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Sin ‘Reforma’ No hay voto latino!

WASHINGTON – Los planes y sobre todo los detalles de una posible reforma migratoria serán la clave que tendrán que descifrar el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain si es que quieren captar los votos del electorado hispano en las elecciones presidenciales del próximo 4 de noviembre, señala un reciente análisis publicado.

Ambos aspirantes difieren poco en cuanto a la seguridad fronteriza, pero serán los pormenores de sus respectivas propuestas las que hagan inclinar la balanza.

Voto hispano es clave

Tanto Obama como McCain hacen méritos para ganarse a los hispanos, invirtiendo cuantiosas sumas en campañas publicitarias en español y, en la batalla campal sobre inmigración, con promesas de que impulsarán la ansiada reforma si llegan a la Casa Blanca.

El voto hispano será, a todas luces, el voto “bisagra”, o definitorio, en estados del suroeste de Estados Unidos, como Nevada, Colorado y Nuevo México, y eso no pasa desapercibido por las dos campañas.

VeaPor ello han aceptado invitaciones a los principales foros hispanos en Estados Unidos.

Vea REFORMA Pag. 7

REFORMA, viene de la 1a. Pág.

Invitados por NALEO

Ya estuvieron con NALEO el pasado fin de semana en Washington, este martes estarán en LULAC, también en la capital, y después en la Asamblea Anual del Consejo Nacional de La Raza entre el domingo y lunes próximos en San Diego, California.

En declaraciones a la prensa, la presidenta de la Liga de Ciudadanos Unidos Latinoamericanos (LULAC), Rosa Rosales, ha dicho que el encuentro del martes será para que los dos candidatos “hablen claro” y, con detalles, sobre sus políticas de inmigración.

Ambos favorecen el fortalecimiento de la seguridad fronteriza y ambos quieren también facilitar algún tipo de legalización para buena parte de los doce millones de inmigrantes clandestinos en el país.

Pero la diferencia está en los detalles, y el apoyo de los votantes hispanos dependerá en parte de lo habilidosos que sean ambos candidatos para navegar las difíciles aguas del debate migratorio.

Ninguno ha dicho cómo

Hasta ahora, ninguno de los dos ha dicho exactamente cómo echaría a andar un plan reforma migratoria consensuado que, para evitar la debacle vivida en el Congreso en 2007, logre el respaldo del espectro político y de la sociedad civil.

No pueden esquivar el volátil asunto y afrontarán el reto de encontrar consenso donde ahora no existe. De entrada, algunos de los principales grupos conservadores del país ya han dejado claro que, de cara a la convención republicana de septiembre próximo, combatirán cualquier “desvío” de McCain en temas importantes, como la inmigración.

Tampoco permitirán que su visión más compasiva sobre la inmigración ilegal -McCain ha dicho que los inmigrantes son “hijos de Dios” y merecen un trato digno- quede plasmada en la plataforma oficial del Partido Republicano, que consta de 100 páginas.

Sin embargo, no tienen muchas más opciones y por tanto las amenazas del ala derecha del Partido Republicano hacia McCain son difíciles de creer. El es la opción más conservadora para la Casa Blanca y atacarlo sería dar ventaja electoral a Obama. McCain ha tenido que explicar por qué ya no apoyaría el mismo proyecto de ley que ayudó a elaborar junto a la oposición demócrata en 2007.

A cada crítica, McCain, o sus allegados, responden casi siempre que resguardar las fronteras es prioritario y fortalecería la confianza del público en el Gobierno y eso, a su vez, allanaría el camino para un nuevo debate el futuro de los indocumentados.

El estado de McCain

McCain habla desde la experiencia, ya que representa un estado fronterizo que es el epicentro de la inmigración ilegal y en donde los muros, torres y sistemas de vigilancia, aviones no tripulados o barreras de todo tipo son parte permanente del paisaje en su frontera.

