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Bad Bunny Lleva El Español Y Puerto Rico Al Centro Del Super Bowl LX

El domingo 8 de febrero de 2026, Bad Bunny encabezó el show de medio tiempo del Super Bowl LX en el Levi’s Stadium, con una presentación que rompió la lógica tradicional del evento. No fue un show diseñado para “gustar a todos”, sino una apuesta clara por el español, por Puerto Rico y por la historia de la música urbana latina, en el escenario más visto del entretenimiento estadounidense.

La NFL llevaba años tanteando este terreno, pero nunca había ido tan lejos. Por primera vez, el medio tiempo estuvo dominado casi por completo por canciones en español, referencias directas al reguetón clásico y una narrativa visual centrada en la identidad caribeña, sin traducciones ni adaptaciones forzadas para el público angloparlante.

Un Escenario Que Parecía Un Barrio, No Un Estadio

Desde el inicio, la puesta en escena dejó claro el tono del show. El campo se transformó en una recreación estilizada de un barrio puertorriqueño: casas bajas, mesas de dominó, vendedores ambulantes, cañaverales y una estética que remitía más a la calle que al espectáculo de estadio.

Bad Bunny apareció caminando por el emparrillado con un balón de fútbol americano en las manos, vestido de manera sobria, mientras avanzaba entre lo que parecía vegetación alta y que luego se reveló como un cuerpo de baile camuflado. No hubo fuegos artificiales inmediatos ni explosiones visuales: el foco estuvo en el ambiente, en la imagen y en el mensaje.

La cámara acompañó el ritmo del show sin el frenesí habitual del Super Bowl, permitiendo que el público entendiera lo que estaba viendo. No era solo una coreografía: era una escena pensada para contar algo.

Canciones, Reguetón Clásico Y Memoria Musical

El repertorio fue un medley de poco más de doce minutos, construido con intención. Arrancó con “Tití Me Preguntó”, uno de los temas más reconocibles de su carrera, y fue avanzando entre canciones recientes de su etapa más introspectiva —incluidos fragmentos de Debí Tirar Más Fotos, álbum con el que había ganado el Grammy días antes— y transiciones que miraban hacia atrás.

Los guiños al reguetón clásico no fueron anecdóticos. Fragmentos de temas asociados a Tego Calderón, Don Omar y Daddy Yankee aparecieron como reconocimiento explícito a una generación que construyó el género cuando aún era marginal y criminalizado.

El mensaje fue claro: el reguetón no llegó al Super Bowl por moda, llegó por historia. Bad Bunny no se presentó como una excepción, sino como parte de una línea continua de artistas latinos que empujaron el género hasta hacerlo global.

Invitados Sorpresa Y Momentos Comentados

Bad Bunny y Lady Gaga actúan durante el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX de la NFL, disputado entre los New England Patriots y los Seattle Seahawks, en una imagen captada por Matt Slocum para Associated Press.

El show incluyó apariciones de alto impacto, pero siempre subordinadas a la narrativa principal. Lady Gaga apareció para interpretar una versión con sabor latino de uno de sus temas, sin desplazar el eje del espectáculo. Ricky Martin sumó un momento cargado de simbolismo, conectando el pop latino de los noventa con la era urbana actual.

Hubo también cameos de figuras del cine y la música en pantallas y planos breves, reforzando la sensación de evento cultural global. Uno de los momentos más comentados fue cuando las pantallas mostraron la frase “The only thing more powerful than hate is love”, sin discursos largos ni arengas directas, pero con un mensaje claro en el contexto político actual.

Reacción Política Y Debate Cultural

La respuesta no tardó en llegar. El presidente Donald Trump calificó el espectáculo como “uno de los peores de la historia” y criticó que fuera mayoritariamente en español, comentarios que avivaron el debate cultural en redes y medios.

Desde la NFL, la defensa fue inmediata: el comisionado recordó que Bad Bunny es uno de los artistas más influyentes del mundo y que el show responde a la expansión internacional de la liga. Para muchos analistas de cultura urbana, la polémica confirmó el punto central del espectáculo: el español y la cultura latina ya no piden espacio, lo ocupan.

Un Medio Tiempo Que No Buscó Complacer

El valor del show de Bad Bunny estuvo en su coherencia. No intentó diluir su identidad para hacerla más “universal”, ni adaptó su repertorio para tranquilizar a una audiencia conservadora. Apostó por la especificidad: idioma, estética, historia y calle.

En un evento diseñado históricamente para el consenso, Bad Bunny eligió el riesgo. Y ese riesgo convirtió el medio tiempo del Super Bowl LX en algo más que un show: en una conversación cultural que sigue abierta mucho después de que se apagaron las luces del estadio.

Frank Gavidia Salas
Frank Gavidia Salas
Independent Journalist | Escritor enfocado en informar con propósito, conectar realidades y fomentar el diálogo en temas sociales, culturales y de actualidad.
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