DESDE MI PUNTO DE VISTA         –   07 12 18 –

DESDE MI PUNTO DE VISTA – 07 12 18 –

La muerte no lo sorprendió, por el contrario, ya la esperaba tranquilo desde hace meses cuando le fue detectada una enfermedad terminal que lo llevaría a reunirse para siempre con su Padre Jesucristo en el Reino de los Cielos.
Franco, sincero, honesto, simpático, pero sobre todo muy platicador, asi era Roberto Gómez, un mexicano que dedicó gran parte de su vida a venerar a Jesucristo y su obra, por lo que decidió fundar la Iglesia Jesucristo es mi Refugio, en nuestra ciudad.
Su obra es un ejemplo de vida y muestra cómo una persona logra superar todos los vicios o los peores, para dedicarse a venerar a Jesucristo Nuestro Señor y seguir aquí en la tierra su ejemplo de vida.
Yo conocí al Pastor Roberto Gómez, puedo decir que era mi amigo, nos veíamos una o dos veces al mes en un resturante por la calle de Greenville, allí donde venden los pescaditos, esos eran sus favoritos y nunca fallaba a la cita los jueves o viernes.
Me platicaba que no le temía a la muerte porque al final ese sería el conducto que lo llevaría para siempre hasta su Padre Jesucristo, el cual había cambiado su vida de una forma total.
Roberto, nació en Nuevo Laredo, Tamaulipas, México, y desde muy joven fue drogadicto, no cualquier drogadicto, empezó con cosas pequeñas como la mariguana y el cemento; pero con el tiempo sus vicios se fueron agudizando hasta llegar a la heroína y la cocaína de las cuales se volvió dependiente al extremo.
“Me quedaba tirado en las calles” me contaba mientras platicábamos alegremente, “era el infierno aquí en la tierra”, por eso no le temía al infierno, porque sabía que ese ya lo había vivido aquí en la tierra cuando era dependiente.
Dos cargas diarias de heroína y una de cocaína era la dieta diaria de Gómez, “nunca le pedí a mi esposa que me ayudara a inyectarme” porque de tanto piquete las venas se pierden y “cuando no me las encontraba, salía a la calle a buscar a otro compa como yo”.
Era una vida muy triste, llena de sobresaltos y problemas con las autoridades, fue precisamente un problema de drogas allá por 1988 en que Roberto se vio envuelto en un problema federal que lo llevaría temporalmente a prisión.
Y allí fue precisamente cuando reflexionó en la necesidad de cambiar su vida y entregarla por completo al señor, y fue a principios de 1993 que fundó la Iglesia Jesucristo es mi Refugio (Jemir) que hoy en día es un lugar bien ubicado sobre la calle westmoreland e Illinois en el barrio de Oak Cliff, muy cerca del centro de la ciudad.
Me contaba que empezó su aventura con sólo siete personas hace 25 años, hoy son 2 mil 500 fieles que acueden domingo a domingo a su parroquia donde ahora quedó al frente su esposa, su fiel compañera, que seguirá sus pasos hasta el final.
Roberto Gómez. fue un hombre emprendedor y logró hacer más de lo que ha hecho la Iglesia Católica de Dallas, fundó todo un sistema de comunicación con sus fieles, es decir, primero fundó un canal de televisión desde donde se transmiten mensajes pastorales y de relevancia. Este medio de comunicación quedó en manos de su gran amigo César que siempre, junto con Marcos, otro pastor, acompañaban a Gómez a comer pesacaditos.
Y a pesar de la gran amistad que teníamos jamás me invitó a colaborar en sus medios de comunicación, y digo medios porque como hombre visionario también logró la edición de una revista y una estación de radio, con amplitud modulada y alcance de muchas millas de radio, algo sensacional.
Allí dió oportunidad de trabajo a muchos jóvenes periodistas o que empiezan en los medios de comunicación, aparte de que logró proyectar sus ideas y su amor a Jesucristo más allá de su recinto pastoral para volverlo imagen y mensaje en los medios electrónicos.
Sinceramente creo que hay pocas personas que tengan el liderazgo, la vocación y el amor a Jesús que Roberto le profesó árduamente durante los últimos 25 años.
Antes de morir Gómez tuvo oprtunidad de ver su obra al máximo esplendor, porque logró establecer la Iglesia en una propiedad de gran plusvalía, logro sus canales de televisión, su estación de radio y su revista, aparte de la admiración de la gente, la confianza de sus seguidores y el respeto de la sociedad.
La huella que dejó Roberto Gómez allí queda y se puede decir que se fue satisfecho. Un mes antes de morir lo vi y platicamos, nos reimos y pasamos un rato muy agradable que siempre recordaré y llevaré en mi corazón. Descanse en Paz mi amigo Roberto Gómez.
…y hasta la próxima.

Share