Por Qué Hablar Con Perros Y Gatos Puede Estar Relacionado Con La Empatía Y El Bienestar Emocional
Preguntarle al perro si quiere salir, felicitarlo cuando hace algo bien, contarle al gato cómo fue el día o mantener con él una conversación que claramente no tendrá una respuesta en palabras puede parecer una conducta cotidiana sin demasiada importancia. Para un grupo de investigadores de la Universidad de Arizona, sin embargo, esas pequeñas conversaciones pueden ofrecer una ventana extraordinariamente detallada hacia la relación que los seres humanos construyen con los animales que viven a su lado.
Un estudio publicado en 2026 en la revista científica Frontiers in Psychiatry desarrolló un nuevo sistema para analizar de manera objetiva cómo las personas hablan con perros y gatos durante su vida diaria. Los científicos descubrieron que, cuando las mascotas estaban presentes, hablarles era extremadamente común y que existían enormes diferencias entre una persona y otra: algunos utilizaban apodos constantemente, otros hacían preguntas, daban órdenes, cambiaban el tono de voz o conversaban con sus animales prácticamente como si se tratara de otra persona.
Uno de los datos más llamativos fue que aproximadamente una décima parte de todo el tiempo que los participantes pasaban hablando estaba dirigida a sus mascotas. Para los investigadores, esa frecuencia ayuda a dimensionar el lugar que perros y gatos pueden ocupar dentro de la vida social y emocional de muchas personas.
El estudio no concluyó que hablar con un animal haga automáticamente a alguien más empático o que mejore directamente su salud mental. Su importancia está en otro punto: hasta ahora, buena parte de las investigaciones sobre el vínculo entre mascotas y bienestar dependían de cuestionarios en los que las personas debían recordar o describir cómo interactuaban con sus animales. El nuevo método permite escuchar fragmentos de esas interacciones mientras ocurren realmente y estudiar diferencias que antes eran difíciles de medir.
Esa información podría ayudar a explicar una pregunta que lleva años generando resultados contradictorios en la ciencia: ¿por qué convivir con un animal parece mejorar considerablemente la vida emocional de algunas personas mientras en otras el efecto es mucho menor?
Escuchar La Vida Cotidiana En Lugar De Preguntar Después
El trabajo fue realizado por investigadores del College of Veterinary Medicine y del Departamento de Psicología de la Universidad de Arizona. El equipo, encabezado por la investigadora Dara Jonkoski y con Emily Bray como autora principal sénior, desarrolló un sistema denominado AURAL-Pet, creado específicamente para identificar y clasificar distintos tipos de interacción verbal entre seres humanos y animales de compañía.
Para conseguirlo utilizaron grabaciones recogidas mediante el Electronically Activated Recorder, conocido como EAR, una herramienta desarrollada previamente por el psicólogo Matthias Mehl. La aplicación funciona realizando pequeñas grabaciones ambientales de forma intermitente durante el día, lo que permite obtener muestras de la conducta cotidiana sin depender únicamente de lo que una persona recuerda posteriormente.
Los investigadores aplicaron el nuevo sistema a cuatro conjuntos de datos obtenidos en estudios anteriores. En total analizaron 5.072 fragmentos de audio en los que había evidencia de la presencia de una mascota, pertenecientes a 240 participantes de diferentes edades y géneros.
Las grabaciones tenían apenas unos segundos de duración y habían sido obtenidas mientras las personas continuaban con sus actividades habituales. En lugar de llevar a los participantes a un laboratorio para pedirles que interactuaran con un perro o un gato, los investigadores podían escuchar pequeños fragmentos de lo que realmente ocurría en el hogar, durante un paseo o en otros espacios cotidianos.
Ese detalle es fundamental. Una persona puede responder en un cuestionario que considera a su perro como parte de la familia, pero las grabaciones permiten observar cómo se manifiesta esa relación cuando nadie le está preguntando directamente por ella.
