<!--:es-->Rompe redes… y reglas
Desde su debut en Chile, se hace notar con goles y mala conducta<!--:-->

Rompe redes… y reglas Desde su debut en Chile, se hace notar con goles y mala conducta

«Me porté mal. Católica me dio todas las opciones y yo estaba muy inmaduro. Si no llegué a ser profesional antes, es mi responsabilidad y lo asumo», recordó alguna vez Humberto Suazo desde la idolatría que por entonces gozaba en Colo Colo en el 2006.

Aquel gesto cargado de autocrítica y revancha fue apenas un acto reflejo del saludable estado emocional que disfrutaba Suazo en la vida y en la cancha.

Siempre ha sido un jugador sin punto medio ni arrepentimientos y cuyo pendular comportamiento, para bien o para mal, lo orilló a caer permanentemente en decisiones arbitrarias.

Suazo es un estado de ánimo. Su humor, como su gambeta, es impredecible. Nada ha cambiado desde su primer desplante a la Universidad Católica en el 2000, club que lo reclutó en 1993 en su adolescencia, tras elegirlo entre 200 aspirantes.

Trazando una parábola Católica-Rayados, el chileno sólo ha corregido su puntería. Su rebeldía la trae intacta. El expediente futbolístico de Suazo está repleto de goles y caprichos, de gloria y de problemas personales.

Siempre tuvo un motivo para romper reglas e imponer las suyas. A como dé lugar.

PSICÓLOGOS SE RINDEN
En la Católica, club de fuerte tradición religiosa, sus actos de indisciplina sentenciaron su partida.

Durante sus seis años en las Fuerzas Básicas del club de Santiago, Suazo llenó el formulario de viajes no autorizados a su San Antonio natal.

Una mesa de psicólogos no fue suficiente para enderezarlo. La Católica destinó un grupo de cuatro profesionales para estudiar e intentar mejorar la personalidad de Suazo.

Le dieron clases para una mejor expresión y buenos modales, pero no quiso aprender.

«Como estaba obligado a tomar las clases, no le gustó. Iba y se negaba. Al final, los especialistas se rindieron», refiere un artículo periodístico chileno.

Cansados de su «falta de apego» al trabajo, según reportes del equipo cruzado, se lo quitaron de encima sin miramientos. Tenía 18 años.

«Tenían razón (en la Católica), porque en realidad yo era de agarrar mis cosas y dejar los entrenamientos, me iba», confesaría Suazo años más tarde en una mirada a su ya convulsionado pasado.

Esa turbulenta etapa estuvo provocada y hasta cierto punto justificada por la enfermedad terminal de su padre, Pedro, quien falleció en 1999, duelo que le duró al delantero, al menos, tres años y que lo llevó, entre otras cosas, a dejar el futbol.

Cuando la Católica decidió deshacerse de Suazo en el 2000, lo envió a préstamo al Ñublense (Segunda División). Una fractura de peroné le truncó la temporada en un club donde nunca quiso estar. Se recuperó, volvió a la UC y fue cedido al Magallanes (Tercera División) en el 2001.

Aquí, la nostalgia y la preocupación familiar le apagaron su crecimiento. Jugó un par de meses e intempestivamente desapareció. Se fue a su casa, a San Antonio. Decidió acompañar a su mamá y olvidarse del futbol por un año.

«No tenía ganas de jugar ni de nada. Pasé un año entero sin hacer nada, estuve muy mal», diría el «Chupete», quien aún no podía superar la muerte de su progenitor.

CON LOS MISMOS VICIOS
Cuando su carrera parecía estancada, Suazo volvió a la actividad en el San Antonio Unido (Tercera División) a mediados del 2002. A pocas cuadras de su casa. Duró un año y pasó al San Luis de Quillota, con quien asciende a Segunda.

En ese lapso, dejó una superlativa estela de goles y, por ende, su ánimo estaba encendido y controlado.

Sin embargo, cuando el técnico Claudio Borghi lo llevó al Audax Italiano en 2004, su primer equipo en Primera División, Suazo se encontró con algo más de dinero, flexibilidad y el cariño paternal del entrenador argentino. Todo empezó bien. pero terminó mal.

«Suazo dejó plantados a sus compañeros, se fue indignado del estadio y no cerró filas por la pésima campaña. Los directivos se molestaron mucho», subraya el periódico La Tercera en un artículo el 14 de marzo del 2005.

La directiva itálica puso a Suazo bajo tratamiento psicológico. Un esfuerzo sin resultados.

«Lo estamos ayudando para que solucione sus problemas de personalidad. Se ve que le cuesta mucho canalizar la frustración y eso repercute en la convivencia con el resto», señaló en aquel tiempo Humberto Campodónico, presidente de la comisión de futbol del Audax, basado en el diagnóstico de los profesionales.

BORGHI LE AYUDA
El Audax no dudó en vender a Suazo al Colo Colo en enero del 2006 en 2.8 millones de dólares. Mejor dicho, se lo llevó Borghi. Fue el despunte goleador del chileno. Sus grandes actuaciones fueron, en su medida, una invitación al desorden en su conducta.

Cualquier capricho mal visto lo enmendaba con goles y títulos. Borghi le permitió todo al crack, incluso hasta dolores que sabía que el jugador no tenía.

Previo al duelo contra Pachuca por la Final de la Copa Sudamericana en 2006, Suazo dijo que no quería entrenar y.
no entrenó.

A veces actuando sin pensar, le asomó lo imprudente. Suazo se enteró que Alexis Sánchez iba a cobrar más que él en Colo Colo y se fue sobre la directiva. El reclamo lo hizo el mismo día y casi a la misma hora en que Alexis estaba firmando su contrato.

Lo demás, en Rayados, ya es historia conocida. Hizo goles, logró títulos y aportó su particular cuota de desplantes.

Hoy su madre está enferma y se quiere ir a cualquier precio.

Suazo otra vez está desafiando a su propia carrera. Quizás alguna vez reconozca, como lo hizo en la Católica, que hoy también se está portando mal.

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