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¿Por qué nos gusta el picante?

Especias como la pimienta, frutos como el ají o chile, y raíces como la de jengibre proporcionan a los alimentos un toque picante, imprescindible en la gastronomía de países de todo el mundo. La comida picante es, además de deliciosa, saludable, anti cancerígena y, según se dice, afrodisíaca.

Delicioso y nutritivo

Las comidas picantes son hoy sólo una más de las opciones de la variada gastronomía mundial que tenemos a nuestro alcance, pero durante siglos fue la forma más eficaz de evitar infecciones, conservar los alimentos y disimular el sabor de los que estaban un poco pasados.

Se dice que el picante tiene poderosos efectos afrodisíacos. Sea esto verdad o mentira, lo que sí está demostrado es que la alta concentración de vitamina C estimula la producción de endorfinas, las llamadas proteínas “del placer”.

El picante como adjetivo

Hay bailes, comedias, chistes, canciones, situaciones, etc. que vienen seguidas del adjetivo picante como sinónimo, entre otros, de gracioso, atrevido, de doble sentido y, en algunos países, de mordaz e hiriente. Lo cierto es que la comida muy sazonada no deja indiferente a nadie y por eso el adjetivo picante multiplica sus significados y se cuela en el lenguaje con connotaciones agradables y simpáticas la mayoría de veces.

Entre los sabores, la comida picante cuenta con más defensores que detractores. Así lo demuestra el hecho de que restaurantes que ofrecen platos muy sazonados, como por ejemplo los mexicanos, gozan de gran popularidad en cualquier latitud.

La utilización de productos picantes en los alimentos se asocia a los países cálidos, donde es importante como arma para prevenir enfermedades. El uso de estos condimentos obedece también al hecho de que los climas suaves son los que permiten el cultivo de productos como el chile, la pimienta, el clavo o el jengibre. Sin embargo, la comida picante ha traspasado fronteras, ha viajado hasta los últimos rincones del planeta y forma parte de la tradición culinaria de países de los cinco continentes.

Prácticamente todo el continente americano ha hecho de la comida y condimentos picantes la estrella de su gastronomía. México, Perú y Bolivia se llevan la palma en cuanto al uso del chile, el ají o el rocoto en numerosos platos.

El chile llegó desde América a Europa y desde allí se extendió por Asia. Tailandia e India, en el continente asiático, son los países que ofrecen la gastronomía con más condimentos picantes.

En Europa, Hungría ofrece como platos característicos su gulash y su salchichón. Gulash es el nombre de una sopa de carne, de la que hay muchas variedades y en la que destaca el sabor picante del pimentón.

El jengibre, que crece en Australia y en lugares como Jamaica e India, fue adoptado de inmediato por los países anglosajones.

Africa cuenta entre su producción agrícola con prácticamente todas las plantas picantes del mundo, y aprovecha esta riqueza en su variada gastronomía. Jengibre, nuez moscada, pimienta, cardamomo y una variedad de chile muy picante, conocida como “pili-pili”, son ingredientes habituales.

En busca de riquezas

Los grandes descubrimientos geográficos, entre ellos el del continente americano, se hicieron con objetivos comerciales más que científicos. En busca de las Indias Occidentales y sus preciadas especias había partido Cristóbal Colón cuando llegó a América.

Las especias fueron durante siglos en Europa un símbolo de riqueza y sofisticación, sólo los más ricos y poderosos podían acceder a ellas. Llegaban de oriente en largos y peligrosos viajes, se utilizaban como conservante de alimentos, como medicina, para aromatizar y dar más sabor a las comidas.

La riqueza gastronómica del mundo está ahora presente en las grandes urbes, donde es posible encontrar restaurantes especializados en la cocina tradicional de lugares muy alejados de nosotros.

Los condimentos picantes forman parte de la alimentación diaria de gran parte de la población mundial. Si nunca se han probado pueden provocar cierta prevención, pero quien se decide a saborear comida picante se convierte, casi siempre, en un incondicional de ella.

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