Qué Analiza Exactamente AURAL-Pet
Los investigadores terminaron construyendo un sistema compuesto por 30 variables, diseñadas para registrar desde las actividades realizadas con la mascota hasta el contenido y la forma de las conversaciones.
El sistema identifica, por ejemplo, si la persona está jugando con el animal, paseándolo, alimentándolo o realizando alguna otra actividad específicamente dirigida a él. También registra si habla sobre la mascota con otras personas o si se dirige directamente al animal.
Dentro de esas conversaciones, los investigadores pueden distinguir entre expresiones relacionadas con necesidades básicas —como comida, agua, paseos o comportamiento— y comentarios en los que la persona habla con el animal como si fuera un interlocutor humano.
Aquí aparecen conversaciones que van mucho más allá de “siéntate” o “vamos a comer”. Una persona puede contarle al perro algo que ocurrió durante el día, hacerle una pregunta cuya respuesta verbal evidentemente no espera, interpretar qué cree que está pensando o expresarle ideas complejas que el animal no puede comprender literalmente.
AURAL-Pet también identifica órdenes, preguntas, evaluaciones positivas y negativas, frustración, cambios en el tono de voz, reducción del ritmo al hablar, modificación de las vocales, uso de apodos y referencias en las que la persona adopta un rol parental respecto a la mascota.
La intención no es decidir si una manera de hablar es mejor que otra. El objetivo es conseguir una imagen mucho más precisa de cómo son realmente las relaciones entre humanos y animales cuando se observan en la vida diaria.
Hablar Con La Mascota Resultó Ser Muy Común
En los fragmentos donde había una mascota presente, los participantes le hablaban directamente en promedio en alrededor del 63% de las muestras.
Más de la mitad de esas interacciones contenían lenguaje relacionado con el animal como tal: alimentación, salud, apariencia, comportamiento o actividades cotidianas. Sin embargo, aproximadamente el 18% incluía conversaciones en las que la persona trataba a la mascota como un sustituto de un interlocutor humano, utilizando ideas o comentarios que iban más allá de sus necesidades básicas.
Las órdenes aparecieron aproximadamente en una cuarta parte de las muestras con mascotas presentes, mientras las preguntas estuvieron cerca del 19%. También se detectaron cambios característicos en la forma de hablar: alrededor del 27% de las interacciones contenían algún tipo de registro vocal dirigido específicamente a la mascota, como elevar o modificar el tono, hablar más lentamente o exagerar determinados sonidos.
Los apodos cariñosos también aparecieron, aunque con una gran variación individual. Algunos participantes los utilizaban prácticamente cada vez que hablaban con su animal y otros no los empleaban nunca.
Esa diversidad terminó convirtiéndose en uno de los hallazgos más interesantes del estudio.
No Todos Hablamos Igual Con Nuestros Animales
Los investigadores descubrieron diferencias enormes entre las personas. No existe una única forma de “hablarle a una mascota”.
Alguien puede mantener largas conversaciones con su perro, mientras otra persona apenas utiliza comandos breves. Un propietario puede hacer preguntas constantemente a su gato y otro limitarse a hablar cuando necesita alimentarlo. Algunos modifican notablemente el tono de voz cuando se dirigen al animal; otros utilizan prácticamente la misma voz con la que hablarían con cualquier adulto.
Para Emily Bray, esta variación podría ser una de las claves para entender por qué los estudios sobre mascotas y bienestar producen resultados tan diferentes.
La investigación científica lleva años intentando determinar si tener un perro o un gato reduce la soledad, la depresión o el estrés. Algunos trabajos encuentran beneficios considerables, mientras otros detectan efectos pequeños o inexistentes.
Una posible explicación es que la categoría “tener una mascota” agrupa relaciones completamente diferentes.
Dos personas pueden vivir con un perro, pero la calidad y profundidad de esos vínculos pueden no parecerse en absoluto.
