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Latinos en Estados Unidos: una realidad que impone su cara morena

Uno de cada 10 habitantes de Estados Unidos no es nativo del país y más de un tercio de ellos proviene de Latinoamérica, una proporción sólo superada durante la segunda etapa de la formación poblacional de esta nación, en 1890, cuando se registró un 15 por ciento de inmigración desde Europa.

Un reporte de la Oficina del Censo del Departamento de Comercio titulado “The Foreign-Born Population in the United States” revela que 28.4 millones de los residentes en el país son inmigrantes, lo cual representa el 10 por ciento de la cifra total de población computada en el Censo 2000.

A diferencia de lo sucedido a finales del siglo XIX, cuando se canalizó una fuerte inmigración caucásica europea hacia Norteamérica, la corriente actual es étnicamente muy diferente: más de un tercio de los actuales inmigrantes son latinos, en su mayoría mexicanos y un cuarto del total son asiáticos.

El reporte, compilado por Lisa Lollock, actualiza uno similar de septiembre de 1999 y establece comparaciones entre la población nativa y la inmigrante en cuanto a edades, status económico, educacional y marital y su distribución geográfica.

Las regiones del Noreste y el Oeste son las más favorecidas por los inmigrantes: más de 6 de cada 10 se radican en esas dos regiones, mientras menos de 4 entre 10 nativos permanecen viviendo en ellas. Los recién llegados aportan la variable de crecimiento poblacional registrado en esas regiones, por la oportunidad de trabajos que no suelen hacer los nativos.

Por otra parte, los latinos, prefieren vivir en áreas urbanas. Un 45 por ciento de ellos habita en las ciudades, mientras que solamente 28 por ciento de los norteamericanos lo hace.

El informe refleja claramente los problemas existentes con la situación migratoria de los más recién llegados: antes de 1970, 8 de cada 10 inmigrantes se convertían en ciudadanos norteamericanos; pero sólo 1 de cada 10 que han venido en los años 90 lo ha logrado.

Evidentemente, no es falta de interés de los emigrantes para legalizar su permanencia en el país, sino que las últimas oleadas acarreadas hacia el Norte del continente tras la convulsa década del 80 en América Latina provocaron un endurecimiento de las leyes migratorias, lo cual no desestimuló el flujo de inmigrantes, pero los convirtió en ilegales.

El cruce de los “espaldas mojadas” desde México, cruelmente reprimido no sólo por las autoridades fronterizas, sino por los residentes de esa zona y las arriesgadas operaciones de tráfico humano desde los depauperados países centroamericanos, azotados por varias décadas de conflictos armados internos, ha subido la cuenta de los que entran, pero no pueden legalmente acreditar su entrada a este país.

Eso no disminuye la influencia creciente que va adquiriendo, en términos de peso socio-político, una comunidad hispana con los mayores índices de juventud (80 %) entre el promedio total, y con la más alta tasa de reproducción pues más de la mitad de las familias hispanas suelen tener dos, tres hijos, o más.

Estimados oficiales indican que para el año 2050 la población de origen hispano alcanzará los 96 millones: un cuarto del total nacional y un crecimiento de más del 200 por ciento en menos de un siglo.

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