La burla de Donald Trump a una víctima de agresión  sexual “perpetúa el miedo y el silencio” de miles

La burla de Donald Trump a una víctima de agresión sexual “perpetúa el miedo y el silencio” de miles

Burla

Expertos en acoso sexual advierten de los efectos que tiene en las víctimas que un presidente salga públicamente a desatar burlas y carcajadas sobre el testimonio de una mujer agredida sexualmente.
“Indeleble, en el hipocampo, es la risa de ellos dos”, contestó con la voz temblorosa la profesora Christine Blasey Ford ante el Comité Judicial del Senado cuando le preguntaron por el recuerdo más vívido de esa noche, 36 años atrás, en la que ella asegura fue agredida sexualmente por Brett Kavanaugh mientras su amigo Mark Judge era testigo.
“Que se estuvieran divirtiendo a mis expensas”, insistió.
“Se reían el uno con el otro. Yo estaba debajo de uno de ellos mientras los dos se reían. Dos amigos teniendo un gran momento juntos”, dijo inesperadamente la mujer, sin evocar un instante preciso de violencia física ni sexual infringida sobre ella, sino confesando la mayor herida en su memoria: el sonido de las risas de sus agresores.
Como si el dolor infringido por esas risas no hubiera sido suficiente, como si el acto de dos hombres disfrutando del sufrimiento de una mujer no fuera conmovedor en el testimonio de una víctima que habla bajo juramento, el presidente Donald Trump, en el mitin del martes en Mississippi, quiso darle a la profesora Ford un poco más de esa risa. Con la personificación y ridiculización del discurso dado por la profesora de psicología ante el Comité Judicial del Senado, hasta desató aplausos y silbidos en su audiencia.
El problema con las carcajadas de Trump y sus seguidores en Southaven no solo es el impacto que su gesto hace en la propia historia de Christine Blasey Ford. Es, como advierten los expertos en violencia sexual, el miedo y la vergüenza que ese gesto público esparce entre otras víctimas que quizás no han tenido la valentía para denunciar.
“Cada vez que una víctima o un sobreviviente oye a alguien minimizar una denuncia de violencia sexual o burlarse de lo ocurrido, eso intimida aún más para que las víctimas no hablen y no reporten a su agresor. No hay que olvidar que vivimos en un sistema en que ya de entrada las víctimas se ven con sospecha y como culpables”, dice tajante Tracy DeTomasi, directora ejecutiva de la organización ‘No More’ (‘No más’).
“Las víctimas no hacen reportes por el estigma que hay sobre ellas. Cada vez que una historia de agresión sexual es desvalorada, es usada para burlas o ataques, perpetuamos las razones por las que esos sobrevivientes deciden seguir en silencio. Si esa burla se hace de manera pública y por alguien prominente los efectos son tremendos”, sentencia por su parte, Laura Palombu, directora de comunicaciones del Centro Nacional de Investigación en Violencia Sexual.
La recurrente táctica de Donald Trump de entretener a la audiencia que lo sigue en sus eventos de campaña esta vez fue usada para deslegitimar el testimonio de una víctima de acoso sexual, con el agravante de que las cosas que resultan graciosas para el presidente son, de hecho, elementos constitutivos de la vivencia del trauma que experimentan aquellos que han sido agredidos sexualmente.
¿Por qué se ríen de que la profesora Christine Blasey Ford solo recuerde algunos detalles, como el que expuso Trump de haber bebido una sola cerveza?
“He oído a cientos de sobrevivientes de agresiones sexuales y ellos pueden darte detalles extraordinarios de una cosa específica, un sonido, un objeto que estaba en el cuarto, el olor del perpetuador, la lámpara o el tapete que veían mientas eran agredidos. Son cosas que se quedan pegadas en la memoria y que seguramente están relacionadas con su sensación de pérdida absoluta de poder”, explica DeTomasi, quien añade: “A la vez, es extremadamente común que las víctimas tengan pérdida de memoria. El trauma impacta de tal manera el cerebro que incluso transforma la manera como se procesan y almacenan las historias. Es muy común que las víctimas no recuerden detalles generales porque seguramente antes del evento eran completamente irrelevantes y despreciables”.
¿Por qué resulta indignante y sujeto de burla que la jovencita de 15 años que dice haber sido agredida en una fiesta hubiera hecho su denuncia 36 años después si, según RAiNN, solo 20% de las mujeres atacadas en sus épocas escolares denuncian que han sido agredidas?
En la parodia de Trump parece insinuarse que la mujer que ha acusado al juez Brett Kavanaugh solo sabía que había tomado una cerveza, pero, en realidad, durante la audiencia, aunque hubo muchos detalles que ella no pudo especificar como, por ejemplo, cómo fue que llegó a esa casa y cómo se fue de ella, hubo otros que a pesar del olvido de Trump ella sí recuerda: “ Estoy 100% segura de que fue Brett Kavanaugh”, dijo Ford ante los senadores.
Así como las risas de su atacante y su cómplice han revisitado la memoria de la profesora Christine Blasey Ford por décadas, así las risas de Trump visitarán una y otra vez la memoria colectiva de un país que, como dicen los expertos, “sigue sin crear un ambiente seguro para que las víctimas de agresiones sexuales se sientan a salvo y quieran denunciar a quien las atacó”.

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