“Si no fuera por DACA no estaría aquí”

“Si no fuera por DACA no estaría aquí”

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Para Luis Juárez, maestro de quinto grado en Dallas, Texas, el último año ha tenido un impacto psicológico muy fuerte en él. No sabe cuántos años más podrá seguir como profesor, porque su permiso de DACA, que lo ampara de la deportación, expira en agosto del otro año, aunque el programa sigue vivo por ahora gracias a las cortes.
“ DACA me ha abierto tantas puertas … me ha dado las alas para volar porque si no fuera por DACA no me podría parar al frente del salón todos los días”, dijo Juárez en una entrevista en la página oficial del Distrito Escolar de Dallas, Dallas ISD. “Estoy aquí y me siento bendecido por estas oportunidades, siempre con DACA en el fondo. Si no fuera por DACA no estaría aquí”, recalcó.
Juárez ve lo positivo de la situación: “Soy un joven profesional con una carrera, pero también soy indocumentado… eso me ha dado herramientas muy importantes que he podido compartir con las familias”.
Ese es uno de los papeles tan importantes que puede cumplir un maestro hispano en su comunidad. A pesar de que la población estudiantil hispana continúa creciendo y ahora es 25% de la población estudiantil del país, tan solo 7% de los maestros son hispanos. Esta disparidad tiene un efecto enorme en los estudiantes latinos: cuando los estudiantes no tienen maestros que se parecen a ellos y que les muestran modelos a seguir positivos, su interés en la escuela baja, al igual que sus tasas de graduación.
¿Cómo llegó Juárez, a pesar de ser indocumentado, a ser profesor de primaria? Este es su trayecto.
¿Cuándo y por qué decidiste ser maestro? ¿Quién te inspiró?
Ser maestro fue una decisión influenciada por muchas experiencias en mi vida desde que llegué a Estados Unidos. Mis padres han tenido la mayor influencia: ellos siempre me enseñaron a luchar por mis sueños, a no darme por vencido frente a cualquier adversidad. Ellos siempre me dejaron claro que yo tenía su apoyo incondicional, lo cual me motivó y me permitió desatar mi potencial académico y profesional.
Por otro lado, muchos maestros que tuve a lo largo de los años me hicieron ver el poder de la educación y me ayudaron a entender la importancia de lo que es un buen maestro. Tuve algunos que se tomaron el tiempo para ayudarme a aprender inglés, ellos estuvieron completamente involucrados e invirtieron tanto en mi desarrollo no solo académico, sino personal también. Estas personas me inspiraron a hacer lo mismo por otros estudiantes y junto con mi experiencia como estudiante inmigrante, he alcanzado muchos logros en el salón.
¿Qué camino tomaste para convertirte en maestro? ¿Seguiste la ruta tradicional?
Después de graduarme de la preparatoria, decidí inscribirme en la prestigiosa Universidad de Texas (UT), en Austin. Mi experiencia en la facultad de educación de UT fue fenomenal e inolvidable. Fue en esta institución donde comenzó mi aventura en los salones. Algo que me gustó mucho del departamento de educación bilingüe fue que mis clases fueron en español y nos dieron muchas oportunidades en los salones del distrito de Austin, lo cual fue formando mi pedagogía como educador.
El aspecto cultural en la educación fue algo que siempre ha estado presente y mi experiencia como estudiante inmigrante me trae muchas ventajas en mi práctica. Me gradué en mayo del 2014 y en agosto del mismo año comencé en el distrito escolar de Dallas.
¿Por qué crees que es importante tener maestros latinos, como tú, en las aulas?
Tener a maestros como yo es algo fundamental: yo poseo una perspectiva sociocultural que trae muchos beneficios al salón. Por ejemplo, el 100% de mis estudiantes son latinos. Muchos son ciudadanos americanos y una buena parte son nacidos en México y mi niñez es muy similar a la niñez que ellos están viviendo. Las costumbres se pasan de generación en generación y eso lo veo diariamente. El acercamiento académico que les presento a los estudiantes es influido 100% por mis experiencias, experiencias que ellos han vivido o están por vivir:
Aunque nuestras vidas son diferentes, el guion es muy similar. El rendimiento académico de mis estudiantes es catapultado cada año por los vínculos que yo logro crear con ellos.
Por último, es importante que ellos se puedan ver en mí y seguir adelante en busca de sus sueños sabiendo que estos están a su alcance.
¿Qué has aprendido de ser profesor? ¿Qué has aprendido de tus estudiantes?
