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La Obra De Un Artista Boliviano Fue Rescatada De Un Basurero Y Hoy Llega A Grandes Museos

La Obra De Un Artista Boliviano Fue Rescatada De Un Basurero Y Hoy Llega A Grandes Museos

Durante décadas, una parte importante de la obra del artista boliviano Alejandro Mario Yllanes permaneció prácticamente olvidada en Estados Unidos. Algunas pinturas estuvieron almacenadas durante años, otras pasaron de mano en mano por precios relativamente modestos y, según varios testimonios, una colección de sus trabajos llegó incluso a ser recuperada de un basurero frente a un edificio de Manhattan.

Casi medio siglo después, la historia cambió por completo. Museos importantes de Estados Unidos y América Latina están adquiriendo pinturas, grabados y dibujos de Yllanes, un artista aymara que retrató la vida indígena, denunció abusos políticos y recibió en su momento el respaldo de Diego Rivera. Una de sus obras más importantes, Lago Titicaca, realizada en 1935, acaba de incorporarse a la colección del Museo de Arte de Toledo, en Ohio.

La trayectoria de esa pintura resume buena parte del misterio que rodea al artista: pasó décadas fuera del circuito institucional hasta terminar en una colección donde será exhibida junto a nombres consagrados de la historia del arte.

Una Pintura De 1935 Que Reaparece Décadas Después

Lago Titicaca representa a un hombre aymara remando una embarcación de juncos sobre el lago, con la Isla del Sol y la cordillera de los Andes al fondo. El Museo de Arte de Toledo identifica la pieza como un óleo de 1935 de aproximadamente 176 por 240 centímetros, una obra monumental que posiblemente estuvo relacionada con los murales que Yllanes realizó durante su paso por la escuela indígena de Warisata, cerca del lago Titicaca.

Adam M. Levine, director del museo, conoció la pintura en una galería de Londres y quedó sorprendido por su calidad. La institución decidió comprarla en mayo de 2026 y planea colocarla en una de sus galerías principales cuando el museo reabra después de una renovación. El museo no reveló cuánto pagó por ella.

Su llegada a Toledo representa un cambio extraordinario para una pintura que durante décadas estuvo alejada de los principales museos y cuyo recorrido está relacionado con una colección que, según varios testigos, estuvo a punto de desaparecer entre la basura de Nueva York.

La Historia Del Basurero Tiene Versiones Diferentes

La parte más llamativa de la historia también es la más difícil de reconstruir completamente.

En 1978, un policía llamado Edward Ford y su esposa Teresa obtuvieron un conjunto de pinturas, grabados y documentos relacionados con Yllanes. Durante años circuló una versión según la cual Ford había heredado las obras de una mujer mayor a la que conocía durante sus rondas policiales.

Sin embargo, investigadores de procedencia no han encontrado hasta ahora el supuesto testamento que respaldaría esa explicación.

Otras personas que conocieron directamente a Ford ofrecieron una versión distinta. William Jenack, propietario de una casa de subastas que posteriormente vendió algunas obras de Yllanes, aseguró que Ford las había encontrado junto a un basurero. Nicholas Clemente, artista y diseñador que ayudó a investigar y exhibir la colección en los años 90, recordó que Ford le contó haber visto un tubo metálico lleno de obras enrolladas junto a la basura afuera de una residencia vinculada a Columbia University.

Según ese relato, el superintendente del edificio había conservado durante años pinturas, trabajos sobre papel y documentos esperando que alguien volviera a reclamarlos. Finalmente habría entregado la colección a Ford.

Por eso, afirmar que toda la obra fue simplemente “encontrada en la basura” sería una simplificación. Lo confirmado es que existen testimonios consistentes de personas cercanas a Ford que sitúan parte del conjunto junto a un basurero, aunque también permanece una versión anterior sobre una supuesta herencia que nunca ha sido documentada.

Quién Fue Alejandro Mario Yllanes

Yllanes nació en Oruro, Bolivia, en 1913, dentro de una familia aymara. Trabajó durante un periodo en las minas de estaño y comenzó estudios de derecho, aunque los abandonó para dedicarse al arte.

Su carrera estuvo estrechamente vinculada al indigenismo, movimiento artístico y cultural latinoamericano que colocó en el centro de la representación a las poblaciones indígenas, sus costumbres y las desigualdades que enfrentaban.

El Metropolitan Museum of Art describe a Yllanes como un artista boliviano poco conocido pero de considerable importancia. Sus pinturas y grabados abordaron temas como la subordinación de los pueblos indígenas, la violencia política y las consecuencias de conflictos como la Guerra del Chaco.

Yllanes no se limitó a representar ceremonias o paisajes andinos. Muchas de sus obras tenían un contenido político directo.

Una de ellas, la litografía 7 de Junio, de 1939, representa al entonces presidente boliviano Germán Busch rodeado por figuras encapuchadas mientras una de ellas apunta un arma contra su cabeza. La escena estaba relacionada con las medidas de Busch contra poderosos intereses mineros del país.

Exilio, Cárcel Y El Respaldo De Diego Rivera

La posición política de Yllanes tuvo consecuencias.