También ha ganado las elecciones cuatro veces en Arizona, en donde cerca de la tercera parte del electorado es de origen latino, y eso le da optimismo entre esta minoría.

Esperan explicaciones

Obama tampoco se salva del escrutinio de los grupos cívicos que le exigen respuestas claras a los problemas más apremiantes del país.

Aunque su consigna de “sí se puede” ha tenido gran receptividad entre los hispanos, algunos líderes aguardan detalles sobre su plan de legalización.

Por lo demás, ambos candidatos apoyan la construcción de muros para disuadir a los indocumentados y ambos coinciden en que aprender inglés es un requisito para la integración social.

Conscientes de que la mayoría de los estadounidenses respalda algún tipo de legalización -y que sea, de verdad, la última-, el enfrentamiento real de Obama y McCain sería con los grupos de intereses especiales.

El aspirante presidencial republicano, McCain, reiteró a finales de junio que si es electo promoverá una reforma migratoria ante el Congreso, pero insistió que antes de solucionar el tema de los indocumentados primero asegurará la frontera con México e impulsará una reforma migratoria, según un reporte del diario La Opinión de Los Angeles.

El 9 de junio, el Senador de Arizona, durante una visita a Miami, Florida, para recaudar fondos para su campaña, dijo querer resucitar el fracasado proyecto de reforma migratoria integral a nivel federal en enero de 2009, y añadió que la falta de actuación en ese frente ha creado “miles” de problemas.

Su rival, el demócrata Barack Obama habla de un plazo prudente para elaborar un plan y encontrar una solución que restaure el actual sistema migratorio, que a juicio de ambos candidatos, se encuentra roto.

La lista de dificultades

“Nuestro fracaso a la hora de actuar a nivel federal sobre la reforma migratoria está creando miles de problemas”, dijo McCain durante una visita en junio al Parque Nacional Everglades, en el sur de Florida.

Entre los problemas existentes, el candidato mencionó que el fracaso de la citada reforma se traduce en salas de emergencia abarrotadas -a donde acuden en última instancia los inmigrantes indocumentados sin seguro médico-, mayores gastos policiales y abusos sobre los que carecen de papeles y derechos.

Explicó que otra de las consecuencias es la existencia, por un lado, de “ciudades santuario”, y por otro de estados que quieren expulsar a todos los indocumentados e iniciar procesos judiciales contra los empresarios que los contratan.

La reforma de McCain

El senador de Arizona ha hecho hincapié en solucionar la actual situación con una reforma que implique:

Seguridad en las fronteras.

Puesta en marcha de un programa de trabajadores temporales.

Búsqueda de una solución para los 12 millones de indocumentados.

El diario La Opinión dijo además que McCain aseguró que abordará “la reforma migratoria y al día siguiente de mi inauguración le urgiré al Congreso que la considere” por estimarla “una responsabilidad federal convincente”.

A principios de 2006 McCain respaldó un programa bipartidista de reforma migratoria que detallaba un completo plan de regularización para inmigrantes indocumentados que carecieran de antecedentes criminales y pagaran impuestos, a la par de un plan de seguridad en las fronteras pata detener el tráfico de indocumentados.

Entre 2003 y 2006 McCain respaldó varias iniciativas de reforma migratoria en el Congreso junto al senador demócrata Edward Kennedy (Massachusets), planes que a diferencia de su actual postura priorizaba en una vía de legalización para los indocumentados.

Kennedy, que enfrenta serios problemas de salud, es parte del equipo político del senador Obama.

El 25 de mayo de 2006 el Senado aprobó, por 62 votos a favor y 32 en contra, un proyecto de ley que incluyó un plan de legalización y segmentaba a los 12 millones de indocumentados en tres grupos, y cada uno de ellos lo trató de manera diferente.

El primer grupo lo integraron indocumentados que llevaban cinco años o más en el país. Ellos accederían a una residencia temporal de seis años y luego a la residencia permanente. Once años más tarde podrían solicitar la ciudadanía.