Creo firmemente que los maestros nacen, no se hacen: desde antes de ir a la universidad, yo sabía que mi futuro estaba en el mundo de la educación. Ser maestro ha reafirmado mis cualidades de compasión, entendimiento y entrega absoluta.
Cada día vienen a mí 42 almas con diferentes comportamientos, personalidades e historias. Para poder interactuar con todos al mismo tiempo uno tiene que tener compasión y entender que existen factores externos que afectan directamente el comportamiento. Tener paciencia es clave para conocer a los niños no solo como estudiantes, pero como personas.
Por último, uno necesita entregarse completamente a esta profesión. Es difícil llegar al éxito cuando uno no da lo mejor de sí. Mis estudiantes me han enseñado a no darme por vencido porque cuando yo lo hago, ellos lo hacen también. Las expectativas que tengo de ellos son altas y ellos quieren cumplirlas porque saben que me importan.
¿Qué ha sido lo más satisfactorio de trabajar en educación?
Lo más satisfactorio es definitivamente las amistades que he sembrado con las familias a las que he servido. Estas familias continuarán en mi vida por mucho tiempo y es muy bonito cuando regresan a visitarte o te mandan cartas dando las gracias por mi dedicación y apoyo. El trabajo de maestro es difícil, son muchas horas y muchas veces se trabaja de sol a sol, pero todo vale la pena cuando uno puede ver los frutos de sus esfuerzos.
Cuéntanos una anécdota sobre algún estudiante con quien conectaste o un estudiante en el que sentiste que tuviste un impacto positivo
Hace tres años me llegó una estudiante de León, Guanajuato, México. Rápidamente me di cuenta de que ella era una estudiante destinada al éxito: era ágil para las matemáticas y tenía una manera grandiosa de explicar conceptos científicos.
Semanas después, note un cambio en su estado anímico: la notaba cansada y en ocasiones casi dormida. Tomé el tiempo para reunirme con su familia fuera de la escuela, fuimos a una cafetería un domingo y platicamos. La plática fue buenísima, nos conocimos muy bien y reconocimos que teníamos mucho en común.
Les platiqué del cambio que yo notaba en su hija y les mencioné que me preocupaba su rendimiento académico y les dije que estaba para servirles en lo que necesitaran. En confianza, el padre me dijo que esto pasaba porque todavía no conseguían una cama cómoda para dormir y compartían un colchón con el resto de su familia, cinco personas.
No sé si fue el destino o mera coincidencia, pero yo recuerdo vivir de esa misma manera cuando mi familia llegó a Estados Unidos. Tuvimos que comenzar de la nada. Por fortuna, mucha gente nos ayudó en el camino y nos dio ese empujoncito que necesitábamos para comenzar. Miembros de la iglesia local escucharon nuestra historia y nos donaron muebles, una mesa y otras cosas que necesitábamos.
Y ahí me encontraba yo ese domingo, 11 años después, en frente de una familia que comenzaba a escribir su historia en este país. Rápidamente movilicé a gente de la iglesia local y días después, la familia recibió todo lo que necesitaban y más: camas, muebles, microondas, artículos de limpieza, etc.
Ellos también necesitaban ese empujoncito que nosotros recibimos. Todavía mantengo contacto con esa familia porque este año tengo a otra de sus hijas, igual de brillante, y con mucha humildad. Por eso me entrego completo.
¿Qué estás haciendo fuera de la escuela para ayudar a tus estudiantes?
Los padres son clave para el éxito de los estudiantes. Ellos son mi enfoque fuera de la escuela para ayudar directamente a los estudiantes en el salón. Yo soy maestro de ciencias naturales y una de las barreras que existen es que el material es difícil y los padres no tienen el conocimiento necesario para ayudar con las tareas que yo mando a casa.
Por esta razón, me enfoco en dar talleres de ciencias cada seis semanas. Los padres vienen a mi salón por dos horas y yo les enseño lo que sus hijos aprenderán en la próxima unidad. Es una experiencia muy bonita porque los padres están muy interesados en ayudar a sus hijos a salir adelante. Los talleres son en español porque sus hijos reciben esta materia en ese idioma, así que eso facilita muchas las cosas.
Además, coordino con voluntarios para ofrecer cuidado de niños y en ocasiones algunos restaurantes donan comida para los participantes.
Uno de los mitos más comunes que escucho es que los padres latinos no están interesados en la educación de sus hijos. Eso es completamente falso. Uno como maestro tiene que ser creativo para que ellos pasen por la puerta al aprendizaje.

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