Una Vez Más! Con un Año Nuevo se nos da una nueva Oportunidad!

Y nos vuelven a dar otra oportunidad. Un año nuevo es para enmendar, corregir, replantear, volver a empezar. Es como un bello amanecer tras las pesadillas y tormentos de la noche anterior donde, después de dos tazas de café y leer el periódico, el monstruo de la noche se desvanece y vuelves a ver los problemas en su dimensión real.

Un nuevo ciclo es un alivio, además de que obedece a una ley de la naturaleza donde la característico es el reinicio y lo circular. La vida es una ilusión de progresión porque no es lineal, es más bien un conjunto de círculos, de comienzos y finales, donde al final suman un círculo mayor.

Tras el final regresamos al principio, morimos varias veces, de una manera u otra, y cada una de ellas volvemos a nacer. De la entropía emerge vida nueva y hasta el héroe eventualmente regresa a su hogar para su retiro.

El año nuevo es una excusa maravillosa para rectificar o reafirmar el rumbo porque les da a los líderes la ocasión de refrescar el discurso interno y revivir una narrativa de éxito. Algunos colaboradores podrán no entender los procesos administrativos o los esquemas financieros, pero todo mundo se puede conectar con una buena historia; y es responsabilidad del líder definirla y contarla durante todo el año.

Si pudiera resumir el trabajo de un líder diría que tiene dos elementos: 1. definir las prioridades (los tradeoffs) y 2. inspirar al equipo de trabajo a través de una narrativa predominante.

Los líderes efectivos son vendedores y apóstoles; agarran un tema y se lo pasan predicándolo de manera obsesiva-compulsiva. Entre el abultamiento de prioridades tiene que sobresalir lo relevante a través de redundancia y persistencia, “hasta en la sopa”. Difícilmente algo puede ser importante si está en la lista de las 10 cosas más importantes.

Es que hacer estrategia implica renuncia. Si no renuncias a otros rumbos estratégicos, si no tienes la habilidad de resaltar y apuntalar sólo uno o dos de ellos, entonces la organización se confunde, mal asigna recursos y diluye su contundencia.

Algunos otros conceptos a considerarse para el siguiente ciclo:

Datos duros vs. datos suaves.- Las métricas suaves hacia fuera de la empresa, tales como satisfacción del cliente y probabilidad de que nos recomiende con otros, atañen a la retención de clientes y al valor presente neto de los flujos recurrentes de sus clientes.

Las métricas suaves hacia dentro de la empresa, tales como la pasión en el trabajo y la calidad de las relaciones con los jefes, atañen al aseguramiento de talento: la gente renuncia a sus jefes (que juzga de: incompetentes, acomplejados, cerrados, con poca inteligencia intelectual/emocional, falta de “química”), más que renunciarle a la empresa.

No es que no sean importantes las cifras que miden la utilidad de un negocio o su balance general, sino que todas las empresas las han utilizado, durante casi 500 años desde que se inventó el cargo y el abono, por lo que difícilmente podrán dilucidar una ventaja competitiva.

Monoenfoque vs. multienfoque. Provocó un revuelo, aunque debería haber sido mayor, el estudio reciente entre compañías de las Fortune 500 que realizó la firma consultora Catalyst, donde demostraba que las empresas con mayor porcentaje de mujeres en la alta dirección eran más rentables.

Si solamente participan en las decisiones el mismo perfil de gente, hombres trajeados y de mediana edad, sus perspectivas tenderán a ser homogéneas y fácilmente pasarán por alto dimensiones más sutiles como las métricas suaves.

Considero que no solamente es una cuestión de género, sino de visiones complementarias. Fritjof Capra, un físico cuántico que le gusta combinar la ciencia con las corrientes espirituales de Oriente, propone que los Gobiernos deberían de constituirse no sólo por hombres economistas, políticos o abogados, sino incluir artistas, músicos, poetas y filósofos de ambos géneros.

Arguye Capra que los humanos somos multidimensionales y es contradictorio que las políticas se rijan con un criterio unidimensional. Alguna reflexión nos debería de quedar para el ámbito empresarial, sobre todo cuando se refiere a la Economía de Experiencias, donde es el consumidor el que determina el valor final de la propuesta de valor basándose en la síntesis psicológica, emocional y racional, de su interacción con la empresa.

Tácticas vs. Estrategia. Una táctica se centra en los cómo, en la eficiencia operativa, mientras que una estrategia se centra en el qué, en la eficacia del modelo de negocio. Pregúntale a un grupo de directores, por separado, cuál es la estrategia central del negocio y verás que las respuestas suelen ser magistralmente diversas.

El negocio, la entidad, suele manejar a los directores y no al revés. La inercia, el “qué se ofrece”, determina la actividad diaria del ejecutivo y lo urgente acaba por comerse a lo importante.

Adentro vs. afuera.- Las grandes historias de éxito y de fracaso en el mundo empresarial se explican por el grado de sintonía que mantiene la empresa con el mercado. El líder encerrado en su torre de marfil que no tiene un sistema vivo, equivalente a un sistema nervioso central, que se conecte con clientes, prospectos y personal de diversos niveles, correrá el riesgo de perderse en la dinámica de cambio.

Viejo vs. joven.- Los jóvenes están más cerca del futuro que los viejos. Como la estrategia es una perspectiva hacia el futuro el joven tiene que estar involucrado, de alguna manera, en el proceso de generación de estrategia, no necesariamente en el de implementación. Lo viejo no sólo está lejos del futuro, sino que es sinónimo de inflexibilidad y rigidez, mientras que el mundo demanda cada vez más adaptación e innovación.

Año nuevo, vida nueva.

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