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UN CONTROL POLEMICO: Alumnos en la Mira del Antidoping

¿Te gustaría que a tus hijos les hicieran análisis sorpresa en la escuela para detectar si consumen drogas? ¿Piensas que este es el método para luchar contra las adicciones o que es una invasión a la privacidad? Pues el Gobierno y algunos colegios creen que este tipo de controles harán mucho por reducir la popularidad de las drogas entre los estudiantes, que crece de forma alarmante. Aunque no existen estadísticas definitivas, la American Psychological Association (Asociación Americana de Psicología) dice que la mitad de los escolares ya ha probado sustancias ilegales.

¿Medida efectiva o anticonstitucional?

Estados como Nueva Jersey o Nuevo México ya proyectan implementar las pruebas en sus escuelas estatales, y un colegio privado de Missouri dice que empezará a analizar orina o mechones de cabello para detectar si los chicos se drogan, y en caso positivo, insertarlos en un programa de ayuda. El alumno que reincida, podrá ser expulsado del establecimiento.

Es que las estadísticas, aunque no sean exactas, son estremecedoras: el Nacional Center of Education Statistics (Centro Nacional de Estadísticas de Educación) indica que el 25 por ciento de los estudiantes que están entre el noveno y el doceavo grado usan marihuana de forma regular. Es decir, algunos incluso asisten a clase drogados.

¿Medida anticonstitucional? Para la Casa Blanca y la Suprema Corte, los análisis no violan ninguna ley, pero algunas asociaciones civiles han puesto el grito en el cielo. En el 2002, la Suprema Corte autorizó a los centros educativos para que hicieran este tipo de pruebas, respaldadas por el presidente George Bush.

“La Corte reconoce el derecho a la privacidad individual, pero dice que la escuela también debe garantizar actividades libres de droga”, explica Frank D. Uryasz, directivo de una compañía que realiza este tipo de análisis en las escuelas que lo soliciten. “La Corte especifica que el colegio tiene el deber de proteger la salud de los estudiantes y la integridad de los atletas”, dice.

La idea ha desatado una polémica entre los que defienden el derecho a la privacidad y los que dicen que las pruebas sorpresa son el único método efectivo para atajar una tendencia que crece, sobre todo entre los chicos que por no quedar mal con sus compañeros terminan probando sustancias ilegales.

La pelea está lejos de acabar, ya que ambos bandos tienen argumentos válidos. Según la American Civil Liberties Union (ACLU, Unión Americana para las Libertades Civiles), hacer pruebas sorpresa a los estudiantes va contra la Constitución de los Estados Unidos, ya que viola la Cuarta Enmienda.

“Lo que está en juego con este proyecto es nada más y nada menos que la privacidad de 24 millones de estudiantes de las escuelas públicas, que estarán sujetos a pruebas innecesarias e intrusivas”, aseguró en una rueda de prensa Graham Boyd, Director del Drug Policy Litigation Project de ACLU. Para Boyd, esa medida abrirá las puertas al Gobierno para meterse en archivos privados como historias clínicas, información financiera y otros datos personales de los ciudadanos.

Pero otros especialistas dicen que la privacidad no es nada comparada con el daño que producen las adicciones.

“Las estadísticas demuestran que el abuso de drogas entre los adolescentes ha alcanzado proporciones epidémicas”, afirma el doctor en psicología Robert R. Butterworth, del International Trauma Associates. Lejos de la postura de la Unión Americana para las Libertades Civiles, Butterworth asegura que el control antidoping es un método drástico y muy efectivo para frenar la tendencia de los estudiantes a experimentar con sustancias que producen deterioros irreparables.

“Los controles antidoping no son la mejor forma de combatir las adicciones a las drogas entre los jóvenes”, asegura Jeff Rutstein, autor del libro The Steroid Deceit (El engaño de los esteroides) y ex abusador de esteroides (drogas para inflar los músculos).

Rutstein, quien libró una batalla para combatir su adicción, afirma que la escuela no puede reemplazar a los padres en cuestiones como el abuso de drogas. Para él, la fórmula es más sencilla que la de gastar dinero pruebas sorpresa: “más y mejor educación es lo que se necesita para contener este problema”.

Pero Bruce R. Talbot, experto y consultor en temas de abuso de drogas entre jóvenes, dice que su experiencia le indica que las prueba sorpresa son un método eficaz para, sobre todo, reducir la presión de los compañeros que inducen a otros a probar drogas como modo de integrarse a un grupo.

“Las pruebas sorpresa son la mejor excusa para que los estudiantes digan no sin miedo y no se sientan presionados por sus compañeros”, explica. “Nos guste o no, y aunque se trate de una medida que no goza de simpatía, debemos admitir que las pruebas de droga sorpresa funcionan como inhibidor”, dice Butterworth. “Aquellos expertos en drogas y políticos que se oponen a las pruebas solo sugieren que tiremos millones de dólares de nuestros impuestos en campañas de prevención que han demostrado no ser efectivas”.

Guste o no, la medida comenzará a implementarse en un colegio privado de Missouri y a largo plazo podría extenderse a escuelas del Estado. Más allá de la polémica, todos los especialistas están de acuerdo en un punto fundamental: los padres son quienes deben estar atentos.

Si sus hijos no rinden en la escuela, si duermen demasiadas horas, tienen los ojos enrojecidos o se muestran inusualmente fatigados o irritables es hora de dialogar con ellos y aclararles que no serán más populares por seguir la corriente a sus compañeros. Y de exponerles claramente las graves consecuencias que ciertas sustancias pueden producir en el cerebro a largo plazo.

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