Masaya, la ciudad que se rebela para ser el primer  “territorio liberado” de Ortega en Nicaragua

Masaya, la ciudad que se rebela para ser el primer “territorio liberado” de Ortega en Nicaragua

Territorio Liberado

Desde hace una semana, los ciudadanos tienen sitiada la estación policial de Masaya, una ciudad ubicada a 20 millas al sur de Managua. Los vecinos que resguardan las trincheras esperan que esa localidad pueda proclamarse el primer “territorio liberado” en Nicaragua, algo que podría ser un paso significativo después de ocho semanas de protestas antigubernamentales.
Mientras que el país espera la respuestas del presidente Daniel Ortega Ortega a la propuesta de diálogo de los obispos, siguen surgiendo brotes de violencia en todo el país que está paralizado por los tranques, al menos 125, según estiman los líderes campesinos.
En Masaya ya no hay autoridades del gobierno de Daniel Ortega. La alcaldía municipal fue desmontada y el edil, Orlando Noguera, ha desaparecido. Las instituciones estatales están clausuradas y la treintena de oficiales dirigidos en persona por el comisionado general Ramón Avellán, subdirector de la Policía Nacional, es el último reducto de autoridad. Sin embargo, el poder policial sigue siendo letal.
Desde los tejados, antenas y árboles los francotiradores abren fuego contra los manifestantes que, armados de piedras y bombas artesanales, exigen la rendición de los oficiales para poder declararse “territorio liberado” totalmente. Pero no han podido avanzar más allá de las últimas dos cuadras que rodean el cuartel. Los policías repelen el ataque con balas de alto calibre que dejan orificios pronunciados en las paredes, y heridas fatales en las víctimas.
Los ciudadanos que resguardan las trincheras son positivos pese a que en la tarde de este domingo enterraron a Cristian Gutiérrez Ortega, un vecino que aseguran que fue asesinado por un francotirador en la refriega del día anterior.
Gutiérrez Ortega tenía 60 años. En su juventud se insurreccionó contra la dictadura somocista en Masaya. Sobrevivió la represión de la anterior dinastía familiar pero no a la de Daniel Ortega y Rosario Murillo. La bala perforó su pecho a la altura del corazón.
Pese a que triplica la edad a la mayoría de los jóvenes que se manifiestan, Gutiérrez Ortega participaba desde hace semanas en la rebelión cívica contra el régimen Ortega-Murillo. Masaya es un bastión sandinista que se le volteó a su “comandante-presidente”. La osadía le ha costado a la ciudad una brutal represión por parte de la policía y los grupos paramilitares que la tiene hecha jirones. Masaya es una ciudad de actividad comercial pujante, pero los saqueos —que los ciudadanos atribuyen al régimen como estrategia de terror para deslegitimar su lucha— devastaron la infraestructura pública y privada. Los masayas se hartaron.
Organizaron comités de auto defensa ciudadana y redoblaron la construcción de trincheras de adoquines. Cada barrio, cada cuadra erigió barricadas y al día de hoy la ciudad está trancada. Más de 200 murallas enarboladas por banderas de Nicaragua cortan el paso vehicular. Los ciudadanos se han organizado y controlan con rigor el pase de motocicletas. La estrategia ha resultado. Los saqueos se acabaron, los grupos paramilitares recularon y los oficiales antimotines están sitiados.
Los enfrentamientos se han concentrado en la zona de la Iglesia de San Miguel, cerca de la estación policial. Los oficiales en ocasiones salen del cuartel a disparar contra los manifestantes. Aunque los rebeldes los superan en número, la ferocidad de las armas policiales los repliega. Pero desde hace unos días, los antimotines no salen de la estación. Para los ciudadanos es cuestión de días para que “se rindan” porque el suministro de alimentos ha sido cortado para “los guardias”.
Para llegar a Masaya hay que atravesar una veintena de tranques desde Ticuantepe, quince kilómetros antes de la ciudad. Los únicos vehículos que pueden pasar son ambulancias y heridos de la represión, además de camiones repartidores de alimentos. También los medios de comunicación, pero en cada pase los vehículos son requisados por los ciudadanos. “Es por seguridad de nosotros y de ustedes”, excusa a Univision Noticias un joven encapuchado con un mortero artesanal en la mano. La carretera está repleta de pequeños retenes formados por piedras y árboles. Hay que conducir con atención: los miguelitos, como llaman a unos objetos puntiagudos para pinchar las llantas de los autos, tapizan el asfalto.
Al ingresar a Masaya, las barricadas aparecen en el horizonte: se suceden una a otra. Los vecinos preparan comida para los puestos que están en vigilancia permanente. En especial, se presta atención a los policías que intentan “pasar vestidos de civil”. La tarde de este domingo, Univision Noticias presenció en el tranque de Nindirí cuando cuatro cadetes policiales fueron capturados. Intentaban pasar desapercibido en los tranques. Los requisaron y, tras un intenso interrogatorio, los ciudadanos los entregaron a los sacerdotes de Masaya y los defensores de derechos humanos, quienes interceden ante el comisionado Avellán para intercambiarlos por manifestantes apresados.
“Estos hijos de putas van a caer y los vamos a sacar a verga de Masaya”, grita un familiar de Cristian Gutiérrez Ortega en referencia a la policía. El anciano fue enterrado la tarde del domingo al son de filarmónicos que tocaban canciones festivas. Una señal de que Masaya, territorio de gesta aguerrida e insurreccional, resiste la embestida oficial sin doblegarse ante la muerte.
Masaya es la excepción y diálogo trancado
Masaya es la excepción en Nicaragua, donde la represión oficial ha logrado ser neutralizada con efectividad. En el resto del país, la violencia de los paramilitares y la Policía Nacional aumentó este fin de semana.
El pasado jueves, los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, en su calidad de mediadores y testigos del Diálogo Nacional que ha encallado, se reunieron con el presidente Daniel Ortega. La finalidad de la cita fue saber “de la propia boca del presidente si hay voluntad política” para retomar el diálogo y la agenda democratizadora del país, que exige la salida pacífica del régimen.

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