¿Mentiroso u olvidadizo? Qué pasa cuando Donald Trump se desmiente a sí mismo

¿Mentiroso u olvidadizo? Qué pasa cuando Donald Trump se desmiente a sí mismo

Mentiroso y Olvidadizo

La pregunta viene a cuento por dos mensajes que difundió el mandatario la mañana del jueves en los que cuestiona (y cambia) versiones sobre temas que salieron de su propia boca.
Es común ver a Donald Trump desmintiendo permanentemente lo que los medios (al menos esos que él califica de “fake”) dicen sobre cosas que dice o hace, pero no lo es tanto ver que el presidente salga a desmentirse a él mismo, como sucedió por partida doble este jueves.
Este día, muy temprano, el presidente dijo que no había dicho que el despido de James Comey de la jefatura del FBI había sido motivado por la investigación sobre los supuestos vínculos de su campaña con la inteligencia rusa (el ‘ Rusiagate’) o que ABC no se había disculpado por un reportaje erróneo sobre su exasesor de Seguridad Nacional Michael Flynn.

Ambas cosas, de la manera como lo dijo Trump, no son correctas y para demostrarlo están sus propias palabras. Para usar lenguaje legal, a confesión de parte, relevo de pruebas.
Se sabe que el presidente frecuentemente miente, distorsiona la verdad o fuerza los hechos para promover su agenda política o simplemente para ventilar posiciones personales (igual que hacía en sus no lejanos tiempos de magnate inmobiliario). Un trabajo de The Washington Post indica que hasta el 1 de mayo, Trump había dicho 3000 mentiras o falsedades, un promedio de poco más de seis por día desde que llegó a la Casa Blanca. Lo nuevo acá es que el presidente se exponga a ofrecer versiones que lo contradicen a él mismo y que son fácilmente demostrables con una sencilla búsqueda en internet.
Por eso, la pregunta es si Trump incurre en esa conducta por algún tipo de patología, por una peculiar idea de diversión, porque tiene un concepto cínico sobre cómo se debe manejar un político o porque simplemente se olvida de lo que ha dicho antes.
El caso Comey
“!No es que importe, pero yo nunca despedí a Comey por Rusia! ¡Los corruptos medios tradicionales adoran seguir empujando esa narrativa, pero ellos saben que no es verdad!”, escribió el presidente la mañana del jueves.
Quizá importe recordar que fue el propio presidente quien dejó en claro que ese fue el motivo, cuando pocos días después del sorpresivo despido dijo en una entrevista con el periodista Lester Holt de NBC que se deshizo del director de la agencia, independientemente de la justificación original, basada en un reporte del Departamento de Justicia cuestionando la manera como Comey condujo la polémica investigación sobre los mails de Hillary Clinton. Además, el 10 de mayo de 2017, al día siguiente del despido, lo reconoció ante el canciller ruso Sergei Lavrov con quien se reunió en la Casa Blanca.
Si Bob Iger, el presidente de Walt Disney Company, empresa propietaria de la cadena ABC, quisiera responder quizá le recordaría al presidente el tuit que él mandó felicitando a la televisora por la decisión de suspender a Ross por su reporte equivocado en diciembre pasado en el que aseguró que el presidente, siendo candidato, había pedido a Flynn que contactara a Rusia.
El imaginario popular indica que “todos los políticos mienten”, aunque Trump (quien todavía no se considera un político en el sentido tradicional de los que él dice detestar) parece estar llevando la práctica a nuevas cotas
También es curioso que el presidente se haya metido en la polémica que se desató con los comentarios racistas de Roseanne Barr, que forzaron a ABC a cancelar su exitoso programa ‘Roseanne’ y haya hecho que el foco de la atención se desviara del debate sobre el racismo al supuesto tratamiento injusto que el mandatario recibe de los medios de comunicación.
Y sobre todo que lo haga cuando apenas hace dos días tuiteó que “lo sentía” pero que tenía que concentrar sus energías en “Corea del Norte, malos acuerdos comerciales”, la economía y todos esos otros asuntos para los que fue elegido presidente.

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