Según registros históricos recopilados por museos e investigadores, fue enviado al exilio interno en la región amazónica boliviana durante aproximadamente un año en la década de 1930. También relató haber sido encarcelado brevemente después de una exposición particularmente crítica.

Su carrera adquirió mayor dimensión internacional cuando viajó por América Latina y llegó a México.

En 1946 realizó una exposición individual en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México, y Diego Rivera escribió el texto introductorio del catálogo. Rivera elogió a Yllanes por haber soportado persecución, prisión y exilio debido al contenido revolucionario de su trabajo y pidió a los artistas mexicanos prestar atención a la obra del boliviano.

El vínculo con Rivera es importante porque muestra que Yllanes no era completamente desconocido durante su vida. Había alcanzado reconocimiento en círculos artísticos latinoamericanos antes de que prácticamente desapareciera del panorama internacional.

Llegó A Nueva York Y Después Su Historia Se Volvió Difusa

Yllanes se trasladó a Nueva York en 1947 junto a su esposa, María Frontaura Argandoña. Un año después recibió una beca Guggenheim de USD 2.500 para estudiar pintura e investigar culturas indígenas de Estados Unidos.

A partir de allí, su historia personal se vuelve mucho menos clara.

Documentos revisados por investigadores muestran que en 1950 vivía en el 419 West 115th Street, en un edificio perteneciente a Columbia University. Precisamente allí habría permanecido durante años parte de la colección que posteriormente pasó a manos de Ford.

Existen versiones contradictorias sobre los últimos años y la muerte del artista. Durante mucho tiempo se especuló que pudo haber regresado a América Latina. Sin embargo, una carta fechada en 1962 afirma que Yllanes había muerto en Nueva York pocos días antes. Otros registros sitúan su muerte aproximadamente en 1960. Hasta ahora, no existe una reconstrucción definitiva de lo ocurrido.

Ese vacío biográfico contribuyó a que su obra quedara fuera de buena parte de la historia del arte latinoamericano durante décadas.

De Miles De Dólares A Obras Vendidas Por Hasta USD 1,9 Millones

Después de que la colección llegara a manos de Edward Ford, gran parte permaneció almacenada durante unos 45 años, salvo algunas exposiciones y ventas ocasionales.

A comienzos de la década de 2000, varias pinturas fueron vendidas por aproximadamente USD 10.000 a USD 15.000 cada una a través de intermediarios. Una parte importante terminó en manos del coleccionista francés David Le Louarn.

Lago Titicaca siguió otro recorrido: pasó primero a un coleccionista de Rhinebeck, Nueva York, y Le Louarn la adquirió posteriormente en 2021.

El verdadero cambio comenzó cuando el coleccionista puso sus obras en manos de la galería Ben Elwes Fine Art, en Londres. La galería presentó en 2023 una exposición dedicada a las pinturas monumentales de Yllanes y despertó un interés inmediato entre museos y especialistas.

Desde entonces, cerca de dos decenas de piezas han sido adquiridas por instituciones, con precios que, según los galeristas, han oscilado entre USD 400.000 y USD 1,9 millones.

El Met, El MALBA Y Otros Museos Recuperan Su Obra

El redescubrimiento de Yllanes ya no depende únicamente del mercado privado.

El Metropolitan Museum of Art de Nueva York incorporó varias obras sobre papel del artista a partir de 2023. Su colección incluye autorretratos, litografías y trabajos vinculados con la violencia política y la vida indígena boliviana.

El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, MALBA, adquirió Tragedia del Pongo, de 1932, una pintura monumental dedicada a la explotación indígena, además de Wirakhocha Danzante, de 1941.

El Bowdoin College Museum of Art, en Maine, adquirió Estaño Maldito, de 1937, mientras el Frances Lehman Loeb Art Center de Vassar College sumó un autorretrato de Yllanes.

Ahora el Museo de Arte de Toledo incorpora Lago Titicaca, reforzando un proceso de recuperación institucional que hace apenas unos años parecía improbable.

Una Historia Sobre Quién Decide Qué Arte Se Recuerda

El interés actual por Yllanes también está llevando a historiadores a reconsiderar su lugar dentro del arte latinoamericano del siglo XX.

Sus pinturas combinan denuncia política, identidad aymara, escenas de trabajo y rituales andinos con una escala monumental que durante décadas permaneció prácticamente invisible para las principales instituciones internacionales.

La historia de Lago Titicaca resume esa contradicción. Una obra creada en Bolivia en 1935, asociada con un artista respaldado por Diego Rivera, terminó durante décadas fuera de los museos y, según los testimonios disponibles, formó parte de un conjunto que estuvo junto a un basurero en Manhattan.

Hoy esa misma pintura pertenece al Museo de Arte de Toledo y será exhibida dentro de una colección que incluye algunos de los nombres más reconocidos del arte occidental.

El misterio sobre los últimos años de Alejandro Mario Yllanes todavía no está resuelto, y tampoco existe certeza absoluta sobre cada paso que siguió su colección después de quedar abandonada en Nueva York. Lo que sí está claro es que su obra sobrevivió al olvido y que, casi un siglo después de haber sido creada, los grandes museos finalmente están reconstruyendo el lugar que el artista boliviano ocupó dentro del arte latinoamericano.

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