Demente extendería  mandato a Trump

Demente extendería mandato a Trump

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La propuesta de Jerry Falwell Jr., presidente de la Universidad Liberty (Virginia) y fervoroso simpatizante de Donald Trump, es un compendio de ignorancia, contradicción y prepotencia. Pero resulta inquietante y, a la vez, tragicómicamente compatible con las declaraciones de Trump que le siguieron.
En un tuit, Trump se lamentó de que pese a los últimos años de fortaleza económica que han sido los “más exitosos de cualquier presidente en la historia”, le han robado “dos años de mi presidencia… que no podremos recuperar” en alusión, al parecer, a los efectos de la investigación de la injerencia electoral de Rusia y la posible implicación de Trump o su campaña en ello.
Poco antes de que Trump, enunciara esa “pérdida” con la curiosa contradicción interna de que fueron dos años “robados” pero que a la vez “los más exitosos” de la historia, Falwell Jr. afirmó en Twitter, también con singular contradicción argumental, que luego de que Trump tuvo su “mejor semana” [en alusión a la retórica oficial de que el reporte de Mueller exonera al presidente] y de que la economía está fuertemente al alza, él “ahora defiende reparaciones: se le deben añadir dos años más al primer periodo de Trump” como recuperación por “el tiempo perdido por este corrupto y fallido golpe”.
El tuit de Falwell Jr. es, así, a la vez cómico y ominoso. Hay una dosis de humor involuntario en que el presidente de una universidad, una institución que ha de regirse por la veracidad y el pensamiento lúcido, haga diagnósticos de modo tan ligero y errado. Y es grave que el propio presidente le haya hecho retuit a ese mensaje.
Primero, nuevamente, porque si se ha tratado de años de excelencia, así pudiesen haber sido aún mejores en variedad de aspectos, la lógica del “sore winner” implícita en su tuit y el de Trump resultan una distracción de su propio mensaje celebratorio e introducen la duda de que, en realidad, no hubiesen sido tan exitosos como presumen y de que de nada le servirán de cara a los comicios de 2020.
Pero, más importante y grave, es que el tuit de Falwell ignora o desdeña la Constitución y los preceptos democráticos fundamentales, que claramente indican que los periodos presidenciales son de cuatro años y que se ganan con el voto. Suponer que un mandato puede extenderse como una “reparación” es síntoma, en el mejor de los casos, de una ignorancia de la ley y de la historia o, en la escala más grave, de una actitud antidemocrática y autoritaria contraria a la institucionalidad republicana y a la voluntad popular.
Nunca en la historia de Estados Unidos se ha extendido de ese modo un mandato y, en todo caso, para ello debería modificarse primero la Constitución, algo que resulta inviable no solo porque la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes lo haría imposible sino porque previsiblemente una alteración así del principio básico de la democracia encararía también amplio rechazo entre las filas republicanas en el Congreso.
Es por ello que el tuit de Falwell y el retuit de Trump o bien son un ejemplo de broma sardónica o un ominoso desplante de ignorancia o autoritarismo.
Y en una última vuelta de tuerca, podría decirse que Falwell en realidad se quedó corto en su afán o mostró una suerte de pesimismo involuntario: bien podría haber pedido cuatro años más para Trump, a ser ganados en 2020 en las urnas gracias al ímpetu de la “más exitosa presidencia” de la historia. En ello no habría habido falta, pero no fue a eso lo que Falwell arengó, sino a una vulneración de la Constitución y del valor del sufragio popular. Quizá por una carencia de aprecio hacia esos valores o, también, porque internamente presupone que no hay modo de ganar esos cuatro años en las urnas y por ello su ocurrencia de darle una anticonstitucional “reparación” de dos años.
En paralelo, hay quienes ven ese y otros desplantes como recurrentes señales de que, en el entorno de Trump, se está cocinando la retórica de que solo se puede impedir su reelección con el fraude y de que, en esa lógica, un resultado adverso a Trump sería ilegítimo: se trataría de una estrategia para comenzar a deslegitimar a los críticos y opositores del presidente y a minar la credibilidad en las elecciones de 2020 en caso de que su resultado le fuera adverso a Trump.
Todo ello es peligroso para la democracia.
Trump obtuvo la mayoría de votos en el Colegio Electoral en las elecciones de 2016 y por ello es el legítimo presidente de Estados Unidos. Y la manera de continuar siéndolo más allá de enero de 2021 es logrando un resultado legítimo y victorioso en los comicios de 2020 con apego a la ley y la democracia. Un escenario que es posible, dado el amplio apoyo que Trump tiene entre sus simpatizantes y entre los republicanos, aunque ciertamente para nada seguro debido al ímpetu de los demócratas y a la impopularidad de Trump a escala general.

Pero esa es la única vía y en ello no existen reparaciones.

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