Cómo salvar vidas y recortar gastos de servicios médicos

Por Dr. J. Eric Lambeth, M.D.

El tabaco… su uso y su abuso han formado parte de mi vida desde mis primeros recuerdos. Toda mi familia fumaba: mi padre murió de enfisema, la muerte de mi abuela llegó más rápido por el cigarrillo y mi abuelo murió mascando tabaco Redman. Mi madre, que siempre pensé que podría hacer cualquier cosa, todavía lucha contra el cigarrillo y, aunque tiene muchas ganas de dejar de fumar, fuma 3 ó 4 cigarrillos al día; una enorme mejoría de la cajetilla y media que se fumó diariamente durante 50 años.

Cómo médico, sé que fumar juega un papel importante en la práctica de medicina interna en Austin, Texas, y me imagino que es así para la mayoría de los médicos de cuidados primarios en todo el mundo. Sé bien que ni siquiera la mejor atención médica en el mundo puede ayudar a mejorar la salud o prolongar la vida de alguien que fuma una o dos cajetillas al día. Tengo un paciente joven, de unos 26 a 30 años de edad, que fuma diario y siempre le digo muy seriamente que si dejara de fumar y no volviera a ver otro médico por el resto de sus días, su expectativa de vida sería mayor que si continúa fumando y se hace un examen físico completo cada seis meses.

Aunque las cifras generales de adultos que fuman están bajando, estoy comenzando a ver una tendencia alarmante en el número de nuevos fumadores jóvenes en mi práctica. Según los Centros Estadounidenses para el Control y la Prevención de Enfermedades, en 2007, uno de cada cuatro estudiantes de la secundaria fumaba cigarrillos. Más alarmante aun, la mitad de estos jóvenes fumadores ya habían intentado de dejar de fumar – sin resultados. Mientras el número de los chicos y chicas que fumaban era a la par, 17 % de los jóvenes hispanos fumaban en comparación a 11 y 12 % de los jóvenes de ascendencia asiática o afro-americana.

Esto parece ser especialmente cierto para chicas jóvenes que muchas veces comienzan a fumar por temas de peso. Una de mis pacientes trabajó como mamá de casa para una hermandad femenina en la Universidad de Texas y calcula que un 40% de las niñas en la casa fumaban. Me hace pensar que tal vez sería mejor darles anticonceptivos a las jóvenes desde los 14 ó 15 años, porque así les puedo decir que no pueden fumar en lo absoluto y tendrán una excusa cuando comience la presión de sus amigos en la escuela secundaria.

El costo de fumar para la sociedad y los daños económicos a largo plazo para el estado posiblemente nunca se logren llegar a comprender a fondo. Una población que reduce drásticamente el número de personas que fuman puede lograr grandes adelantos en la reducción de costos de servicios médicos y estos ahorros podrían representar el dinero más fácil de conseguir para el sistema médico; similar a las mejoras en eficiencia energética, que son mucho más baratas y mejores para el medio ambiente que construir otra planta eléctrica.

Pero la realidad es que hacer que los pacientes dejen de fumar es una batalla enorme que todos los médicos hemos luchado por varios años. Tenemos algunas armas para este combate, tales como la goma de mascar Nicorette, los parches de nicotina e incluso los antidepresivos, que ayudan un poco y hacen que dejar de fumar sea, en vez de imposible, algo extremadamente difícil. Sin embargo, durante el último año, han salido al mercado nuevos medicamentos que ayudan a que dejar de fumar sea mucho más fácil. Los nuevos esfuerzos por hacer que los fumadores dejen de fumar se han vuelto mucho más eficaces. Calculo que el índice de éxito anterior del 10 al 15% ha aumentado entre un 60 y 70%: un incremento enorme.

Por eso estoy animando a la legislatura del estado y a las compañías aseguradoras que pagan las cuentas a que comiencen a hacer presión para disminuir en gran número los índices de adultos fumadores y prevenir que los jóvenes comiencen a fumar. La legislatura debe considerar varias cosas durante el transcurso de las sesiones actuales, tales como aumentar los impuestos en las cajetillas de cigarrillos, presionar para que haya más educación para los adolescentes jóvenes sobre los peligros y costos a largo plazo de fumar, y otras campañas más generales contra los cigarrillos en todo tipo de medios del estado. También ayudaría si los medicamentos y los artículos que asisten a dejar de fumar estuvieran cubiertos por el seguro médico de los pacientes. Yo sé que no tiene ningún sentido económico que un paciente no use las ayudas por el costo que implican —pues igual gastan el dinero para comprar cigarrillos—, pero ésa es una de las principales razones por las que los pacientes no las prueban. Si destináramos la mitad del dinero que gastamos en exámenes de detección de osteoporosis a campañas y medicamentos para dejar de fumar, los resultados financieros a largo plazo serían ahorros de cientos de veces el costo. Por supuesto no quiero decir con esto que los exámenes de osteoporosis no sean importantes; y, por cierto, el peligro de la osteoporosis aumenta muchísimo con el cigarrillo.

Finalmente tengo armas eficaces para combatir al cigarrillo y estaría muy agradecido si los ejecutivos de los planes de seguros médicos y los políticos de Texas se pusieran los guantes para ayudarme a ponerlas en práctica contra el cáncer, las enfermedades pulmonares y cardiacas y los derrames cerebrales que causan los cigarrillos.

Les aseguro que sería el mejor rendimiento del dinero que inviertan en su vida.

Share