Jóvenes, mujeres y gays en el poder: la revolución  silenciosa del nuevo gobierno de Costa Rica

Jóvenes, mujeres y gays en el poder: la revolución silenciosa del nuevo gobierno de Costa Rica

la revolución silenciosa del nuevo gobierno de Costa Rica

El joven Carlos Alvarado Quesada asumió este martes la Presidencia de Costa Rica con un sonoro mensaje de inclusividad y de cambio generacional. A sus 38 años, por debajo del promedio de edad de los ciudadanos costarricenses (42 años), este periodista y politólogo de discurso progresista y tolerante comenzó un gobierno rodeado de un equipo de ministros procedentes de distintos partidos y con una presencia femenina mayoritaria.
Cinco semanas después de haber derrotado en las urnas al predicador evangélico Fabricio Alvarado en una campaña polarizante, Alvarado comenzó este 8 de mayo su cuatrienio de “gobierno nacional” o “gobierno del bicentenario”, como lo ha llamado para preparar la celebración de 200 años de la independencia de Costa Rica, en septiembre de 2021. El acto de traspaso de poderes se celebró en un espacio abierto de San José llamado “Plaza de la Democracia” en un clima político apaciguado, distinto al que se vive en el resto de Centroamérica.
“Es un gobierno que tiene la primera vicepresidenta afroamericana de Latinoamérica; un gobierno que ha hecho realidad, y excedido, la aspiración de tener el primer gabinete paritario, y que además es multipartidista y de visiones y orígenes plurales para reflejar la visión que tenemos de que esta patria nos pertenece a todos”, dijo Alvarado en su discurso.
El protocolo establece que la banda presidencial la coloca al nuevo mandatario quien ejerce la Presidencia de la Asamblea Legislativa, que también renueva sus 57 integrantes cada cuatro años. En este caso, esa tarea la hizo una mujer aún más joven que Alvarado, pues los nuevos diputados eligieron este martes a la abogada de 35 años Carolina Hidalgo, la tercera mujer en la historia de Costa Rica en presidir el Congreso.
Hidalgo (una atleta que suele transportarse en su bicicleta plegable) es miembro de la pequeña bancada oficialista del Partido Acción Ciudadana (PAC), que tiene solo 10 de 57 diputados. Por ello deberá compartir el órgano director legislativo con diputaciones de otras tres bancadas. La palabra “multipartidismo” caracteriza la tendencia política en Costa Rica desde 2014 cuando, después de décadas del bipartidismo, resultó electo el actual presidente, Luis Guillermo Solís, por el partido Acción Ciudadana.
Carlos Alvarado fue ministro de Trabajo en el gobierno de Solís. Sin embargo, llega con señales distintas a las de su antecesor. La principal es la designación de ministros y ministras de distintos sectores. La apuesta es casi riesgosa, pues designó como ministro de la Presidencia a su exrival en la contienda presidencial Rodolfo Piza, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC, centro derecha), quien ocupó el cuarto puesto en la 1ª ronda electoral, el 4 de febrero. El nuevo mandatario, ajeno a las dinámicas políticas pasadas, ha querido simular un sistema “semiparlamentario” para intentar sobreponerse a los entrabamientos políticos que han afectado a los gobiernos recientes.
Las diferencias ideológicas o generacionales han quedado de lado. “Es el primer gobierno costarricense pos Guerra Fría”, dijo el político veterano Ottón Solís, que fundó el PAC meses después del cambio de milenio. Aunque los críticos se preguntan por las dificultades para sintonizar distintas visiones, sobre todo en materia económica, la mayoría de comentarios aplauden el esfuerzo por integrar a distintos sectores y colocar a mujeres en puestos de poder.
La economista Epsy Campbell, además de ser la primera afrodescendiente en asumir una Vicepresidenta en América Latina, tendrá a su cargo el Ministerio de Relaciones Exteriores, que tampoco había estado nunca bajo el mando de una mujer o de una persona negra. También es la primera vez en que un gobierno comienza sin un varón en el cargo de ministro de Hacienda; Rocía Aguilar una abogada cercana al sector bancario y excontralora de la República, ajena al PAC, asumirá tareas determinantes para este gobierno por la crisis fiscal que vive el país, con un déficit que llegaría a 7% del PIB este año.
Otra designación relevante es la de Dyalá Jiménez Figueres como ministra de Comercio Exterior. Ella es nieta de José Figueres Ferrer, el político más influyente del siglo XX y fundador del partido más histórico Liberación Nacional (PLN) y compartirá con el excandidato presidencial del rival PUSC, Piza, y con la nueva ministra de Condición de la Mujer, una socióloga feminista y descendiente llamada Patricia Mora, sobrina del referente del comunismo en Costa Rica, Manuel Mora. Nadie habría pronosticado un conjunto así en el Ejecutivo.
Este 1º de mayo también comenzó funciones el diputado Enrique Sánchez, nominado por Carlos Alvarado como el primer candidato legislativo “abiertamente homosexual”. Con su traje negro y un pañuelo representativo de la bandera del orgullo LGBTI, Sánchez ocupó su escaño cerca de los 14 congresistas del partido evangélico Restauración Nacional, cuyo discurso homofóbico encarnó en campaña el candidato Fabricio Alvarado. “Son símbolos potentes que reflejan dos cosas a la vez: que los nuevos tiempos están llegando a nuestra sociedad y todo el trabajo pendiente para ser un país realmente inclusivo e igualitario”, decía el legislador.
Los nuevos integrantes del Congreso tienen un promedio de edad de 45 años, cinco menos que los anteriores. Además, la mayor representación femenina en la historia (26 escaños, el 45%) debido en parte a obligaciones legales aprobadas en años recientes.
Voces de todos los bandos exaltan el progreso en la representación política de mujeres, jóvenes y otros partidos, pero también esperan que esta transformación política dé respuesta a los problemas fiscales (deuda equivalente a la mitad del PIB), al deterioro de la equidad social y de la seguridad (12 homicidios por cada 100,000 habitantes), o al estancamiento de la infraestructura y de la pobreza (20%), además de un desempleo que llega casi al 10%. Aunque la economía crece cerca de 3%, por encima del promedio de América Latina, y los índices sociales siguen siendo superiores en la región, las demandas ciudadanas ponen presión a las nuevas autoridades y al sistema, como se pudo ver en la campaña electoral con manifestaciones de autoritarismo y extremismo religioso.

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