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Un trastorno mental que afecta a los inmigrantes ilegales!<!--:-->

SINDROME DE ULISES: Un trastorno mental que afecta a los inmigrantes ilegales!

Una nueva patología

El síndrome de Ulises es un problema del siglo XXI. A grandes rasgos, sus potenciales afectados son todos los inmigrantes ilegales o los que corren el riesgo de pasar a serlo. Según diversas estimaciones, alrededor del 2% de la población se encuentra en este estado en España, es decir, casi un millón de personas.

El descubridor de esta enfermedad, Joseba Achótegi, psiquiatra y profesor titular de la Universidad de Barcelona, le da un sentido restringido al síndrome de Ulises porque para él sólo están afectados los casos más extremos, no todos los inmigrantes. El experto, que se ha reunido en el Parlamento Europeo con profesionales de otros siete países para debatir este problema, ha recibido luz verde de la cámara de re-presentantes europea para dirigir un proyecto que establezca protocolos, ayude a los médicos a diagnosticar y marque las líneas de investigación de esta nueva enfermedad.

Para conocer bien esta patología, debemos situarnos, según Achótegi, en la vida de cualquier extranjero que llega a un país que no es el suyo sin la regulación pertinente.

Los expertos aseguran que se pueden distinguir dos tipos de inmigrantes ilegales:

Los que entran de forma clandestina en un estado, sobre todo a través de redes de tráfico de personas. A cambio de realizar el “via-je deseado” deben pagar una importante cantidad de dinero. La mayoría no está en posesión de todo el dinero en el momento mismo de emprender el viaje, por eso, una vez en el país elegido, se ven obligados a desembolsar lo que costó el viaje más intereses. El fenómeno de las pateras que llegan desde África al estrecho de Gibraltar y a las Islas Canarias ha subido un 23% desde 2002, según datos de la Cruz Roja.

La otra clase de inmigrantes ilegales la componen los que viven legalmente en un país, pero que se convierten en ilegales al permanecer en él cuando se les acaba el permiso de residencia o el visado. Con frecuencia no pueden renovar este permiso porque carecen de un contrato de trabajo en regla o porque el que tenían se les acabó.

Cuatro focos de tensión

El psiquiatra Joseba Achótegui explica que el síndrome de Ulises se caracteriza por los siguientes focos de tensión:

La soledad: Una vez que la persona llega a un país que no es el suyo se encuentra con un panorama más que desolador. No pueden traer a la familia porque primero tienen que tener estabilidad económica. Además, el hecho de que sus familiares más cercanos, como sus hijos, especialmente en el caso de las mujeres, se hayan quedado en el país de origen produce una nostalgia difícil de superar.

El sentimiento

del fracaso.

Piensan que tanto esfuerzo no les ha servido porque no pueden progresar en el mercado y no pueden conseguir trabajo. Viven situaciones muy duras en la lucha por la supervivencia. Su preocupación principal es dónde comer y dónde dormir. Pasan situaciones de terror. Por ejemplo, es común es los que llegan en pateras sientan pavor, poco tiempo después, al agua. Achótegui descubrió este trastorno en su trabajo en el SAPPIR (Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados) del Hospital Sant Pere Claver de Barcelona, un centro que fundó y que actualmente dirige. “Llevo desde los años 80 trabajando en inmigración y este síndrome hasta hace 5 años no se observaba. Las condiciones de vida se han hecho más duras para los inmigrantes en los últimos tiempos. Me di cuenta de que todos tenían unos síntomas concretos”, explica.

Al principio, este profesor de la Universidad de Barcelona pensó en otro nombre para esta patología, pero luego decidió cambiar-lo por uno que manifestara mejor de qué se trataba. “Los textos de La Odisea (poema griego atribuido a Homero) hablan de lo que padecen estos inmigrantes: los naufragios de Ulises y su sufrimiento. Todo está escrito y plasmado en La Odisea por eso lo llamé así”, revela.

Síntomas

Los síntomas que padecen los afectados por el Síndrome de Ulises son peculiares. Por un lado, no es un trastorno depresivo estándar, “porque aunque sienten mucha tristeza, más que estar deprimidos, se encuentran apesadumbrados”, indica Achótegui. Y la apatía clásica de la depresión, en este caso, se transforma en ganas de luchar. Tampoco les rondan por sus cabezas ideas de muerte, al contrario, tienen ganas de vivir.

Presentan frecuentemente síntomas de ansiedad: “nerviosismo, tensión, viven obsesionados con sus preocupaciones”, detalla Achótegui. Esto les causa insomnio. Además, se encuentran solos porque no tienen ninguna red de apoyo social, con lo que están muy asustados. “Piensan que nadie les va a ayudar y no tienen ninguna confianza en las instituciones porque no tienen papeles”, añade.

. Tienden a interpretar lo que les sucede desde su cultura, lo que provoca que muchas veces “atribuyan todo lo negativo que les sucede al mal de ojo o a las supersticiones”, dice Achótegui. En los niños, este trastorno les hace mostrarse más agresivos.

La reacción más

común es la

constante desorientación en la que se encuentran

los imnigrantes

Soluciones

El Síndrome de Ulises es una patología del nuevo siglo, igual que el acoso laboral o el sentirse “quemado” en el trabajo, según su descubridor, que ha advertido que estas personas sienten que no pueden mejorar su situación, lo que les causa sentimientos de impotencia y frustración. Por si fuera poco, además de todos estos padecimientos, el inmigrante debe hacer frente a las consecuencias que tiene el traslado de un país a otro: cambios de idioma, de costumbres, de cultura, de paisaje, etc.

Ante este nuevo trastorno, Achótegui opina que la globalización es la causa de este problema y propugna una solución que implique a todos los que puedan aportar algo. “Es un problema social, nosotros planteamos que haya un debate social, con las personas que quieran debatir el tema, formarse y contribuir”.

El consejo más adecuado para quienes padezcan este síndrome es que se dirijan a un profesional, ya sean médicos, servicios sociales u ONG

. “Tenemos unos protocolos y una serie de planteamientos dirigidos a ayudar a estas personas”, indica el profesor. “Es importante no desmoralizarles. Les entrevistamos y les ayudamos a que clarifiquen su situación, porque a veces cometen más errores que empeoran sus condiciones de vida”, añade.

Además de asesorarles, en ocasiones es necesario prescribirles fármacos. Pero cuenta este experto que estos inmigrantes son personas fuertes y capaces. “Hay que ser así para animarse a emprender estas odiseas. Y cuando reciben ayuda, lo notan mucho y lo agradecen”, explica.

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