Jamaica, Destino Paradisiaco!

…En Pareja o en Familia, la estancia siempre es UNICA!

Jamaica.- Su nombre es Robinson y sonreía, es taxista en Montego Bay y habló durante unos segundos sin que yo pudiera entender una sola palabra.

“Te estoy diciendo que a dónde quieres ir”, explicó en inglés.

Me disculpé por no haber entendido y dijo que no había problema.

“Es como hablar inglés, pero a la mitad y con cosas raras”, explicó, “es patois: pi, ei, ti, ou, ai, es: patua, una mezcla de inglés con afrikaans; ahora ya sabes algo de Jamaica”, añadió y sonrió de nuevo.

“El lenguaje de los pobres”, explicó.

Luego intentó en un español deficiente: “pero ¿a dónde quieres ir?”.

Le pedí que no me llevara a un lugar usual para turistas, que me llevara a un lugar de su preferencia.

“El Blue Beat”, respondió sin pensarlo, “un lugar de jazz, pequeño, confortable, no es caro, tranquilo”.

Al llegar al Blue Beat me recibió un hombre grande y corpulento, vestido de negro, sin cabello, serio. Robinson habló con él y no volví a entender nada, de nuevo el “patois”, ya me lo habían hecho en las recepciones de los hoteles, cuando se comunicaban entre recamareras, ya me lo habían hecho los maleteros.

El hombre grande, corpulento, vestido de negro, sin cabello y serio abrió la puerta del bar y emitió una frase estándar: “First time in Jamaica, sir?”. Asentí. “Hope you enjoy it, sir!”, dijo.

Robinson dijo que el lugar no permanecía abierto mucho tiempo, si acaso hasta la medianoche, por lo que regresaría por mí a esa hora.

Definitivamente hay muy buenos músicos en Jamaica, pues los pocos shows que había presenciado, espectáculos de hotel, que suelen ser regulares, habían estado compuestos por buenos músicos, en especial por voces femeninas privilegiadas.

Me impresionaron las voces de la chica de nombre impronunciable del Sandals, y las de las mujeres del Coral Cliff (una especie de Rainforest, pero con un pequeño casino y un bar con una pared hecha de puro hielo) que cantaban reggae maravillosamente. También me impresionó la mujer del Swept Away, en Negril, que a todos arrancó ovaciones por su hermosa y potente voz.

Y justo en el Coral Cliff fue que al salir me despedí en inglés del trombonista de la banda y me respondió en español.

“Soy cubano”, me dijo, “y tú mexicano”. Resulta que fue a un festival de jazz a Jamaica y decidió quedarse en la isla. “Pero en un año me voy para México; aquí hay buen jazz, pero no hay salsa, lo demás es reggae, ska, dance hall; esto no es de ánimo latino”, lamentó.

Por suerte yo ya estaba familiarizado con los ritmos locales; el día anterior, la chica del Half Moon Hotel me había explicado.

“El ska es de nuestros abuelos, el reggae de nuestros padres, ahora lo que suena es el dance hall”, explicó.

Entonces entendí por qué la noche anterior, cuando en el Sandals solicité una canción de los Skatalites, la chica de 16 años y hermosa voz abrió sus grandes ojos y dijo que hacía mucho que no escuchaba esa canción. Robinson fue por mí al Blue Beat a la medianoche.

En mi estancia fue difícil identificar qué era lo que resultaba particular de varios de los hoteles en Jamaica hasta que la obviedad se impuso: en la mayoría sólo había parejas jóvenes. Jamaica es un destino lunamielero.

Hoteles como Sandals, en White House y Montego Bay, o Swept Away, en Negril, sólo aceptan parejas; instalaciones y actividades están enfocadas en que la estancia en Jamaica resulte inolvidable. Pero hay hoteles, por ejemplo, en los que sólo se aceptan familias. Cuentan con servicios de nanas y cuartos de juego repletos de consolas X-Box.

También hay hoteles convencionales, resorts muy grandes en los que el turismo mexicano no es nada común; al contrario, representa una anomalía en las estadísticas, según relataron personas encargadas de hoteles como el Riu o el Half Moon.

La modalidad más común es la del “all inclusive”, y la mayoría de los hoteles cuentan con servicios de gimnasio, tenis e instalaciones de spa. El Half Moon cuenta incluso con un campo de golf.

En pareja o en familia, la estancia en Jamaica es única.

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