Confinamiento por COVID-19 aumenta la violencia doméstica

Confinamiento por COVID-19 aumenta la violencia doméstica

Violencia

Se suma otra crisis de salud pública al daño del nuevo coronavirus: hay cada vez más datos que indican que el abuso doméstico está comportándose como una infección oportunista, prosperando en las condiciones creadas por la pandemia.
Para Marianne Hester, socióloga de la Universidad de Brístol, quien estudia las relaciones abusivas, las razones para suponer que las restricciones impuestas contra la propagación del virus tendrían este efecto siempre estuvieron allí. La violencia doméstica siempre se incrementa cuando las familias pasan más tiempo juntas, como en Navidad y las vacaciones de verano, afirmó.
Ahora, con familias en confinamiento a nivel mundial, las líneas de atención telefónica suenan constantemente con denuncias de abuso, lo que ha causado que los gobiernos intenten atender una crisis que, según los expertos, debieron haber visto venir.

El 5 de abril, las Naciones Unidas hicieron un llamado a realizar acciones urgentes para combatir el aumento mundial de la violencia doméstica.

“Les pido a todos los gobiernos a que le den prioridad a la seguridad de las mujeres mientras responden a la pandemia”, escribió en Twitter el secretario general António Guterres.

Sin embargo, en general, los gobiernos han fracasado en prepararse para responder a las nuevas oportunidades generadas por las nuevas medidas de salud pública para que los abusadores aterroricen a sus víctimas. Ahora, muchos gobiernos están teniendo dificultades para ofrecer asistencia a los que están en riesgo.
Pero, al igual que con la respuesta al mismo virus, las demoras implican la posibilidad de que ya se haya realizado un daño irreparable.

Confinamiento y ‘terrorismo íntimo’

Mientras las ciudades y pueblos por toda China iban cerrando sus puertas, una mujer de 26 años llamada Lele empezó a discutir cada vez más seguido con su esposo, con quien ahora tiene que pasar todo el tiempo en la casa que comparten en la provincia de Anhui, al este de China.
El 1 de marzo, mientras Lele cargaba a su hija de 11 meses, su esposo empezó a golpearla con una silla alta para bebés. Lele no está segura de cuántas veces la golpeó. En algún momento, dijo, una de sus piernas perdió la sensibilidad y ella cayó al piso con su bebé aún en sus brazos.
Una fotografía que tomó tras el incidente muestra la silla para bebés tirada en el piso, en pedazos, con dos de sus patas metálicas arrancadas, lo que demuestra la fuerza con la que su esposo la usó contra ella. Otra imagen registra las heridas de Lele: prácticamente cada centímetro de la parte inferior de sus piernas estaba cubierta de moretones y tenía un enorme hematoma en su pantorrilla izquierda.

Lele —su nombre completo no es usado por su seguridad— dijo que su esposo había abusado de ella durante su relación de seis años, pero que el brote de la COVID-19 había empeorado mucho más las cosas.

Share