Mete a tus hijos en Cintura!

El término disciplina no está limitado únicamente al ámbito del castigo, más bien está orientado a enseñar a los niños el arte de la autodisciplina y el comportamiento responsable. Para lograr este aprendizaje, tanto niños como adolescentes necesitan de la dirección de sus mayores para aprender especialmente el dominio de sí mismos, que les facilitará responder con obediencia.

Cuando a los padres o maestros les cuesta disciplinar a los niños, generalmente lo que hacen es quejarse de la conducta indisciplinada y acaban permitiendo que los niños no se esfuercen en sus deberes, repitiéndoles continuamente que son flojos e irresponsables, motivo por el cual la obediencia se debilita y no fortalece la disciplina.

La idea de dejarlos que se salgan con la suya o de hacer las cosas por ellos es algo que se debe eliminar en la educación, ya que los niños florecen y se desarrollan mejor en ambientes de genuino amor y esfuerzo sostenidos por una razonable y consistente disciplina.

En momentos como los actuales, en que sufrimos las consecuencias del uso generalizado del alcohol, las drogas, la inmoralidad, el vandalismo y la violencia, no debemos por ningún motivo permitir la falta de respeto, la haraganería y la vida regida por el placer, porque las consecuencias que estas conductas provocan son de un gran sufrimiento para todos, especialmente para los niños, ya que será el ambiente externo el que se encargará de meterlos al orden y lo más seguro es que no de muy buena manera. Otro gran problema resultado de la indisciplina es la relajación de los valores y la libertad sexual, ya que éste es otro de los juegos que muchos jóvenes juegan ahora, y que han ocasionado embarazos, abortos y enfermedades venéreas que de acuerdo con datos de Estados Unidos han alcanzado proporciones epidémicas, especialmente en los jóvenes.

Como resultado de todo esto, observamos también otro síntoma de desasosiego en los niños y adolescentes que se manifiesta a través de actitudes hostiles y agresivas hacia los padres y los hermanos respondiendo habitualmente con gritos, ofensas y maldiciones sin ninguna consideración.

¿Dónde empiezan los problemas?

Muchas de las dificultades que presentan los adolescentes en la actualidad comenzaron en los primeros años de su niñez, pues hay un periodo crítico en los primeros 4 ó 5 años de la vida del niño durante el cual se pueden aprender actitudes apropiadas para relacionarse con los demás, partiendo precisamente de la enseñanza de las virtudes, como es la capacidad para ser amables, comprensivos y adaptables.

Estas virtudes se han visto disminuidas o extinguidas en la actual generación de niños y adolescentes debido a que han gozado más de la “buena vida” que en ninguna otra época. Han tenido mayores placeres y entretenimientos, mejor comida, más tiempo libre, mayores conocimientos, mejor atención médica, más bienes materiales y más oportunidades. Sin embargo, a pesar de tanta complacencia se les describe como la “generación furiosa” porque al parecer nada los satisface y cada vez exigen más. Todo esto es resultado de no enseñarles la cultura del esfuerzo, pues les dan los gustos y placeres sin merecerlo.

Estudiando las causas de la conducta indisciplinada, psicólogos y maestros han encontrado que el apropiado control de los niños puede hallarse en la aplicación del sentido común, que viene a ser la clave para educar, ya que si se aplica, los niños aprenden la regla: “Primero hago lo que debo y luego lo que quiero”.

El respeto hacia los padres

La importancia de que el niño aprenda a respetar a sus padres es como la columna vertebral y fijará las bases para su actitud hacia los demás, y de esto se desprende que pueda respetar por igual a la autoridad escolar y más tarde a la autoridad laboral y legal.

La relación padre-hijo es la primera y más importante acción recíproca social en la que participa el niño, razón por la que ésta debe quedar bien cimentada y delimitada teniendo bien claro que la disciplina se aprende a través de saber obedecer y esto se desarrolla desde los 2 años.

Otra razón igualmente importante de fomentar el respeto de los hijos a los padres es que desarrollarán admiración hacia sus progenitores, lo que les permitirá aceptar los valores por imitación y convencimiento.

Entendiendo con esto que el respeto se gana, no se impone, ya que no es de aplicación unilateral, y debe actuar como una calle de doble sentido, es decir, yo te trato con respeto y tú me tratas con respeto.

Una madre no puede esperar que su hijo la trate con dignidad, si ella a su vez no se comporta de la misma manera, pues si no es cuidadosa de no lastimar la autoestima del niño y desvirtúa los castigos con gritos, ofensas y golpes, lo único que obtendrá es una respuesta con la misma agresividad aniquilando absolutamente el aprendizaje del valor del respeto en su hijo.

Diferencia entre papá y mamá

Los niños son especialmente perceptivos y pueden reconocer con facilidad la diferencia de personalidad entre el papá y la mamá. Saben muy bien quién es el fuerte y quién es el débil logrando obedecer “a la primera” a uno y desesperando hasta rendirse al otro.

La educación dispareja por parte del papá y la mamá es uno de los factores importantes a rectificar para enseñar la disciplina en los niños, ya que estas diferencias los confunden profundamente y no fortalecen su aprendizaje de la obediencia. No son pocos los casos en los que la mamá comenta que su hijo no le obedece, pero en cuanto llega el papá de inmediato hace lo que tiene que hacer, o, al contrario, con la mamá entra en las reglas y al llegar el papá hace con él lo que quiere.

Y no sólo eso, sino que lo justifica debido al poco el tiempo que pueden convivir, echando por la borda toda la buena labor de disciplina por parte de la madre.

Comportamiento de un niño indisciplinado

Cuando los niños se comportan de manera indisciplinada, aunque no tengan problemas físicos ni emocionales, estamos hablando de un niño que puede manifestarse quejumbroso y manipulador, exigente, frecuentemente hace berrinches cuando se le niega algo, causa discordia entre los grupos, y no acepta que se le diga NO. Estos niños por lo general al crecer pueden ser antisociales, influenciables, irresponsables, egoístas, negativos y se rigen por el principio del placer. Lo que necesitan son ¡límites!

Para fijar los límites se requiere fortaleza para no flaquear y mantenerse firme a los caprichos del niño, esto va a requerir la aplicación de la frustración, que es indispensable para la formación del carácter.

Tienen que aprender a esperar aún en la necesidades básicas, como comer dormir y jugar estableciendo tiempos y reglas además de vigilar que se cumplan.

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