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¡Hazaña rayada! …Toman ventaja en la Final con un 4-3 de alarido

«La esperanza es lo último que muere» y «la velita se mantiene encendida». Como éstas, hay miles de frases para esperar un milagro, pero además, el Monterrey mostró anoche que también tiene argumentos futbolísticos para conseguir uno.

Los Rayados anotaron tres goles en el segundo tiempo, dos de ellos por conducto de Humberto Suazo, para levantarse de un 3-1 y llevar a la locura al Estadio Tecnológico y a muchos lugares de Nuevo León, al tumbar a la Máquina con un 4-3 en el partido de ida de la Final del Apertura 2009, que parece enfilarlos a la conquista del tercer título de Liga de su historia.

Basta decir que el Monterrey nunca ha perdido una serie de Liguilla en la que haya ganado el juego de ida, para justificar el festejo anticipado que al final hicieron los 34 mil aficionados que llenaron el Tec, sin importarles la gélida y húmeda temperatura.

El cuadro albiazul sacó adelante un partido que parecía perdido cuando apenas se había disputado el minuto 34 de juego, víctima de sus añejos y graves errores para defender en las jugadas a balón parado, que le hicieron perder la ventaja que había logrado desde el minuto 4 por ese mismo medio.

En la que pudo ser su despedida de la afición rayada, Suazo brindó una noche para el recuerdo.

El andino se comportó de manera especial y hasta la suerte lo acompañó, pues muy temprano cobró un tiro de esquina que pegó en Emanuel Villa y se convirtió en el 1-0 para los Rayados.

La noche se pintaba albiazul, pero muy pronto se tornaría celeste, pues a los 7′, Cristian Riveros marcó el 1-1 y a los 18′ el mismo paraguayo anotó el 2-1 también con la cabeza, aprovechando la mala marca del Monterrey en el juego aéreo.

Y para colmo, la noche se comenzó a convertir en pesadilla cuando al 34′, en otra mala acción defensiva de los Rayados, Villa encontró un rebote y lavó su error, al marcar el 3-1 que parecía lapidario.

Los Rayados terminaron el primer tiempo de pie, pero noqueados,sin poder reaccionar. Incluso la afición los despidió con abucheos.

Sin embargo, el técnico Víctor Manuel Vucetich, en la privacidad del vestidor, sacudió a sus jugadores con un discurso que los hizo sacar el corazón y el carácter.

Además, con los ajustes de hombres (sacó a Felipe Baloy y Diego Martínez, quienes lucieron desconcentrados, y mandó a la cancha a Severo Meza y Sergio Santana) y de postura táctica, le cambió la cara al equipo, que salió a comerse al Cruz Azul y encontró pronto el empuje anímico que necesitaba, pues apenas al 47′ acortó a 3-2.

Meza llegó al fondo por el lado derecho y envió un centro diagonal al área, que Suazo conectó con un preciso toque raso que entró a la izquierda de Jesús Corona, para revivir al Tec.

Entonces, Rayados tomó el mando del partido, acorraló a la Máquina y encontró el 3-3 al 71′. En conexión con Meza, Osvaldito Martínez, quien minutos antes había relevado a Jesús Arellano, (por quien había apostado Vucetich como sorpresa, pero confirmó que no está en forma), entró por la derecha y envió un centro que a primer poste conectó con la cabeza Santana y mandó el balón al fondo de las redes, ante la mal salida de Corona, convirtiendo el Tec en un manicomio.

Ante una Máquina que lucía entregada y descompuesta, Rayados fue por el juego. Y lo consiguió.

Un balón a profundidad lanzado por Aldo De Nigris fue perseguido por Osvaldito, quien se lo ganó a Corona cuando lo iba a tomar con las manos, y Suazo lo anidó para decretar el 4-3 a los 88′.

Así el Tec vivió una noche épica y festejó un triunfo que bien puede valer el título, pues ahora los Rayados tienen la fuerza anímica de su lado.

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