<!--:es-->Reporta Suazo al primer equipo
…’Aquí nadie lo quiere’
Dicen habitantes que Suazo se olvidó de su pueblo
…Vende su mamá pan para sobrevivir
Afirman que chileno no ayuda a familia<!--:-->

Reporta Suazo al primer equipo …’Aquí nadie lo quiere’ Dicen habitantes que Suazo se olvidó de su pueblo …Vende su mamá pan para sobrevivir Afirman que chileno no ayuda a familia

Humberto Suazo se reincorporó al primer equipo, y ya se encuentra con el resto del plantel en Valle Alto, donde tendrán la primera de dos sesiones de entrenamientos.
Al chileno aún no se le vencía el plazo que había puesto la directiva para recibir una oferta y poder desligarse de Rayados. Tal parece que la situación toma un rumbo único: Suazo se quedaría con el Monterrey.
En las instalaciones de Valle Alto, también se pudo apreciar que arribó la directiva del club albiazul, Luis Miguel Salvador, presidente deportivo, y Jorge Urdiales, presidente ejecutivo.
La práctica comenzó a las 9:00 horas y por la tarde el equipo tendrá una segunda sesión de entrenamientos.
Suazo tenía tres semanas separado del plantel, entrenando en El Cerrito con el equipo Sub 20.

‘Aquí nadie lo quiere’
Dicen habitantes que Suazo se olvidó de su pueblo

El camino que une Santiago con San Antonio es una bella fusión entre la herencia inca y la guerra de la Independencia chilena. El visitante lo recorre con cierta zozobra.
Las connotaciones históricas por el paso de hombres leyenda como Tala Canta Ilabe, gobernador inca, y los libertadores Bernardo O’Higgins, Manuel Rodríguez y José de San Martín no cesan de aparecer.
Lo dicho debiera calmar, pero el encuentro con la estela, con el pasado de Humberto Suazo, abre una interrogante: ¿el «Chupete» será ídolo o proscrito en su tierra?
Luego de una hora de viaje, el puerto aparece y se abre majestuoso. El olor a mar, lo agitado del verano aparecen enseguida. También lo hace la sorpresa al comenzar a indagar por el delantero de Rayados.
«¿Humberto Suazo? ¿Qué hizo ahora el concha de su madre ese?», pregunta Marcelo, trabajador de una vulcanizadora a la entrada de San Antonio.
El hombre conoce bien al futbolista, jugó con él cuando eran niños, pero no le tiene en buena estima.
«Aquí nadie le quiere porque se olvidó de nosotros, de todas sus raíces. Vayan a Llolleo, allá encontrarán todo», precisa y aconseja.

La verdad en Llolleo
Llolleo es una comuna que se une a San Antonio enseguida, pero, contrario al imponente puerto, devela humildad y pobreza.
Aquí es de donde el «Chupete» quiere estar más cerca, un lugar alejado del glamour, del lujo, de miles de gargantas coreando su nombre. O al menos eso es lo que él aseguró desde que pidió su traspaso a otro club.
«¿Querer venir acá? Pero aquí no hay nada para él. cuando viene ni siquiera podemos verlo. Él cambió tanto… Al menos que quiera estar cerca de la madre, como dice, pero ¿qué no puede llevársela?», se pregunta Alma, una vecina, para quien Llolleo fue olvidado de la mano de Dios.
Entre sus calles hacia arriba, rodeando la colina, hay algo que permanece, inmóvil y lapidario. El campo del Club Torino asoma entre árboles secos y piso poroso. Aquí es donde la leyenda Suazo comenzó a forjarse.
Los buenos recuerdos abundan; los sinsabores se multiplican. «Acá nunca volvió, a nada, ni para bien ni para mal. No lo vemos cuando viene, no es una persona sociable, no es amigo de sus raíces, de donde nació, no comparte con la gente. No es, para una Navidad, regalar una pelotita. nada.
Él desapareció para muchos», narra Élida, conserje del Torino, quien vio al «Chupete» crecer. «Cuando un jugador tira para arriba, cuando le va bien, siempre debe volver a las raíces, mirar de dónde salió. pero él no aportó nada, jamás, yo siempre lo he dicho: estaríamos orgullosos de decir que el «Chupete» nos regaló una pelota, algún uniforme, no para mí, sino para los chicos que cobijamos», comenta Luis Hernández, presidente del humilde Torino.
«Ojo, no somos los únicos a quienes olvidó, de hecho somos lo de menos.», afirma mientras sostiene una fotografía de un Suazo infantil, en los años más verdes.

Vende su mamá pan para sobrevivir
Afirman que chileno no ayuda a familia

Desde la primera vez que Humberto Suazo le solicitó a la directiva de Rayados su transferencia, lo hizo cobijado por el que parecía un genuino interés de vivir cerca de su madre.
Para el goleador chileno, Margarita de las Nieves Pontivo era lo más importante, sobre todo después de que se le diagnosticara cáncer gástrico.
El «Chupete» perdió a su padre también por una larga enfermedad, en la que no estuvo cerca, detalle que le marcó para siempre.
Lo que no encaja en la historia es que el interés de Suazo por su progenitora no va de la mano con acciones que le respalden, decisiones o detalles concretos.
Así lo atestigüen los vecinos, así queda claro a la vista. Porque la casa en donde Margarita vive junto a su hija Pamela es poco menos que un palomar, muy diferente a la finca campestre que Suazo se construyó en un balneario en las partes bajas de San Antonio, donde pernocta durante sus visitas.
Alejadas de cualquier tipo de lujo, las mujeres no atienden al llamado de la puerta. Sólo a la distancia se aprecia cómo alguien sale al patio para voltear en el horno las empanadas.
Sí, porque Margarita y Pamela venden empanadas y pan dulce para sobrevivir y, de paso, ayudar a Antonio, el tío de Humberto, postrado en la cama, agonizando, sin dinero para comprar los más de 80 pañales que consume mensualmente.
Con todo y el cáncer gástrico que padece, Margarita se las arregla para cocinar el pan y tenderle una mano a Antonio.
«¿No creían esto, verdad? Una cosa es que él no quiera saber nada más de la gente que lo ayudó, ¿pero de su madre?, ¿de su tío que tanto le ayudó cuando niño?», espeta «Dulce», una de las amigas más cercanas de Margarita.
«¿Y para esto quiere volver? Para ayudar no tiene por qué venirse a Chile. El dinero sirve aquí y allá», suelta de nuevo, con tono intenso, clamando por una respuesta que no llegará.

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