Tener Una Mascota No Es Lo Mismo Que Tener Un Vínculo Con Ella
Esa distinción es importante porque muchas investigaciones anteriores se han limitado a comparar personas con mascotas y personas sin ellas.
Pero poseer un animal dice poco sobre cómo se desarrolla realmente esa relación.
Para alguien, el perro puede ser principalmente un animal que vive en el patio y recibe alimento dos veces al día. Para otra persona, puede acompañarla durante sus caminatas, dormir cerca de ella, participar en sus rutinas y convertirse en el receptor de conversaciones íntimas cuando está preocupada o sola.
Ambas aparecerían en una investigación tradicional bajo la misma categoría: propietarios de mascotas.
AURAL-Pet permite empezar a separar esas experiencias.
Los investigadores esperan que estudios posteriores puedan determinar si determinados patrones —como hablar con frecuencia, utilizar lenguaje afectivo, compartir actividades o tratar al animal como compañero social— están relacionados con diferencias medibles en bienestar psicológico.
Por ahora, esa relación todavía debe demostrarse.
Entonces, ¿Por Qué Hablar Con Un Animal Puede Sentirse Tan Bien?
Aunque el nuevo estudio no midió directamente los beneficios emocionales de esas conversaciones, otras investigaciones ayudan a explicar por qué las interacciones con animales pueden resultar reconfortantes.
Un estudio publicado también en 2026 analizó a 188 propietarios de perros y gatos mediante evaluaciones realizadas varias veces al día durante cinco jornadas. Los investigadores encontraron que los momentos en que las personas interactuaban con sus mascotas estaban asociados con mayor afecto positivo y menor afecto negativo, independientemente de si se trataba de perros o gatos.
Eso significa que, durante esos momentos, las personas reportaban emociones más positivas y menos emociones desagradables.
Sin embargo, los investigadores tampoco encontraron evidencia de que las mascotas funcionaran automáticamente como un escudo frente al estrés. La relación era más compleja y dependía de las circunstancias.
Ese matiz es importante: la ciencia no sostiene que acariciar o hablar con un perro elimine la ansiedad, la depresión o los problemas personales. Lo que sí muestra es que determinados momentos de interacción pueden acompañarse de cambios emocionales positivos.
Una Relación En La Que No Existe El Miedo Al Juicio
Una posible explicación está relacionada con la percepción de apoyo sin juicio.
Los seres humanos regulan buena parte de sus emociones mediante relaciones sociales. Hablar sobre una preocupación, sentirse acompañado o simplemente compartir un espacio con alguien puede modificar la experiencia emocional.
Los animales pueden cumplir parcialmente algunas de esas funciones sin participar en las complejidades habituales de una conversación humana.
Un perro no interrumpe para explicar por qué estamos equivocados. Un gato no divulgará un secreto. Tampoco existe la misma preocupación por la reputación, la vergüenza o el rechazo social.
Investigaciones de la propia Universidad de Arizona sobre relaciones entre humanos y animales han encontrado que, en determinadas situaciones de angustia, las personas pueden experimentar menos dolor psicológico cuando interactúan con mascotas. Los autores relacionan parte de ese efecto con la percepción de amor incondicional, entendido como una relación vista como menos crítica, interesada o posesiva.
Eso no significa que una mascota pueda sustituir el apoyo de familiares, amigos o profesionales. De hecho, en problemas que requieren consejos concretos o soluciones prácticas, las relaciones humanas continúan teniendo ventajas evidentes.
Hablar También Puede Ayudarnos A Organizar Lo Que Sentimos
Existe otra posibilidad: que parte del beneficio no dependa exclusivamente de lo que el animal entiende, sino de lo que ocurre en la persona mientras habla.
Expresar verbalmente una preocupación obliga a convertir emociones y pensamientos difusos en palabras. Aunque el receptor sea un perro o un gato, el proceso de formular una idea puede ayudar a organizarla.
