Trump y la ‘bomba’ que deja caer cada vez que le abren  los micrófonos: la incertidumbre también es un poder

Trump y la ‘bomba’ que deja caer cada vez que le abren los micrófonos: la incertidumbre también es un poder

Incertidumbre

No solo informan, sus palabras. Sino que nos sitúan. Y cuando esas palabras afectan el devenir de todos, nos importa lo que ellas dicen más allá de lo que dicen. En este caso amenazan. Trump, como es frecuente, no expresa la posición institucional de su cargo, o la expresión ejecutiva de su nación. No es su tendencia. Nos lo ha dicho muchas veces: la política tradicional le parece un estorbo. Y por esa idea, por la antipolítica, le eligió casi de la mitad de Estados Unidos hace casi cuatro años, los votos necesarios para hacerle Presidente.
Y no se equivocaron: Trump ha hecho lo que prometió. Conducirse como él concibe lo suyo: lo primero es lo propio, y si alguien osa dudarlo, actuamos. O decimos que actuamos. Puede que tenga la razón o no, lo que casi nunca media es el procedimiento.
Es la manera en que trata a sus adversarios políticos, a sus pares europeos, a las multinacionales que no le simpatizan porque le norman: sus palabras y acciones persiguen que su audiencia le sienta fuerte. Así fue con la OTAN, con los mexicanos, con el exalcalde londinense. Casualmente su oponente siempre se encuentra en desventaja. Pero eso es harina de otro costal.
En este caso es China y la palabra. El verbo. Trump lo anuncia sin decirlo: esto es una amenaza. No va de lo que sea legal o legítimo, sino de convertirlo en un careo: si yo descubro que me hiciste trampa, tendrás consecuencias. Y, vamos, esa es la lógica de la ley, sin ser personalizada.
Los países y los colectivos tienen normas de procedimiento para sancionarse o advertirse. Trump, en cambio, usa su propia persona, su propia boca y el poder que está a su alcance: “Si sabían lo que estaba pasando, tendrán consecuencias”.

¿Cómo se determinará eso?

Cuáles son esas consecuencias? La incertidumbre también es un poder. Te doy un castigo pero no lo estipulo abiertamente. Ese vacío, además, es un espacio de maniobra, para redimirse, acelerar o versionarse. Un espacio que se convierte en otro ejercicio de poder: tú dependerás de lo que digo y de lo que no he dicho aún.
Ya en el pasado reciente venía sucediendo. Trump habría sido muy considerado con el poder chino desde la campaña electoral e incluso durante las negociaciones comerciales. Pero desde que cayeron en desgracia ante los ojos de Occidente, algo cambió. Primero pasó días y días hablando del “virus chino”.
Ahora estas declaraciones, el pasado sábado, desde la Casa Blanca. El presidente estadounidense las espeta en medio de su ya habitual alocución para informar sobre el status de la pandemia y las medidas referentes a ella. Es una reunión en la que Trump abre los micrófonos y puede terminar hablando de cualquier tema y de cualquier manera. Esta vez el blanco fue el gobierno chino. Y el estudio de una presunción gravísima, de Estado, que podría afectar todo el balance político y económico global, pero convertido en amenaza. La idea de que las autoridades chinas tenían conciencia temprana de la explosión de la pandemia, y decidieron ocultarla primero e informarla tardía y escuetamente luego.

Sensación de control

La sola hipótesis es, además de escandalosa, una bomba potencial para lo que han sido las relaciones entre China y Occidente en las últimas décadas. Lo esperable sería que las instituciones, las élites, los gobernantes, investigaran, estudiaran acciones, calcularan sus efectos.
Pero no es el caso, una vez más. Toda esa complejidad se simplifica, en dos oraciones, en la amenaza de un hombre, más allá de su cargo y de su legitimidad representativa. Coinciden los principios elementales de la psicología en que el que amenaza tiene la necesidad de producir miedo. Pues el miedo produce en quien amenaza la sensación de control. Estamos pues frente a un aparente ejercicio de fortaleza, que esconde un hombre que necesita buscar control.
La política, la ley, la salud, las relaciones internacionales son, en esa medida, siempre el mismo careo bajo el liderazgo de Trump: si las cosas no son como me parece, utilizaré mi poder. Después vemos las consecuencias.
Maneras de proceder, actitudes, valores y proceder psicológico que están siempre presentes en las declaraciones que parecen inofensivas de algunos líderes. Modos que, por cierto, han sido apoyados por millones.

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