<!--:es-->Es William Levy el Santa Clos de su familia!
…El actor recuerda que en Cuba no tenía recursos para celebrar Navidad, pero nunca le faltó amor<!--:-->

Es William Levy el Santa Clos de su familia! …El actor recuerda que en Cuba no tenía recursos para celebrar Navidad, pero nunca le faltó amor

Al llegar la Navidad, sobre la mesa de su humilde hogar en Cojímar, Cuba, no había grandes platillos; si acaso, arroz, frijoles y platanitos. Y tampoco podían verse obsequios envueltos con papel brillante debajo del árbol.

Pero para William Levy, quien era apenas un niño, la fecha mantenía su encanto, pues tenía el mejor regalo: una familia amorosa y unida

«En Cuba no había muchas posibilidades para celebrar Navidad. La pasábamos juntos, en familia. Lo que teníamos en ese momento lo poníamos en la mesa y lo festejábamos», comparte el protagonista de Triunfo del Amor. «No teníamos posibilidades de elegir cómo celebrar. En Cuba, lo que tienes es lo que comes».

Cuando William recuerda aquellos tiempos de austeridad, en su voz no se detecta amargura o melancolía. Lo que es más: ahora que su situación económica le permitiría festejar a lo grande, él sigue pensando que la Navidad no tiene que ver con asuntos materiales.

«Yo creo que lo más importante de esta época es estar juntos y saludables», insiste.

Quizá por ello, el galán cubano no espera a estas fechas para dar obsequios a sus seres queridos. A decir de su tío Luis Enrique, William es una especie de Santa Clos que los consiente a lo largo de todo el año.

«Sólo hace falta que yo levante ese teléfono para que mande lo que necesite. Es así con todos. Cada vez que viene, nos llena de regalos. Alquila carros para desplazarnos todos juntos: Audis, Mercedes… ¡A mí no me cabe más ropa en el clóset!

«La última visita fue hace menos de un año. Y, como quiso salir a pescar, compró cañas para todos ellos sin importar que cada una costara más de 100 dólares. Él es así. Lo da todo», cuenta el señor Luis Enrique, quien vive en un chalet unifamiliar estilo años 50 en la céntrica calle H de Cojímar.

Luminosa, amplia, impecablemente pintada y con los muebles en perfecto estado, la casa en la que William nació sigue siendo el hogar de su abuela Eusebia Lucrecia (la matriarca de la familia Levy) y del propio Luis Enrique.

No le falta un electrodoméstico moderno, el último modelo de televisor de plasma o el PlayStation más sofisticado, pues los videojuegos son una afición que comparten y en la que compiten tío y sobrino.

Y a pesar de ser una propiedad grande, cuando ahí se reúne la familia Levy para celebrar la Navidad, faltan camas para albergarlos.

En esas ocasiones, cuenta el ingeniero y artista plástico, acostumbran compartir una gigantesca cena criolla con el tradicional puerco asado, arroz congrí (arroz y frijoles), yuca y dulces.

Sin embargo, por motivos de trabajo, William no sabía aún si se uniría al festejo familiar de este año. Pero eso no lo mortificaba, pues ya hasta había planeado el menú para una cena navideña muy mexicana.

«Si se puede, iré a Miami para estar con todos: mamá, abuelita, todos mis tíos y mis hijos. Pero si nos toca trabajar, no importa. Si paso Navidad aquí, seguramente comeremos tamales y pozole», asegura entre risas.

Y después de ser un hombre tan generoso, ¿qué espera que le traiga Santa Clos?

«Mis mejores regalos fueron estar saludable, el nacimiento de mi hija (ahora tiene 7 meses) y todo el cariño que he recibido de mi familia y del público».

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