Por eso resulta posible mantener una conversación aparentemente absurda desde el punto de vista lingüístico y, aun así, experimentar cierto alivio.
El animal no necesita comprender cada palabra para participar en el intercambio. Puede responder acercándose, moviendo la cola, mirando a la persona, vocalizando o buscando contacto físico.
Para el cerebro humano, esas respuestas pueden ser suficientes para que la interacción tenga una dimensión social.
Los Animales Sí Reconocen Aspectos De Nuestra Forma De Hablar
Hablar con una mascota tampoco significa necesariamente hablar completamente al vacío.
Estudios anteriores han demostrado que los perros pueden distinguir elementos del lenguaje humano y reaccionar de manera diferente dependiendo tanto de determinadas palabras como del tono con que son pronunciadas.
También existen investigaciones que muestran que los perros responden especialmente al denominado dog-directed speech, esa voz más aguda, lenta y expresiva que muchas personas utilizan espontáneamente cuando hablan con ellos.
Los gatos también pueden distinguir cuándo su propietario utiliza una forma de hablar dirigida específicamente hacia ellos frente a la voz utilizada en conversaciones con otros adultos.
Eso no significa que perros o gatos comprendan conversaciones complejas del mismo modo que una persona. Significa que pueden detectar patrones, voces, sonidos, entonaciones, palabras asociadas con determinadas situaciones y señales emocionales.
La comunicación, por lo tanto, no depende exclusivamente del significado literal de cada frase.
¿Y Qué Tiene Que Ver Todo Esto Con La Empatía?
La relación entre animales y empatía es otro campo que ha generado creciente interés científico.
Un metaanálisis que reunió 20 investigaciones y más de 4.100 participantes encontró una asociación positiva, aunque pequeña, entre la interacción humano-animal y medidas de empatía y comportamiento prosocial.
Otros trabajos han observado que las personas con experiencia conviviendo con mascotas pueden mostrar una mayor sensibilidad frente a señales de sufrimiento animal.
Un estudio sobre vocalizaciones de perros y gatos encontró, por ejemplo, que propietarios actuales calificaban los sonidos de angustia de esos animales como más tristes que quienes no tenían mascotas. En el caso de los perros, parte de esa relación estaba explicada por mayores niveles de empatía hacia los animales.
Esto no permite afirmar que hablar diariamente con un perro convierta automáticamente a una persona en alguien más empático.
La relación puede funcionar en ambas direcciones: personas naturalmente más empáticas pueden establecer vínculos más intensos con animales y, al mismo tiempo, una convivencia prolongada puede ofrecer oportunidades para practicar atención, interpretación de señales no verbales y cuidado de otro ser vivo.
Aprender A Interpretar A Alguien Que No Habla Nuestro Idioma
Vivir con un animal exige prestar atención a señales diferentes de las palabras.
Hay que aprender qué significa determinada postura corporal, cuándo un gato quiere estar solo, cómo cambia la mirada de un perro cuando está incómodo o qué sonidos utiliza para pedir algo.
Ese esfuerzo constante de interpretación puede parecer relacionado con procesos de empatía porque exige intentar comprender el estado interno de otro ser a partir de señales limitadas.
AURAL-Pet incluso incluye una categoría denominada “mind reading”, o lectura de la mente, para identificar ocasiones en que una persona atribuye pensamientos o intenciones a su mascota.
Eso puede producir errores —los seres humanos también proyectamos nuestras emociones sobre los animales—, pero muestra hasta qué punto muchas relaciones con mascotas están construidas alrededor del intento de comprender qué necesita o siente otro ser.
El Riesgo De Humanizar Demasiado A Los Animales
Los investigadores también advierten implícitamente sobre un límite importante: tratar a un perro o gato como interlocutor social no significa que tenga necesidades humanas.
