<!--:es-->Eterno ídolo – YA ES LEYENDA!
…Una emotiva despedida, que lo llevó hasta las lágrimas, tuvo Jesús Arellano, pues la afición rayada le entregó su cariño como en sus 17 años de carrera.<!--:-->

Eterno ídolo – YA ES LEYENDA! …Una emotiva despedida, que lo llevó hasta las lágrimas, tuvo Jesús Arellano, pues la afición rayada le entregó su cariño como en sus 17 años de carrera.

Con un nudo en la garganta, un inmenso sentimiento de gratitud y un estadio a reventar, los regiomontanos despidieron anoche a uno de sus más ilustres deportistas de todos los tiempos. A una referencia inevitable en la historia de los Rayados de Monterrey.

Jesús «El Cabrito» Arellano, el estandarte de la más exitosa generación de todos los tiempos de los albiazules, se quitó la playera casi al final del primer tiempo ante Independiente y puso final a su carrera, aunque dejó a su hijo en la cancha, precisamente con el número 28 que inmortalizó.

Si algo han demostrado los aficionados regios a lo largo de su historia es su buena memoria y así como se entregaron en otros años con las despedidas de sus toreros Manolo Martínez y Eloy Cavazos, así como del beisbolista Arturo González, anoche llenaron el Estadio Tecnológico para decir adiós a «El Cabrito».

A sus 38 años, el jugador surgido de la colonia Indeco Naranjo grabó el último capítulo de una historia de 17 años por las canchas que inició con los Leones Negros de la Indeco y finalizó con el Monterrey, donde inmortalizó su número 28.

«El amor por la camiseta no se termina, tú (Arellano) juegas con nosotros por toda la vida», rezaba una manta colocada de extremo a extremo de la herradura por la porra de La Adicción.

En ese mensaje, la barra rayada no sólo le estaba agradeciendo a Chuy sus tardes gloriosas con la camiseta albiazul que gestaron la conquista de tres títulos de Liga y uno de Concachampions.

De pie y con una cerrada ovación, los 34 mil aficionados también le estaban reconociendo su papel como «embajador» de esta ciudad en Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, Copa Confederaciones, Copa América, Copa Oro y por supuesto, sus tres participaciones en Copas Mundiales, que fueron sintetizadas en un emotivo video que se proyectó a través de una pantalla gigante en el Tec.

Con sus padres, esposa y dos hijas alentándolo desde las tribunas, Arellano ofreció algunas pinceladas de habilidad por la banda derecha durante los 45 minutos que jugó y envió un centro a Darío Carreño, quien no pudo convertir en gol un remate de cabeza.

Al minuto 45, vino el momento del adiós para el icono rayado. «El Cabrito» se quitó la la camiseta para cederla a su hijo Adrián de Jesús, quien entró a la cancha con una ambición semejante a la de su padre cuando debutó con el Monterrey ante el Puebla en 1994.

«La camisa 28 se va a retirar, Arellano para siempre vas a estar», se escuchó cantar a la porra albiazul.

Chuy dio la vuelta olímpica visiblemente emocionado y después de una lluvia de bengalas recibió un reconocimiento de la directiva del club.

Jesús Arellano se marchó minutos después de la cancha y también como jugador activo. En Monterrey, hoy y mañana, seguirá oliendo a «Cabrito».

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