La arriesgada huida de 200 jóvenes de las balas de  los paramilitares en Nicaragua: Fue la única Salida

La arriesgada huida de 200 jóvenes de las balas de los paramilitares en Nicaragua: Fue la única Salida

Su arriesgada huida

El grupo de ‘El Lobo’ tuvo que replegarse a las cuatro de la tarde. El avance de los paramilitares era letal. Ráfaga tras ráfaga contra ellos. La resistencia detrás de la barricada con morteros y bombas de contacto artesanales era inefectiva. Estuvieron escondidos en una casa valorando las rutas de escape. Solo había una: bajar a la Laguna de Masaya, situada al pie del volcán, y sortear sus empinados farallones de hasta 100 metros de altura.
La ciudad fue invadida por paramilitares y policías del gobierno de Daniel Ortega el pasado martes para cumplir uno de los objetivos finales de la denominada “operación limpieza”” quebrar el tranque ciudadano del barrio indígena de Monimbó, uno de los que más resistió en Nicaragua a las embestidas armadas.
La “limpieza” de Monimbó fue una de las operaciones más fuertes de los paramilitares y policías. Alrededor de 800 efectivos armados rodearon el barrio. Los ciudadanos sabían que el ataque era inminente y sería ejecutado antes del 19 de julio, cuando Daniel Ortega celebró el 39 aniversario de la Revolución Sandinista y declaró que “la batalla por la paz” había sido ganada. Por esa razón, los rebeldes redoblaron esfuerzos preparando municiones artesanales. Los enfrentamientos fueron cruentos. Duraron más de seis horas, y dejaron al menos cinco muertos. ‘El Lobo’ y su grupo no son originarios de Monimbó. Pertenecen a los barrios norteños de Masaya, pero decidieron apoyar al aguerrido barrio indígena, cuna de la insurrección contra la dictadura de los Somoza y estandarte actual de la rebelión cívica contra la administración sandinista.
A simple vista, ‘El Lobo’ es un tipo intimidante como su seudónimo. Rasgos pronunciados y una barba que se ha tupido en estos meses de resistencia en las trincheras que le da un aire de guerrillero de montaña. Pero es un joven profesional de hablar plácido, amable, que revisa constantemente su iPhone. Él es uno de los líderes del grupo de 25 chavalos que decidieron bajar a la laguna. En medio del tiroteo, los jóvenes pensaron que, como los policías y paramilitares no eran de Masaya, no conocían la ruta y les resultaría difícil seguirlos, según le relató ‘El Lobo’ a Univision Noticias. “Sabíamos que iba ser difícil, pero era la única salida de escape”, afirma.
Los jóvenes de la zona, como ‘El Lobo’, están habituados a la laguna. El cono invertido de origen volcánico colinda con muchos barrios que encuentran en sus aguas sustento alimenticio: pequeños peces mojarras y guapotes, endémicos de estas aguas, cuyo consumo no es recomendado. La Laguna de Masaya está contaminada. En sus abruptas laderas hay basureros. Las aguas residuales que caen han erosionado la roca volcánica dando forma a cascadas fétidas. Pese a su atractivo visual, esta laguna no tiene actividad turística. En parte también por lo salvaje de sus formas. No posee costas y sus laderas cratéricas son tan empinadas, que descenderlas presenta un reto incluso para alpinistas profesionales. A lo largo de la historia, desde tiempos precolombinos, los habitantes de Masaya han tallado gradas en los bajaderos para facilitar el acceso vertical. Pero nadie ha trazado caminos horizontales en las escarpadas laderas. Es zona virgen e indómita.
Cuando ‘El Lobo’ llegó con sus colegas al bajadero de Monimbó encontraron a otros grupos de rebeldes que habían tomado la misma decisión. Según otros jóvenes con los que conversó Univision Noticias, pero que pidieron anonimato por seguridad, eran alrededor de 200 personas los que descendieron. Los paramilitares comenzaron a seguirlos y ellos bajaron de inmediato. Aunque si se mide en línea recta, la distancia que el ‘El Lobo’ debía recorrer desde Monimbó hasta su barrio era de menos de 4 kilómetros, el trayecto se convirtió una travesía dolorosa y complicada que duró seis horas.
“No podíamos ni ver donde pisábamos”
Al principio del repliegue, ‘El Lobo’ estaba enérgico. Empujaba a sus compañeros a acelerar el paso antes de que el sol se ocultara. Pero pronto perdió impulso. El grupo no llevaba ni agua ni focos para alumbrarse. La mayoría de los celulares se descargaron y solo uno quedó encendido. Pero era una dispositivo valioso para comunicarse. No podían usarlo para alumbrar.

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