Trump intensifica la ofensiva contra la inmigración legal

Trump intensifica la ofensiva contra la inmigración legal

Intensifica

“Activistas y abogados que se hallan en la primera línea de defensa de los inmigrantes denuncian con firmeza la cruel ofensiva que previsiblemente afecta también a aquellos que vinieron legalmente al país o se esfuerzan por legalizarse”.
El presidente Trump ha desatado una ofensiva implacable contra la inmigración legal en este año electoral. Puso en marcha la política de carga pública que niega avances migratorios a extranjeros que han recibido o reciben beneficios públicos. Redujo a un mínimo histórico la cantidad de refugiados que aceptará Estados Unidos, apenas 18,000 en 2020 (en 2016, el último año de gobierno de Barack Obama, vinieron 85,000). Creó una oficina kafkiana para despojar de la ciudadanía a inmigrantes que hayan mentido durante su proceso de naturalización o cometido delitos “graves” que su propio gobierno definirá o juzgará. Y aumentó a niveles exorbitantes los honorarios para los trámites migratorios.
Los Servicios de Inmigración y Ciudadanía de Estados Unidos planean aumentar en $900 el precio de otorgar un permiso de residencia permanente, situándolo en la friolera de $2,750; y el costo de la naturalización en $445, lo cual lo pondrá en $1,170. La Oficina Ejecutiva de Revisión de Inmigración elevara a casi $1,000 el costo de apelar cualquier orden judicial de deportación, un incremento de 786%, algo dramático para la inmensa mayoría de solicitantes que son personas pobres o de escasos recursos.
Activistas y abogados que se hallan en la primera línea de defensa de los inmigrantes denuncian con firmeza la cruel ofensiva que previsiblemente afecta también a aquellos que vinieron legalmente al país o se esfuerzan por legalizarse. “Creo que la nueva regla (de cobro para apelar) es absolutamente indignante y tendrá consecuencias draconianas” para los extranjeros en procesos de deportación, dice Trina Realmuto, abogada del Concejo de Inmigración de Estados Unidos. Su colega Matt Adams, del Proyecto de Derechos de los Inmigrantes, advierte sobre la “sensación de pánico” que cunde entre los extranjeros. Para muchos, los obstáculos se han vuelto infranqueables.
Y ese es precisamente el objetivo de Trump y sus asesores. En un año en el que pone en juego la presidencia, el mandatario ha apostado de nuevo por atizar los sentimientos de inseguridad y rechazo a los inmigrantes que experimentan muchos estadounidenses, especialmente blancos no hispanos. De ellos se nutre su “base popular”, con la que ya ganó las elecciones de 2016. Trump espera repetir la hazaña este año.
Solo podrían evitarlo una asistencia masiva a las urnas en la que participen miembros de minorías étnicas e inmigrantes naturalizados, la nominación de un candidato demócrata capaz de atraer a una amplia coalición de votantes y la prevención de trampas antidemocráticas, incluyendo la interferencia de dictaduras afines a Trump, como la de Vladimir Putin en Rusia. No será nada fácil, si tenemos en cuenta la complicada dinámica de la contienda electoral en general y de las primarias del Partido Demócrata en particular.
Los republicanos libran una ofensiva contra la inmigración legal bajo la presunción de que la mayoría de los extranjeros que se hacen ciudadanos de Estados Unidos se inscriben para votar como demócratas o independientes. Y en eso no se equivocan. El mes pasado el porcentaje de electores independientes sobrepasó por primera vez en la historia el de republicanos inscritos, 29.9% frente a 28.87%, según cálculos de Ballot Access News. El porcentaje de demócratas está en 39.66.
Estas cifras en parte explican las múltiples artimañas que realiza el GOP para rediseñar distritos electorales, suprimir votantes, frenar la inmigración legal e ilegal y ahora también desnaturalizar extranjeros que se han hecho ciudadanos. Ponen en evidencia la falta de fe de los líderes republicanos en sus actuales principios y objetivos de gobierno. Piensan que con ellos ya no pueden formar coaliciones victoriosas para disputarle el poder a nivel nacional al Partido Demócrata y a candidatos que proponen terceras vías, como el senador independiente Bernie Sanders.
El efecto neto de las manipulaciones republicanas contra los inmigrantes y las minorías es la gradual mediatización de nuestra democracia. Esto a su vez alienta candidaturas políticas de extremistas anti conservadores, como las que ya han surgido en distintas partes del país. De este modo se exacerba la polarización. El país se divide cada vez más entre blancos no hispanos y minorías étnicas, ricos y pobres, religiosos y laicos que apoyan a un partido o a otro y que a menudo les reclaman posiciones extremas.
Un antídoto importante para estos males sería el surgimiento de dirigentes políticos moderados que estén dispuestos a gobernar mediante compromisos con sus adversarios partidistas y que sean capaces de renovar la confianza de los estadounidenses en un gobierno que trabaje para el bien común. La tarea pendiente para todos es cómo romper el círculo vicioso de la polarización que genera intolerancia, rechazo y desconfianza entre las distintas comunidades de nuestra nación.

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