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. . . El drama de los indocumentados<!--:-->

Diálisis sí, trasplantes no . . . El drama de los indocumentados

NEW YORK – José Pérez no sabe si le teme más a las agujas que le clavan en el brazo antes de tres horas de diálisis o a la perspectiva de ser un paciente durante años, estancado en el laberinto de un sistema de salud del que depende.

Encomendado a Dios

Y es que Pérez es un inmigrante mexicano indocumentado que sufre insuficiencia renal y necesita un trasplante de riñón.

Al no tener papeles, el joven de 22 años, que cruzó la frontera ilegalmente en 2007 por Altar, en el estado fronterizo de Sonora, no cuenta con un seguro médico ni puede inscribir su nombre en las listas de espera para recibir un órgano nuevo.

Sus únicas posibilidades de someterse a un trasplante en Estados Unidos son reunir $250,000 para pagarse uno y encontrar a un pariente o amigo compatible y dispuesto a donarle su riñón.

«Me encomiendo a Dios», dijo su madre, Cristina Aguirre, a quien el gobierno estadounidense le otorgó un visado para estar cerca de su hijo. «Él es quien tiene la última palabra».

El estado de New York cubre, a través del programa federal de Medicaid, unos $21,000 al año para pagar la diálisis que mantiene vivo a Pérez, según Claire Pospisil, una portavoz del departamento estatal de Salud.

La cifra ni siquiera es la mitad de los casi $73,000 que cuesta al año un tratamiento, de acuerdo con la Fundación Nacional del Riñón.

El total que pagó el estado en diálisis para los 590 inmigrantes indocumentados que se sometieron al tratamiento durante el año fiscal 2007-2008 fue $12.4 millones, dijo Pospisil.

En pleno debate sobre una potencial reforma inmigratoria y una recientemente aprobada reforma del sistema de salud, algunos expertos se preguntan si valdría la pena pagar el trasplante a los indocumentados en lugar de mantenerlos bajo costosos procedimientos de diálisis durante décadas pagados con dinero de los contribuyentes.

«Es algo que debería estudiarse», opina la doctora Laura Hurley, quien realizó un estudio sobre el tema publicado en el American Journal of Kidney Diseases en junio de 2009.

El drama de los Pérez queda agravado además por el hecho de que Jesús, hermano gemelo de José, ha sido declarado «no apto» para donarle su riñón. Pérez tiene más hermanos en México, pero no se sabe si son compatibles.

Por mes

Además de Pérez, unos 50 inmigrantes indocumentados, la mayoría latinoamericanos, acuden a Broadway Dialysis, el centro privado de diálisis del hospital Elmhurst, en el barrio neoyorquino de Queens.

El número es mucho alto en el University Medical Center de Las Vegas, donde entre 150 y 200 indocumentados al mes visitan el centro de diálisis, dijo Rick Plummer, portavoz del hospital.

Plummer señaló que la clínica pierde mucho dinero porque el estado no cubre todos los gastos de la diálisis.

«Hay muchos servicios que Medicaid no paga. Eso lo acaban pagando los contribuyentes», dijo el vocero, quien destacó que muchos indocumentados acaban en la sala de emergencias de los hospitales cuando sufren complicaciones.

Medicaid no paga muchas de sus medicinas, manteniéndoles con un servicio de diálisis básica tan sólo en casos que los hospitales puedan demostrar son muy graves.

En cierto modo Pérez tiene suerte: los estados que ofrecen diálisis a indocumentados, como New York, Arizona o California, son reembolsados por Medicaid. Cada hospital público de estos estados está obligado a ofrecer el servicio.

La encuesta de Hurley -que recoge datos y opiniones de nefrólogos de todo el país miembros de la Sociedad Estadounidense de Nefrología- señala que la diálisis para indocumentados es un «problema cada vez mayor» que enfrentan los especialistas.

«Nuestro análisis cualitativo demuestra que algunos nefrólogos creen que ofrecer trasplantes de riñón a estos pacientes sería no sólo mejor para el paciente sino una intervención menos costosa a largo plazo», concluyó Hurley.

La encuesta, realizada entre octubre del 2006 y febrero del 2007, también asegura que es «problemático» que los médicos recomienden el regreso de estos pacientes a sus países de origen para continuar el tratamiento allí.

«El acceso a diálisis en México palidece en comparación con el de Estados Unidos», dijo Hurley.

Unos 5500

La diálisis es un proceso por medio del cual se produce un filtrado artificial de la sangre. Durante ese proceso, se retiran los elementos tóxicos del torrente sanguíneo cuando los riñones han perdido su capacidad.

Un reporte de especialistas presentado en el World Kidney Forum y publicado en enero de 2010 calcula que en el país podría haber unos 5,500 inmigrantes indocumentados con insuficiencia renal, una estimación que el informe admite está basada en datos limitados del año 2005.

Los expertos calcularon que el coste aproximado de la diálisis para indocumentados en el país ese año fue aproximadamente $383 millones.

«Tenemos que encontrar el equilibrio entre este debate y los compromisos morales y éticos que los hospitales enfrentan al intentar asegurar un cuidado apropiado para cualquier paciente cuya vida está en juego, independientemente de su estatus migratorio», concluyó el estudio.

Para algunos, sin embargo, los indocumentados son una carga demasiado pesada.

«Estados Unidos no puede ser responsable de ofrecer cuidado a largo plazo a inmigrantes ilegales porque supone un gasto enorme para los contribuyentes y para otra gente que necesita cuidado médico», dijo Ira Mehlman, portavoz de la Federación por la Reforma de Inmigración en Estados Unidos (The Federation for American Immigration Reform), un grupo a favor de normas de inmigración más estrictas.

El cónsul de México en New York, Rubén Beltrán, quien ha estado en contacto con Pérez, dijo que el consulado no puede asumir el pago del trasplante en Estados Unidos pero que existe la posibilidad de que el gobierno mexicano financie la operación de Pérez en México.

El consulado ha transferido una copia de su expediente médico al Hospital Regional del Alta Especialidad del Bajío, en el estado de Guanajato, y se mantiene en contacto con la Secretaría de Salud del país.

Tristes Experiencias

«He tenido experiencias muy tristes de familias que han querido aferrarse a un tratamiento acá y desgraciadamente la fatalidad llega porque no alcanzan a reunir esos dineros. O deciden trasladar el paciente a México cuando ya es demasiado tarde» dijo Beltrán.

Pérez dice que consideraría ir a México, pero teme que el gobierno allí no cubra todos los gastos.

«Para llegar a lo mismo, mejor me quedo aquí», declaró. «En México, si no tienes dinero, no hay nada para ti».

Víctor Ramírez, otro mexicano en diálisis en Elmhurst, no concibe la idea de seguir sometiéndose a diálisis durante décadas.

«Es muy pesado pensar eso. En un futuro, esto sería muy tedioso. Los que hacemos esto aspiramos a recibir un trasplante», dijo el inmigrante de 33 años, proveniente de Distrito Federal.

La situación parece que no cambiará pronto ni para Pérez ni para Ramírez: Unos siete millones de personas que no tienen un seguro médico fueron excluidas de la reforma del sistema de salud del presidente Barack Obama por ser inmigrantes indocumentados, según cifras oficiales.

«Este país funciona con los indocumentados. Trabajan mucho aquí, así que creo que es justo ofrecerles cuidado médico cuando se ponen enfermos», dijo la doctora de Pérez, Ellena Linden.

«No podemos tenerlos aquí, haciendo el trabajo que nadie quiere hacer, para luego abandonarlos cuando les pasa algo malo».

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