‘Es una guerra’: la lucha  por el agua estalla en  la frontera de México

‘Es una guerra’: la lucha por el agua estalla en la frontera de México

Agua

Armados con palos, piedras y escudos caseros, los agricultores emboscaron a cientos de soldados que custodiaban una presa y tomaron el control de uno de los cuerpos de agua más importantes de la frontera.
El gobierno mexicano estaba enviando agua —su agua— a Texas y los dejaba casi sin nada para sus sedientas cosechas, según los agricultores. Así que tomaron la presa y, por más de un mes, han impedido el flujo de agua hacia Estados Unidos.
“Es una guerra”, dijo Víctor Velderrain, un agricultor que ayudó a liderar la ocupación, “para poder sobrevivir, para poder seguir trabajando, para alimentar a mi familia”.
El enfrentamiento es la culminación de tensiones de larga data en torno al agua entre Estados Unidos y México, que recientemente han estallado en violencia y enfrentado a los agricultores con su propio presidente y la superpotencia mundial al otro lado del río. La negociación del intercambio de agua entre los dos países ha sido complicada desde hace muchos años. Pero el aumento de las temperaturas y las largas sequías han hecho que los ríos compartidos a lo largo de la frontera sean más valiosos que nunca, por lo que ahora hay más en juego para ambas naciones.
La ocupación de la presa es un claro ejemplo de lo lejos que está dispuesta a llegar la gente para defender los medios de vida amenazados por el cambio climático, y del tipo de conflicto que puede ser cada vez más común con un clima cada vez más extremo.
A lo largo de la árida región fronteriza, los derechos de agua se rigen por un tratado firmado décadas atrás que obliga a Estados Unidos y México a compartir los caudales de los ríos Colorado y Bravo. México se ha retrasado en sus obligaciones con Estados Unidos y ahora se enfrenta a un plazo para entregar el agua que se cumple este mes.
Pero este ha sido uno de los años más secos de las últimas tres décadas en Chihuahua, el estado fronterizo mexicano responsable de enviar la mayor parte del agua que debe México. Los agricultores de la zona se han rebelado, preocupados porque la pérdida de más agua les robe la oportunidad de una cosecha saludable el próximo año.
“Estas tensiones, estas tendencias, ya están ahí, y se han agravado mucho por el cambio climático”, dijo Christopher Scott, profesor de política de recursos hídricos en la Universidad de Arizona. “Están luchando por sus vidas, porque sin agua no hay agricultura; sin agricultura no hay comunidades rurales”.
Desde febrero, cuando las fuerzas federales ocuparon por primera vez la presa para asegurar que continuaran las entregas de agua a Estados Unidos, los activistas de Chihuahua han quemado edificios gubernamentales, destruido automóviles y mantenido brevemente como rehenes a un grupo de políticos. Durante semanas, han bloqueado un importante ferrocarril utilizado para transportar productos industriales entre México y Estados Unidos.
Su revuelta ha alarmado a los agricultores y políticos de Texas. Greg Abbott, el gobernador del estado, apeló el mes pasado al secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, instándolo a persuadir a México para que entregue el agua antes de la fecha límite de la próxima semana o, de lo contrario, se arriesgará a perjudicar a los agricultores estadounidenses.
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien se ha plegado repetidamente a las exigencias de Trump en materia de inmigración, ha prometido que su país cumplirá con sus obligaciones en materia de agua con Estados Unidos, le guste o no al estado de Chihuahua.
Envió cientos de integrantes de la Guardia Nacional para proteger las presas de Chihuahua, y su gobierno congeló temporalmente las cuentas bancarias de la ciudad donde viven muchos de los manifestantes.

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