¿Podrá el Mundial de Fútbol lograr lo que la política  no puede y unir a México, EEUU y Canadá?

¿Podrá el Mundial de Fútbol lograr lo que la política no puede y unir a México, EEUU y Canadá?

Unirá el Futbol a México EEUU y Canadá?

México, Estados Unidos y Canadá serán las sedes del primer Mundial de Fútbol trinacional de la historia, el que se realizará en 2026.
El nombre oficial es Unidos 2026, pero bien podría llamarse la Copa de las Barreras, por el prometido muro con México que quiere construir Donald Trump y las tarifas que le impuso Washington a los socios del Tratado de Libre Comercio.
En condiciones normales es una noticia deportiva notable por las complejidades logísticas que implica organizar, pero que se anuncia con pésimo clima político de fondo, justo cuando los tres países pasan por el momento más bajo en sus relaciones de los últimos 20 años.
Claro que esa es la coyuntura ahora, dentro de ocho años es muy probable que hayan limado sus diferencias, al menos lo suficiente como para poder acometer el desafío organizativo de ser triple sede un mundial en el que por primera vez jugarán 48 equipos (actualmente son 32).
El presidente Trump expresó su satisfacción en un mensaje en su cuenta Twitter.
“EEUU, junto con México y Canadá, acaban de logran la Copa Mundial. Felicitaciones – un gran trabajo”.
En abril de 2017 las federaciones de los tres países anunciaron que harían la postulación conjunta y en julio presentaron formalmente la candidatura ante la FIFA.
Por aquellos días ha se había plantado el germen de las desavenencias, pues ya el presidente Trump había forzado la renegociación del Tratado de Libre Comercio y acusaba a México y Canadá de prácticas económicas desleales que afectaban a los trabajadores estadounidenses.
El tema del muro con México era anterior, desde los tiempos de la campaña electoral, pero no ha dejado de generar polémica porque el presidente no ha dejado de recurrir a él en ese discurso de campaña permanente en el que está embarcado.
Las federaciones son organizaciones independientes, pero deben coordinar con gobiernos nacionales y locales la organización del torneo, por lo que hay dudas sobre cómo puede impactar en esos trabajos la incomunicación que se está profundizando entre las tres capitales.
“Organizar la Copa Mundial FIFA 2026 es un raro e importante momento para demostrar que estamos verdaderamente unidos por el deporte”, dijo en un comunicado el presidente de la Federación Estadounidense de Fútbol, Carlos Cordeiro.
Política y deporte

“No voy a hablar de política, pero quiero decir que el fútbol es tan poderoso que unió a los tres países para hacer una propuesta que hoy fue votada. Hoy el fútbol mandó un fuerte mensaje, la pelota vuela por arriba y no hay barreras que la detengan”, dijo lloroso tras conocer la designación y en una clara referencia al muro fronterizo, Decio de María, el presidente de la Federación Mexicana de Fútbol. Se repite incesantemente que una cosa es lo político y otra es lo deportivo. Que los problemas entre naciones no deberían contaminar el esfuerzo que hacen federaciones y atletas. Quizá no deberían, pero siempre se cuelan. La historia muestra claros ejemplos de cómo las diferencias entre países han terminado dirimiéndose, para bien o para mal.
Desde los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980, que fueron boicoteados por EEUU en protesta por la invasión soviética a Afganistán, hasta los recientes Juegos de Invierno que Corea del Sur y del Norte aprovecharon para mandar un mensaje unitario y marcar el cambio de dinámica en la región, muchas competencias internacionales se han visto influenciadas por el clima político del momento.
En los Olímpicos de México de 1968, dos velocistas estadounidenses John Carlos y Tommie Smith sacudieron al mundo cuando desde el podio levantaron sus puños enguantados haciendo el saludo del “poder negro” en los años cúspide de la lucha por los derechos civiles de los afroestadounidenses.
Un ejemplo más directamente ligado al fútbol se produjo en las eliminatorias para el Mundial de Alemania de 1974, el equipo de la Unión Soviética se negó a jugar con el de Chile el partido que tenían previsto en el Estadio Nacional de Santiago, símbolo de las detenciones y torturas del naciente gobierno militar de Augusto Pinochet, quien había derrocado dos meses antes al presidente socialista Salvador Allende.
Los soviéticos habían pedido cambiar el lugar del partido, pero ante la negativa de la FIFA prefirieron no jugar en un campo que hasta el día de hoy sigue siendo un emotivo recordatorio del inicio sangriento de lo que sería uno de los regímenes más autoritarios y sangrientos de América Latina.
Faltan 8 años para el 2026, lo cual implica que al menos una de las principales fuentes de roces entre Canadá, México y EEUU, el presidente Trump, no estará en la escena. Al menos no en la Casa Blanca, porque la Constitución le impide una segunda reelección).
Sin embargo, el efecto en las relaciones que haya dejado los (4 u 8) años de la presidencia del republicano pueden dibujar marcas en una relación trinacional que hasta hace dos años era de las amigables del escenario diplomático. El nombre de oficial de la copa, Unidos 2026, estará a prueba con lo que pase en los próximo años.

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