¿Quién le entra?

Ser policía en Nuevo León se ha convertido en un trabajo cada vez más difícil. Múltiples factores se combinaron para generar esta situación que, lejos de mejorar, parece agravarse día con día.

Portar un uniforme y una placa de cualquier corporación estatal o municipal era ya de por sí una chamba ingrata. Esta profesión ha cargado con un desprestigio social, no en todos los casos justo, casi desde siempre.

La visión generalizada que los mexicanos tenemos sobre estos guardianes del orden es todo lo contrario a lo que debiera ser. Lejos de inspirar respeto, generan miedo.

Hasta la forma de referirse a ellos refleja esa baja estima en la que los tienen. Motes despectivos como «chota», «azules», «jodiciales», «gendarmes», «jenízaros», «tiras», son algunas de las maneras como popularmente se les conoce a los oficiales policiacos y no son las peores.

En buena medida, tal desprecio ha sido consecuencia de la deshonestidad y el abuso hacia los ciudadanos que no pocos uniformados han mostrado históricamente. Hoy en día continúa la misma percepción. Los resultados de una encuesta publicada por EL NORTE, el 1 de noviembre de 2010, a propósito del primer año de las administraciones municipales, así lo muestran.

Aunque la corrupción es imputable a las personas, las instituciones contribuyen a esto. No sólo porque la toleran y la encubren, sino porque en muchos casos la alientan.

Esta imagen del policía se ha agravado con el vínculo que algunos de ellos han tenido y tienen con el narcotráfico. La depuración llevada a cabo en las corporaciones estatales y municipales no ha erradicado esta situación.

No ha habido una verdadera transformación de estas instituciones que genere compromiso, disciplina y profesionalismo en sus integrantes. Tampoco una política, en los hechos, que dignifique la indispensable labor que desempeñan los integrantes de estos cuerpos, ni una que les permita superarse y hacer una carrera que valga la pena.

El aumento significativo en las percepciones salariales y en las prestaciones de los uniformados no ha trascendido el discurso gubernamental. Debe resultar francamente desalentador arriesgar la vida por los 6 mil 400 pesos al mes que, en promedio, ganan.

En diciembre 1, se publicó que Nuevo León ocupaba el lugar número 11 en el ranking de los Estados que mejor pagaban a sus policías. La nota también hacía hincapié en el incumplimiento de las autoridades de aumentar a 10 mil pesos ese salario, como así lo ofrecieron en 2008.

¿Dónde está el compromiso que el Gobierno estatal firmó con el Consejo Cívico de las Instituciones en noviembre pasado, que incluye la formación y dignificación de los guardianes del orden?

Según un documento que dio a conocer este periódico, para diciembre de 2010 debió quedar definida una serie de puntos. Menciono sólo dos: el programa obligatorio de formación continua de los efectivos y el estándar a alcanzar, por tipo y nivel de policía, en sueldos, seguros, becas, apoyos a la familia y vivienda. No ha habido comunicado oficial al respecto.

Aunado a todo lo anterior, hay dos circunstancias que complican el panorama de las corporaciones locales. Una de ellas fue el incremento en los índices delictivos que se registró el año pasado. De manera particular, los diversos tipos de robos, que crecieron entre un 16 y un 35 por ciento, según datos de la Procuraduría de Justicia del Estado.

Esta situación debe estar ejerciendo una enorme presión sobre los uniformados, derivada de la que habrán recibido sus jefes. A ello hay que sumarle el segundo hecho, que es la racha de ataques contra efectivos, que el año pasado dejó 74 muertos y en lo que va de 2011 suman ocho, con los tres que asesinaron la noche del lunes.

No es de extrañar que todo ello confabule a favor del déficit de policías que padece el Estado desde el sexenio anterior y que asciende a unos 7 mil elementos. Hasta mediados de diciembre habían reclutado a 403 aspirantes, 62 menos de los que dieron de baja en 2010.

La meta que se han establecido las autoridades estatales es incorporar entre mil 500 y mil 800 oficiales al año. Se ve bastante difícil que lo logren.

En estas circunstancias, que no dan asomo de mejorar, ¿quién querrá entrarle de policía?

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