Triunfa en Tailandia tortilla mexicana!

Bangkok, Tailandia.- Hace casi 15 años, Faustina Villalobos pensó que a los tailandeses podría gustarles la comida mexicana. Con una inversión inicial de 150 dólares, decidió lanzarse a la aventura.

“Lo hice porque nuestra cocina es una de las mejores del mundo y aquí era imposible de encontrar y nadie había oído hablar de ella”, explicó.

Esta mexicana nacida en un rancho de Sonora dirige “El Charro”, el primer consorcio thai-mexicano, una empresa que fabrica y vende tortillas, salsas, burritos, quesadillas, chimichangas y otros tantos platillos nacionales por el Sudeste Asiático.

“Empecé con la tortilla de harina. Compré una estufa para cocer y pregunté en un supermercado si querían distribuirlas. Nos dijeron que antes de introducir un producto desconocido teníamos que demostrar que a la gente le gusta”, recordó.

Aceptando el desafío, Faustina montó un puesto de comida fresca frente al supermercado Villa, uno de los más grandes de Bangkok. Allí ofrecía platillos mexicanos e ilustraba a tailandeses y extranjeros sobre la cocina tradicional.

“Poco a poco fueron probando y tuvo éxito, hasta que el dueño nos permitió vender dentro del supermercado. Ese fue el inicio”, explica.

En la empresa de Faustina trabajan ahora 38 personas, distribuidas en 3 departamentos situados en una fábrica instalada junto a su casa familiar, de la que salen cada mes en torno a 50 mil tortillas de trigo y otras tantas de maíz.

Su comida se distribuye en los mejores supermercados de Tailandia, así como en algunos países cercanos.

Para promocionar sus productos, “El Charro” regala de vez en cuando tacos y nachos por los pasillos de los centros comerciales.

Al final, Faustina ha conseguido que muchos tailandeses se acerquen a la comida mexicana. Sus bolsas de nachos son ya famosas en las fiestas de los jóvenes universitarios de las clases medias y altas de Bangkok.

“Al principio compraban sólo los extranjeros que conocían la comida mexicana, pero poco a poco han ido entrando también a los tailandeses. Primero lo probaban los que habían ido a estudiar a Estados Unidos y conocían el tex-mex, pero poco a poco se ha ido extendiendo”, explica Faustina.

La fábrica es un luminoso solar en el que decenas de obreros tailandeses trabajan amasando, cociendo, envasando y precintando los productos en medio de medidas higiénicas y sin descuidar el toque casero.

“De lo que se trata es de que los platos sigan teniendo un sabor de comida casera y sana, por eso no hemos industrializado demasiado el proceso, que sigue siendo muy natural y manual”, detalla Faustina, que ha importado de México la mayoría de las máquinas con las que se trabaja en su fábrica.

Dando un paseo por las instalaciones, la empresaria explica con orgullo que sus tortillas se elaboran con el mismo método que aprendió en el rancho de su familia, en Sonora.

Aunque algunas harinas, añade, las mezclan con verdura, con zanahorias o lechuga, para darles un poco más de sabor y color, una idea que hace más llamativo el producto para el consumidor asiático.

Lo que sí se niega a hacer Faustina es mezclar sabores y a orientalizar los platillos mexicanos, una práctica extendida entre las industrias alimentarias extranjeras que entran en el mercado asiático. “Me han propuesto muchas veces hacer cocina de fusión, pero yo soy muy tradicional. La cocina tailandesa es muy buena, pero la mexicana también”, afirmó.

La asignatura pendiente de “El Charro” es montar un verdadero restaurante de comida mexicana, algo que no existe en Tailandia. “Hay alguno, pero dan todos comida tex-mex, no auténtica mexicana”, agregó. Faustina ha conseguido además elaborar sabores mexicanos a través de productos tailandeses.

“Al principio me traía más cosas de México, pero poco a poco he ido descubriendo sabores parecidos con alimentos tailandeses. Siempre es mejor que importar, por frescura y por precio. Aún así, hay cosas que tengo que traer de México, como el chocolate”, dijo.

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