Crónicas de la Semana Santa en Casa de mi Abuela!

Semana

Recuerdo mi infancia en donde mi abuela desde inicios de la Cuaresma, comenzaba con una serie de costumbres y rituales que en aquellos entonces no entendía.
Con el paso del tiempo, se han convertido en costumbres extrañas, fuera de contexto y hasta “santurronas”.

La imposición de ceniza era el primer ritual, al cual me llevaba religiosamente a la Iglesia de la Luz, en aquellos entonces todavía hacia frío en febrero, imaginaran como me llevaba “empalmado” de ropa y chamarras.

Ella portaba un manto negro sobre la cabeza, ya que era una cosa muy común aún en los 80s que las mujeres lo llevaran. Preferentemente iba “empalmada” de ropa, de negro, con falda muy abajo de la rodilla y su “monedero” para dejar una limosna antes de retirarnos.

Se nos imponía la ceniza y teníamos que quedarnos un rato para rezar y agradecer, no como ahora que la iglesia te invita a que te quedes a escuchar una reflexión, antes la gente se quedaba por iniciativa propia.

Luego, durante la cuaresma, las comidas: tortas de papa con quesito amarillo, arroz azafranado, camarones, lentejas, habas, nopales con chile rojo o con huevo, pollo en todas sus presentaciones, capirotada, pescado frito, caldo de bagre, cazón a la plancha, spaguetti con queso, verduras cocidas como zanahoria, calabaza o papa, acelgas o espinacas cocidas, entre otros platillos típicos.

Los siete templos fue una tradición que a mi no me tocó vivir con ella, pero cuenta mi mamá que en sus años de juventud y cuando ella era pequeña, se iban a recorrer los principales como la Catedral, Sagrado Corazón, Purísima, Perpetuo Socorro, San José, La Luz, La Divina Providencia e incluso algunas veces el Santuario de Guadalupe.

Había veces que mi mamá o mis tíos se cansaban, lo que obligaba a hacer una “trampita” y consistía en entrar varias veces al mismo templo, evitando que el cansancio fuera mayor.

El viernes santo era un día de demasiada tranquilidad y de “guardar” en la casa de mi abuela Chelo.
Algunas cosas que a mi me llamaban la atención eran las siguientes:
1.- no se prendía la televisión o el radio.
2.- era día de no bañarse.
3.- las actividades de la casa se suspendían.
4.-. rezar el rosario.
5.- Tapar los espejos o “lunas” y los muebles.
6.- vestir preferentemente de negro.
7.- entre 3 y 6 de la tarde, todo era tranquilidad y serenidad, eran las hora fuerte del viernes santo.
8.- Ir después de las 6 a la iglesia, a darle el pésame a la Virgen.
9.- preferentemente se comía solo una vez, al mediodía.
10.- Tapar los crucifijos o imágenes religiosas que hubiera en la casa.
11.- Era costumbre ver la famosa Procesión del Silencio, donde varias personas cargaban una imagen de la Virgen toda de negro y la acompañaban unos hombres que tocaban el tambor.

La Semana Santa se vivía diferente, con una atmósfera de religiosidad, respeto y una entrega al dogma.

¿Qué costumbres recuerdan ustedes de antes de los ochentas?

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