El segundo grupo lo integraban indocumentados que llevaban más de dos años y menos de cinco en el país. Ellos deberían registrarse en un puesto fronterizo y calificarían para un permiso temporal de trabajo hasta que cumplieran cinco años de estadía.

El tercer grupo lo integraban indocumentados que llevaban menos de dos años en Estados Unidos, quienes no calificaban para ningún tipo de beneficio y debían irse del país.

Ilusión pasajera

“¿Por qué no podemos decir a los trabajadores indocumentados que están haciendo el trabajo que no queremos ‘Salgan de la penumbra…’?”, se preguntó McCain el día que aprobaron el proyecto.

El plan, sin embargo, fue cancelado en junio por el entonces liderazgo republicano, quien adujo razones de seguridad nacional.

La inacción del Congreso dio motivos a los congresos estatales y los concejos municipales para aprobar leyes antiinmigrantes por su cuenta, a efecto de controlar la inmigración indocumentada.

El último debate

Nueve meses más tarde, en marzo de 2007, un grupo tripartita de negociadores demócratas, republicanos y de la Casa Blanca redactó en secreto un nuevo proyecto de reforma migratoria en el que participó McCain, pero el Senador -según dijeron fuentes del senado consultadas en esa fecha por Univision.com- se desprendió del grupo a causa de sus aspiraciones por alcanzar la nominación presidencial republicana.

El proyecto no pasó del escritorio del Comité Judicial del Senado. En junio fue desestimado por falta de apoyo bipartidista.

El plan, que incluía severas medidas de seguridad en la frontera y ordenaba la eliminación del tráfico de indocumentados, agregaba una legalización a cambio de multas por hasta $13,500 por indocumentado y la exigencia de salir del territorio de Estados Unidos para luego registrar una entrada legal.

Los adversarios del candidato republicano no esperan que éste se incline nuevamente a favor de un proyecto de reforma migratoria como el de 2006.

“McCain ha dicho claramente que votaría en contra del proyecto de ley que había patrocinado con Kennedy si éste (el proyecto) llegara al pleno del Senado”, reiteró Luis Miranda, uno de los voceros del Partido Demócrata.

Agregó que el candidato republicano “se ha aferrado al ala derecha (de su partido) prometiendo no considerar ninguna reforma migratoria hasta que los gobernadores de los estados en la frontera certifiquen que las fronteras han sido aseguradas”.

“McCain ha hecho claro que va a seguir un camino de seguridad fronteriza y aplicación de la ley únicamente”, puntualizó.

La promesa de Obama

El candidato demócrata, por su parte, también habla de reforma migratoria, pero en términos opuestos a McCain.

Durante una entrevista con el periodista Jorge Ramos, presentador del Noticiero Univision, el senador de Illinois, quien ganó la nominación a la senadora Hillary Clinton y se convirtió en el primer afroamericano en aspirar a la Casa Blanca, prometió que, de llegar a convertirse en el sucesor del presidente George W. Bush, la reforma será debatida en el primer año de su mandato.

Ramos cuestionó a Obama por haber votado en octubre de 2006 a favor de las ley del muro -al igual que Clinton-, pero el candidato explicó que “yo voté para iniciar la construcción del muro en ciertas áreas de la frontera. Creo que hay algunas zonas en las que sí tiene sentido y puede salvar vidas, si prevenimos que la gente cruce áreas desérticas que son muy peligrosas”.

Sobre el tema de las redadas, Obama dijo que revisaría la actual política federal y que “no creo que sea la manera norteamericana de hacer las cosas el arrestar a una madre, separarla de su hijo y deportarla, sin medir las consecuencias”.

Habrá entonces que esperar qué resuelven los estrategas de ambos candidatos y si deciden incluir el debate de la reforma migratoria en la batalla por la conquista del voto latino de Estados Unidos.

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