La antropomorfización, es decir, atribuir características humanas a los animales, puede ayudar a fortalecer el vínculo, pero también puede llevar a interpretar incorrectamente su comportamiento.
Un gato que evita el contacto no necesariamente está “enojado”. Un perro que destruye objetos cuando queda solo tampoco lo hace necesariamente por “venganza”.
Comprender el lenguaje corporal y las necesidades propias de cada especie sigue siendo esencial.
Hablarles puede ser una parte enriquecedora del vínculo siempre que no sustituya la atención a lo que el animal realmente comunica mediante su conducta.
Lo Que El Estudio Todavía No Puede Decir
Los propios autores de la Universidad de Arizona son cuidadosos con sus conclusiones.
El estudio fue diseñado para desarrollar y validar una herramienta de medición, no para demostrar que determinados tipos de conversación producen mejor salud mental.
Los investigadores no evaluaron en este trabajo si las personas que utilizaban más apodos eran más felices, si quienes mantenían conversaciones largas tenían menos depresión o si hablar con la mascota reducía la soledad.
Esas son precisamente algunas de las preguntas que AURAL-Pet podría ayudar a responder en futuras investigaciones.
También existen limitaciones metodológicas. Los científicos trabajaron con fragmentos de audio de apenas 30 o 50 segundos, por lo que algunas conversaciones podían quedar incompletas. Además, como las grabaciones no incluían video, en ocasiones era difícil distinguir determinados aspectos de la interacción.
El sistema fue desarrollado utilizando conversaciones en inglés con perros y gatos, por lo que deberá comprobarse su funcionamiento en otros idiomas, culturas y especies.
Incluso los investigadores fueron cautelosos con el término “propietarios”: debido a que utilizaron grabaciones archivadas, no siempre podían verificar que el animal presente perteneciera realmente al participante.
Por Qué Este Método Puede Cambiar La Investigación Sobre Mascotas
Hasta ahora, una pregunta habitual en este campo podía ser: “¿Qué tan unido se siente a su mascota?”.
AURAL-Pet permite formular preguntas mucho más específicas.
¿Cuánto le habla realmente? ¿Le hace preguntas? ¿Cambia la voz cuando se dirige a ella? ¿Utiliza apodos? ¿Habla con el animal cuando está solo? ¿Le cuenta cosas que normalmente contaría a otra persona? ¿Lo incluye en sus conversaciones familiares? ¿Cómo cambia ese comportamiento durante periodos de estrés, soledad o enfermedad?
Esas diferencias podrían resultar más útiles que simplemente saber si alguien tiene un perro o un gato.
La intención de los investigadores es utilizar el sistema para relacionar en el futuro los estilos reales de interacción con indicadores de salud y bienestar tanto de los humanos como de los propios animales.
Tal Vez Lo Importante No Sea Simplemente Tener Una Mascota
La investigación deja una idea especialmente interesante: cuando se estudia el efecto de los animales sobre nuestra vida emocional, quizá la pregunta más importante no sea únicamente si una persona tiene una mascota.
Puede ser necesario preguntar qué tipo de relación tiene con ella.
Hablarle, escuchar sus sonidos, interpretar su comportamiento, compartir rutinas y dirigirle expresiones de afecto forman parte de una relación social particular que millones de personas incorporan todos los días sin detenerse demasiado a pensar en ella.
El nuevo método de la Universidad de Arizona permite empezar a estudiar científicamente esas pequeñas escenas domésticas.
Por ahora, la evidencia no permite decir que mantener conversaciones con un perro o un gato haga automáticamente a alguien más empático o emocionalmente saludable. Sí existen estudios que relacionan la interacción con mascotas con emociones positivas, apoyo social y una pequeña asociación con empatía y conductas prosociales.
Y ahora los científicos cuentan con una herramienta para investigar algo mucho más difícil de medir: qué ocurre realmente entre una persona y su animal durante todas esas conversaciones aparentemente de una sola dirección que forman parte de la vida cotidiana.
