recibiendo ayuda de grupos rivales del narcotráfico”.
Por ahora, el tema de la financiación de un ejército tan grande, como el que ellos mismos reconocen tener, es un misterio. Pero lo cierto es que mientras más se prolongue su guerra, mayor será su necesidad de recursos. Y mayor su amenaza para la sociedad.

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