Cinco mitos comunes sobre la influenza

A medida que las temperaturas bajan y comienzan los resfríos y a pesar de que el CDC (Centros de Control de Prevención) recomiendan que todo el mundo se vacune contra la influenza (y que más del 50 por ciento no lo hace) y tomando en cuenta de que esta enfermedad puede afectar hasta un 20 por ciento de la población, es muy importante conocer como se previene el contagio y como se puede distiguir el FLU del resfrio común.
Los mitos sobre la influenza circulan por todos lados y dado que la influenza puede ser grave, es fundamental saber cuál es la realidad y cuál es la ficción. A continuación se presentan las correcciones de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) para los mitos comunes sobre la influenza.

MITO: la influenza es lo mismo que una «gastroenteritis.»
FALSO. La influenza es una enfermedad de respiratoria y no una que afecta el estómago o el intestino.
Muchas personas utilizan el término «gastroenteritis» para describir enfermedades que causan náuseas, vómitos o diarrea. Estos síntomas pueden surgir como consecuencia de diversos virus, bacterias o incluso parásitos. Mientras que los vómitos, la diarrea, las náuseas o sentirse «mal del estómago» algunas veces puede relacionarse con la influenza (más común en niños que en adultos), estos problemas rara vez son los síntomas principales de la influenza.

MITO: recibir la vacuna contra la influenza es la única forma de prevenir la influenza.
FALSO. Aunque las vacunas son la primera y mejor línea de defensa ante la influenza, hay otros dos pasos que recomiendan los CDC para protegerse a sí mismo y a otros ante la influenza. Los CDC aconsejan tener buenos hábitos de higiene y tomar medicamentos antivíricos si el médico así lo indica.

MITO: no puedo contagiar la influenza si no estoy enfermo.
FALSO. La mayoría de los adultos saludables pueden infectar a otros desde un día antes de que aparezcan los síntomas y hasta cinco a siete días después de enfermarse. Los niños pueden transmitir el virus por más de siete días.

MITO: las enfermedades provocadas por virus, como la influenza, no se pueden tratar.
FALSO. Los antivíricos son la segunda línea de defensa ante la influenza. Los antivíricos no se venden sin receta médica y son distintos que los antibióticos. Sólo se consiguen medicamentos antivíricos con una receta de su médico o un profesional de la salud. Cuando se usan para tratar la influenza, los antivíricos recetados pueden hacer que se sienta mejor y pueden reducir el tiempo de la enfermedad por uno o dos días.

MITO: no puedo contagiarme de influenza si recibí la vacuna.
FALSO. La capacidad de la vacuna contra la influenza para proteger a una persona depende de dos factores:
1) La edad y la condición de salud de la persona que recibe la vacuna.
2) La semejanza o «coincidencia» entre las cepas del virus incluidas en la vacuna y aquellas que circulan en la comunidad. En los años en que la vacuna y los virus que circulan coinciden, la vacuna tiene entre un 70 y un 90% de efectividad.

En nuestra edición de la próxima semana les estaremos trayendo más importantísima información sobre esta enfermedad para que no lo pesque desprevenido.

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