Juez Federal le asesta un golpe a DACA, pero llega la hora para una solución permanente

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En la vida hay momentos transformadores, como aquel día cuando yo estaba en la escuela superior y descubrí que era indocumentada y me entró un sentido profundo de miedo, un sentimiento que nunca antes había experimentado. Temor no solo por mi futuro, sino por el de mi familia. Cuando me convertí en beneficiaria de DACA (otro de esos momentos transformadores) sentí cómo el miedo se alejaba. La cruel realidad es que mi vida lleva años en el limbo. Junto con jóvenes inmigrantes fuertes y con resiliencia he luchado con todo lo que tengo para proteger programas como DACA, ya que le brinda paz mental a cientos de miles de seres humanos que llaman casa a este país.
Hoy, una vez más, ha vuelto ese mismo temor que sentía hace años, cuando estaba en la secundaria. Andrew Hanen, un juez federal de Texas, declaró que DACA es ilegal. Esta decisión nefasta prohibirá por ahora, solicitudes nuevas de DACA y dejará a cientos de miles de personas jóvenes elegibles a este programa sin protecciones frente a la deportación y sin autorización para trabajar. Decenas de miles de jóvenes cuyas aplicaciones han sido presentadas, pero que están atascadas en una lista de espera de meses, verán sus sueños rotos por esta decisión. Es más, el Juez Hanen dejó claro que las renovaciones pueden continuar, por ahora, subrayando la urgencia de que el Congreso actúe.
Aunque su decisión no es una sorpresa -en el 2018 el juez Hanen declaró que DACA probablemente era ilegal y acabó con un programa de la era de Obama para proteger de la deportación a los padres de estadounidenses- esta tendrá un efecto inmediato y devastador sobre personas jóvenes inmigrantes, quienes como yo, esperaban obtener las protecciones de DACA y la elegibilidad para trabajar legalmente en el país al que llamamos nuestro hogar.
Crecí en un Estados Unidos muy similar al de ustedes. Todavía recuerdo la primera vez que fui a un juego de béisbol y comí filetes de pollo y papitas fritas, y recuerdo cuando tocaba el clarinete en mi banda escolar mientras marchaba en la parada del Día de la Recordación en mi pequeño pueblo de Connecticut. También recuerdo las “pijamadas” con mis amistades y las noches que comprábamos pizza en la pizzería local antes de ver una película en el pequeño cine local. Pero lo que es más importante: recuerdo la sonrisa en el rostro de mi madre mientras yo desfilaba por el escenario para recibir mi diploma universitario el día que me gradué de la escuela superior. Sacrificó todo lo que tenía para venir acá: su familia, su carrera y su país. Sus sacrificios no serán en vano. Mi sueño americano no es distinto al suyo. NUESTRO sueño americano no es distinto al de ustedes.
Es hora de tomar acción, no de desesperanzarse. El Congreso puede y debe proveer protecciones inmediatas y permanentes para los beneficiarios de DACA, de TPS y los once millones de miembros resilientes de nuestra querida comunidad indocumentada que han hecho de este país su hogar. Llegó la hora de poner manos a la obra.
Permitir que los jóvenes inmigrantes como yo permanezcamos en Estados Unidos y conseguir una vía a la ciudadanía tiene el apoyo de más del 80% de estadounidenses, incluyendo a dos tercios de los republicanos. Sin embargo, el Congreso se ha mantenido dividido e inamovible a la hora de proteger a la juventud inmigrante en los últimos veinte años. Por demasiado tiempo nuestros familiares – nuestros padres, tíos y abuelos – han sido dejados atrás con promesas vacías de políticos y de agencias de gobierno.

Entre esos hay más de cinco millones de trabajadores esenciales indocumentados que trabajan todos los días para ayudar a salvar vidas estadounidenses durante una pandemia mortal mientras están bajo la amenaza constante de ser deportados. Esto incluye a doscientos mil beneficiarios DACA que trabajan en industrias esenciales. Han estado en las primeras líneas de los hospitales y de los mercados, y han trabajado tras bastidores en los servicios de alimentos, de logística y otros empleos de los que todos dependemos. Todo esto lo han hecho mientras este caso inminente en los tribunales sigue llenando nuestras vidas con incertidumbre y ansiedad. Esencial no debería significar indispensable. No hay recuperación exitosa del covid-19 sin proveer una vía a la ciudadanía para estos trabajadores esenciales. Merecen más que nuestros halagos. Merecen que los protejamos.
Espero con ansias el día que pueda despertarme en el país que he llamado mi hogar desde los cinco años sin sentir miedo a ser deportada, el día en el que millones de personas indocumentadas que componen nuestra sociedad por tantos años puedan despertarse con un poco más de tranquilidad. Merecemos la oportunidad de vivir una vida digna y sin miedo. Independientemente del fallo de hoy del juez Hanen, estamos fortalecidos en nuestra existencia y en nuestra seguridad de que merecemos una vía a la ciudadanía.
A los Estados Unidos se le conocen como “la tierra de los libres”, pero el miedo y la libertad no pueden ir de la mano. Este nuevo Congreso y presidente no tienen excusas y deben brindar alivio inmediato este año para las comunidades inmigrantes. Solo al hacer que once millones de inmigrantes se sientan seguros podremos llamarnos un país verdaderamente libre.

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